EDITORIAL
diario El País

Los mismos errores

La izquierda dominada por el Frente Amplio y el Pit-Cnt subestimó durante años a Luis Lacalle Pou. Se referían a él como “Cuquito”, lo llamaban “Pompita” (una creación de Tabaré Vázquez), pronosticaban que un surfista que vivía en La Tahona nunca iba a gobernar este país.

 Mientras tanto, Lacalle Pou cambiaba la manera de oponerse a los gobiernos del Frente Amplio, creaba un aparato político de alcance nacional, se rodeaba de centenares de técnicos y tendía puentes hacia los demás partidos.

Lo más notable es que hacía todo eso de manera muy pública. Y no solo lo hacía, sino que lo explicaba y anunciaba cuáles serían sus siguientes pasos. Pero la izquierda no supo verlo. Ni siquiera lo percibió después del susto de 2014. Encerrada en su arrogancia, incapaz de construir acuerdos con nadie, adicta al discurso del desprecio y la descalificación, siguió ninguneando a Lacalle Pou hasta el día mismo en que Lacalle Pou les ganó.

Lo que hizo la izquierda tras ser desalojada del gobierno fue insistir en los mismos errores. Primero, intentó patéticamente convertir una derrota en victoria (Daniel Martínez golpeándose el pecho sin reconocer el resultado es un símbolo de muchas cosas malas). Inmediatamente después se puso a actuar como si tuviera pruebas concluyentes de que había asumido un gobierno de incapaces. Desde luego, no tenían ninguna prueba. Solo la ridícula convicción íntima de que solo ellos tienen derecho a gobernar, y que si ellos no gobiernan algo anda muy mal en el mundo y en la historia.

Fue entonces que empezó lo mejor. Lacalle Pou asumió el gobierno con gran solvencia y con notorio apoyo popular. Días después llegó la pandemia y su gobierno actuó con lucidez, temple y capacidad de acción. Desde entonces se ha convertido en un referente regional y mundial, no solo por su manejo de la crisis sanitaria sino porque también respeta las libertades, hace crecer la economía, reduce los delitos, hace obra pública, sostiene a la cultura y muchas cosas más.

Pero la izquierda sigue hablando como si todo estuviera mal. Y el resultado es una creciente brecha entre lo que dicen los dirigentes, los legisladores y la prensa de izquierda, y lo que dicen las encuestas y los analistas externos. Son dos dimensiones paralelas que cada vez tienen menos puntos en común.

El Frente Amplio sigue hablando como si todo estuviera mal. Y el resultado es una creciente brecha entre lo que dicen los dirigentes, los legisladores y la prensa de izquierda, y lo que dicen las encuestas y los analistas.

Pero la izquierda siempre tiene soluciones para esconder lo que no quiere ver. Y la solución actual consiste en decir que solo se trata de buena comunicación. No es que el gobierno haga bien las cosas, no es que el país tenga un presidente con talla de estadista, no es que haya resultados objetivos alentadores. Todo es puro marketing. Así como antes llamaban “Pompita” al hombre que los derrotó, ahora no hablan del gobierno sino de “la agencia de publicidad”. Y de paso, como cada vez que pierden, tratan a la gente de idiota y manipulable.

En esta nueva voltereta se esconde, por cierto, algo de verdad. Luis Lacalle Pou es un fantástico comunicador político. Pero eso no es algo que se le agregue desde afuera, sino parte de lo que lo convierte en una figura mayor de nuestra historia democrática. Porque una de las cualidades que debe tener un gran gobernante es la capacidad de comunicarse con su pueblo. Y Lacalle Pou lo hace hoy como no consigue hacerlo ningún dirigente de la izquierda.

La fecha histórica en este sentido fue el 23 de marzo de 2020, cuando, en apenas 30 segundos, Lacalle Pou aniquiló la ofensiva de la izquierda a favor de un confinamiento total.

La célebre frase acerca de si estamos dispuestos a llevar detenido a un uruguayo que salió a buscar el peso destruyó esa intentona, pero hizo mucho más que eso: hizo polvo la pretensión de la izquierda de ser expresión de los deseos y necesidades populares. En esos treinta segundos, Lacalle Pou les arrebató esa bandera, que podría ser injustificada pero les había dado muchos réditos. Desde entonces (y tal como lo muestran las encuestas) los uruguayos tienen claro que quien expresa el sentir popular es el presidente.

La izquierda sigue actuando como si nada de esto ocurriera. Y así va construyendo su propio debilitamiento. Cuando salga derrotada en el referéndum que impulsó contra la LUC (como va a ocurrir), habrá perdido su cuarta consulta popular consecutiva: octubre de 2019, noviembre de 2019, setiembre 2020 (elecciones departamentales) y marzo de 2022.

Pero aun así seguirá intentando convertir sus derrotas en victorias, sin hacer nunca la autocrítica que dicen haber hecho pero no hicieron. Que sigan así.

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