EDITORIAL
diario El País

El equilibrista

Si algo hay que reconocer a Daniel Martínez es su franqueza, cercana a veces al sincericidio.

En un debate clave de la campaña presidencial, arrinconado por Lacalle Pou ante la evidencia de que el programa de gobierno del FA contenía la peculiar promesa de aumentar impuestos, Martínez no dudó en afirmar que ese programa no pasaba de ser una mera sugerencia que él no se vería obligado a cumplir a rajatabla. Obviamente el comentario le generó un buen lío interno, que surfeó como pudo en lo que restaba de la campaña.

Luego de la derrota, vinieron las idas y vueltas sobre su aceptación de la candidatura, mostrándose siempre transparente en su propia ambigüedad. Más tarde, autoelogios desafortunados, como cuando informó a la prensa que tenía el brazo acalambrado de tanto pelar papas en ollas populares, aclarando contradictoriamente que no lo había hecho para alardear… Y confesiones escasamente persuasivas, como que el estrés le produce pérdidas de memoria.

En fin, el somero resumen viene a cuento porque en la edición de ayer del semanario Búsqueda, Martínez se despacha contra muchas cosas, en uso pleno de esa sinceridad exasperada.

“Las estructuras pesan y en esta interna, por las características que han tenido, pesan más”, reconoce el candidato, embretado entre el aparato del Partido Comunista que apoya a Cosse y el del MPP que sostiene a Villar. Fundamenta que su triunfo es necesario, porque “ayudaría a los equilibrios del Frente Amplio” para “sintetizar las diferentes posiciones sin que nadie avasalle a nadie”.

Lo dice nada menos quien fue avasallado por su propio partido, el socialista, que le dio la espalda y se inclinó por la candidatura de Cosse.

Único representante de la ya muy endeble ala socialdemócrata del FA, (aunque esto no le impide usar el ramplón discurso de “neoliberales contra solidarios”), Martínez se encuentra en minoría dentro de una coalición de izquierda que ha dejado de seducir a las mayorías nacionales por errores propios, y que ahora intenta reagruparse a la sombra de un radicalismo sesentista. Si en ese contexto realmente quiere reinstalar una izquierda moderna y republicana, la tendrá más que difícil. En la muy improbable hipótesis de que resulte el candidato más votado del FA el próximo domingo 27, representará apenas la mayoría relativa de una interna definida por tercios, donde comunistas, maduristas y tupamaros tendrán un enorme peso electoral y, como tal, impondrán sus siempre desmesuradas e irresponsables condiciones. Cuando habla de equilibrios, describe en forma involuntaria su actual posicionamiento político: el de un aspirante a intendente que deberá hacer equilibrismo entre dos fuerzas radicalizadas de alta capacidad de movilización, más que experimentadas en utilizar el aparato del Estado para alcanzar sus objetivos antiliberales.

Martínez es plenamente consciente de que lo único que logrará será cederle sus votos para que Cosse lo suceda, perpetuando una práctica política contradictoria con esa austeridad que él dice defender.

Por eso no puede abjurar del parrafito estalinista de la primera página del programa, que lo convoca a enfrentar desde la Intendencia al gobierno nacional, supuestamente defensor de las clases dominantes, la rosca oligarca y bla bla bla. Por eso habla de austeridad pero no puede denunciar fuerte y claro los deleznables despilfarros de su competidora Cosse, como presidenta de Antel y ministra. Es plenamente consciente de que lo único que logrará será cederle sus votos para que ella lo suceda, perpetuando una práctica política contradictoria con esa austeridad que él dice defender.

Por eso también se ve forzado a hablar pestes de un gobierno nacional que, él lo sabe como lo sabemos todos, supera el 60 por ciento de aprobación de gestión. En plan de hacer campaña aprovechando la pandemia, en la entrevista de Búsqueda incurre en otro involuntario sincericidio. Dice textualmente: “la recaudación de la intendencia se está calculando casi un 10% menos para este año. ¡Pucha!”

Sí. A los reyes del despilfarro se les escapa un “pucha” cuando la recaudación baja, a pesar de que apelaron a todos los recursos a su alcance para extraer de los bolsillos de los montevideanos los dos millones de dólares que gastan cada día, de lunes a domingo y de enero a diciembre.

La verdadera polarización es entre Laura Raffo y Carolina Cosse. Pretender, como sugieren algunos en las redes sociales, que habría que votar a Martínez para impedir el triunfo de Cosse, es solo fortalecer aún más un FA anegado por los extremismos, que invoca a los más vulnerables solo con el fin de utilizarlos como una excusa, para mantener el ejercicio discrecional del poder.

El cambio, también en Montevideo, es ahora.

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