EDITORIAL

Dos episodios y una carta

Buscar comparar todo el tema de Ancap que se inicia con los 800 millones de dólares de pérdidas, con el uso de hace 15 años de las tarjetas corporativas del BROU, resulta ridículo por la gravedad de uno y otro episodio.

Se veía venir el dictamen del fiscal de Crimen Organizado Luis Pacheco. Tras dos años de indagatorias judiciales llevadas adelante con seriedad, no quedaban muchas dudas de que su decisión iba a llegar acompañada de pedidos de procesamiento: los balances de Ancap decían que 800 millones de dólares habían desaparecido del activo de la empresa y se registraban en el rubro pérdidas, que a través de los años el desenfreno del gasto se había enfocado en obras faraónicas y de dudosa rentabilidad, que el ente se había entreverado en negocios extraños sin respetar normas ni garantías, y que, además, su presidente (y tal vez otras autoridades) había cometido excesos en el uso de la tarjeta corporativa del Ente.

Esa convicción la tenía también el Frente Amplio, partido en el gobierno desde hace 13 años, con la "ventaja" incluida que dan las mayorías absolutas y regimentadas en el Parlamento: un partido que venía tan cascoteado con las sucesivos episodios de Ancap que no le había quedado más remedio que pedirle la renuncia al Vicepresidente de la República para terminar con el salpicado que amenazaba inundarlo. Entonces se preparó: había que armar urgentemente un contraataque efectista que golpeara al adversario y distrajera un poco a la opinión pública para atenuar —otra vez— el efecto Sendic y la pasividad o complicidad frenteamplista en todo ese proceso.

El Frente Amplio defendió, cobijó y hasta justificó por años todos estos malos manejos de Ancap y no le tembló la mano a la hora de votar capitalizaciones para el ente monopólico fundido, aumento de impuestos y tarifas públicas para intentar —sin éxito— tapar ese gran agujero. Instaló la "consolidación fiscal" vitalicia y eterna.

Casi simultáneamente con el dictamen del fiscal Pacheco, el Frente Amplio dio a publicidad el fruto de sus "investigaciones", donde constan gastos por uso de tarjetas corporativas de directores blancos y colorados entre 2000 y 2005 en el Banco República, según publicó el semanario Búsqueda el pasado jueves. Ese documento estaba en poder del FA desde octubre del año pasado.

Más allá de que comparar ambos episodios resulta ridículo por la gravedad de uno y otro, porque uno fue laudado y sancionado tras tres sucesivas elecciones mientras que el otro apareció ahora, lo cierto es que en la política —y en todos los órdenes de la sociedad— hay personas honestas y deshonestas. El ser humano puede ser proyectado hacia la grandeza, pero también hundirse, por su propia decisión, en el barro. Para unos, el país es una continuidad para enriquecer en justicia y libertades, en tanto que para otros es una piñata a repartir. El tema es cómo reacciona cada Partido cuando se individualiza a los deshonestos. Hay quienes ensayan defensas para tratar de disimularlos o se limitan a tirar la pelota para delante buscando que la gente olvide, en conductas que tienen mucho de complicidad. Otros buscan rápidamente sancionarlas y erradicarlas.

¿Cuánto tardó el Frente Amplio para pasar el caso Sendic a su Comisión de Ética? Más de un año. La Comisión (y luego la Jutep) calificaron duramente su conducta, pero el Plenario no adoptó ninguna resolución disciplinaria para ese ciudadano-político frenteamplista. Se conformó con que renunciara al cargo de Vicepresidente, que es otra cosa, y su nombre se maneja para ser candidato del FA en las próximas elecciones.

¿Cuánto tardó el Partido Nacional? Una hora. Con otra diferencia: el implicado ya renunció al Partido y se ha comprometido a devolver hasta el último peso. ¿Alguien más lo hizo?

Hay una carta de Manuel Oribe, segundo presidente constitucional del Uruguay y fundador del Partido Nacional, que debería ser faro de conducta de los políticos en general, pero que mandata y obliga a aquellos que han abrazado la divisa blanca. Se le podría agregar algunas otras reflexiones de actualidad. Quitarle, absolutamente nada.

Dirigida a su gran amigo Norberto Larravide, fuerte empresario que apoyaba al gobierno del Cerrito, dice así:

"Querido amigo: recibí su carta y su magnífico obsequio. Le devuelvo ambas cosas. Lo uno, porque no merezco los conceptos que me favorece y porque, como su amigo leal, creo que no conviene a usted para el porvenir dejar con su firma esa carta cortesana de los tiempos de Luis XIV, mal dirigida a un republicano; el regalo, porque es demasiado valioso y no conviene a mi decoro aceptarlo ni a usted el hacerlo, dadas nuestras posiciones respectivas. No debo ni quiero quedar obligado a persona alguna del modo que me obligaría la admisión del importante presente que usted tiene la bondad de hacerme en este día de mi cumpleaños. Lo saluda con afecto su amigo Manuel Oribe".

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