EDITORIAL

Episodio triste y revelador

Más allá del grotesco episodio registrado al momento de la firma del acuerdo por el ferrocarril de UPM, lo cierto es que hay un alto porcentaje de la población que no ve claros los nuevos beneficios de la nueva planta de celulosa.

Lo que supuestamente estaba previsto como un anuncio y festejo -la concreción del proyecto ferroviario central que es parte clave del acuerdo con la empresa UPM para que confirme su megainversión- terminó marcado para la historia como un papelón.

Lo vio todo Uruguay. Un conocido activista de causas discutibles (para ser generosos), se encaró con el ministro Rossi, intentó ser controlado por el jerarca de la empresa adjudicataria, y ante su ruidosa resistencia, todo terminó en un show en directo para los informativos centrales, en el cual un jerarca, exdirector del IMPO nada menos, le gritaba repetidamente “payaso”, vaya uno a saber con qué intención. Todo un bochorno.

Uno podría quedarse en el detalle colorido. Que un evento así no haya contado con seguridad mínima como para evitar que cualquier demente haga una escena de este tipo. La falta de cintura y hasta organización del ministro Rossi, quedando expuesto de esta forma. La actitud un tanto fuera de lugar del empresario, que nada tiene que intervenir en una cuestión de ese tipo, por mejor intención que se tenga. Y por último, tal vez lo más grave, la acción del exdirector del IMPO, que reaccionó como un barrabrava, perdiendo por completo la dignidad que debe tener un funcionario público, y hasta el respeto que merece siempre un ciudadano que reclama pacíficamente. Si tiene ese nivel de accionar ante un simple provocador medio pelo, vale temer la forma en la que se ha comportado en el manejo de los recursos públicos en estos años.

Lo dicho, todo un episodio lleno de improvisación, mala organización, mala respuesta ante el más banal inconveniente, reacciones destempladas, un fiasco. El problema es que esto solo alimenta la sospecha de que esa ha sido la tónica general de esta negociación.

Hay que señalar una cosa. El activista que irrumpió a los gritos en el evento del otro día, por más patético que sea su accionar, es el reflejo de un tema de fondo mucho más grave: hay un porcentaje significativo de la población que no ve claros los beneficios del nuevo proyecto de fábrica de pasta de celulosa. Se teme por su impacto ambiental, se duda de sus efectivos beneficios económicos, se sospecha de que la negociación no ha sido lo profesional que debería.

Y los datos duros alientan algunas de esas sospechas. Por ejemplo, un artículo publicado en El País este domingo ratifica una de las versiones que han circulado por vías informales en los últimos meses: que hubo una confusión a la hora de traducir los contratos, que cambia de forma radical la ecuación económica en lo que tiene que ver con el canon que pagará UPM por usar la vía férrea que a un costo millonario, el Estado se compromete a construir.

¿Acaso hubo alguna reacción oficial al respecto? ¿Algún jerarca involucrado en la negociación que saliera y explicara las implicancias de ese error? Nada.

Y así ha pasado con casi todo lo que tiene que ver con este proyecto. No ha habido una comunicación clara de par-te del gobierno para aventar sospechas, aclarar dudas, llevar calma a la población, que muchas veces se ve asustada por versiones catastrofistas. Incluso quienes creen que el proyecto es positivo y entienden que buena parte de los mensajes alarmistas están basados en mitos, se han visto huérfanos de datos sólidos con los que contrarrestar estas visiones.

Por otro lado, desde el gobierno se da una imagen de desesperación tal por concretar el proyecto, que queda la sensación de que los potenciales inversores han jugado a cartas vistas para obtener lo máximo posible de la negociación. ¿Cómo se explica esa urgencia del gobierno por salir a decir que está todo arreglado, cuando la empresa que será la que ponga el dinero, lo desmiente?

Todo el manejo de este tema por parte del gobierno ha sido una gran chapucería. Poca información a la gente, mensaje poco claro a los actores económicos, desconfianza en los medios, secretismo absurdo, cuando no agresividad inconducente. Cada vez que al presidente Vázquez se le ha consultado sobre esto, sus respuestas son de un tono irónico, veladamente confrontativo, más cerca de la reacción del señor que gritaba “payaso” en la sede del MTOP el otro día, de lo que se espera de un estadista que está trabajando para lograr lo mejor para el país y su gente.

Es de esperar que cuando bajen las aguas, y se pueda estudiar a fondo lo que ha sido este proceso, las dudas y sospechas queden en eso, en mala comunicación, en soberbia y falta de comprensión de la sensibilidad social. Porque si el caso es otro, el impacto para el país puede ser terrible.

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