EDITORIAL

El entorno del candidato

La agresividad que ha cobrado la campaña del candidato oficialista Daniel Martínez, ha generado curiosidad por el rol de sus equipos técnicos y asesores.

En la recta final de la campaña, ha tomado un inusitado protagonismo el líder de los equipos técnicos, y asesor de confianza de Daniel Martínez, Ramón Méndez. Méndez supo ser director de Energía en el Ministerio de Industria, hasta el arribo de Carolina Cosse a esa cartera, quien lo desplazó sin demasiada consideración a algunas publicaciones que de manera llamativa lo habían ubicado entre las promesas globales de la ciencia.

Méndez recaló entonces en el Mvotma como Director de Cambio Climático y luego en la intendencia de Montevideo de la mano de Daniel Martínez, donde también generó polémica y críticas de colegas y funcionarios, que seguramente no se sabían adaptar a su ejecutiva manera de trabajar.

Algo parecido sucede por estas horas en la campaña, en la cual Méndez, muy lejos del perfil técnico y de estadista que exhibía en sus tiempos del Ministerio de Industria, ha cobrado un rol casi de “pitbull” de su amigo Martínez, usando las redes sociales para atacar a la oposición de manera bastante poco constructiva, defender a capa y espada a su protector Martínez, y hasta en algún momento atacar a la entidad Verificado.uy, a la que acusó de no hacer bien su tarea de chequeo del discurso de Lacalle Pou durante el debate. Vale señalar que un gran articulador de esa entidad “verificado.uy” (junto con El País) es nada menos que La Diaria, a la que, siguiendo el discurso de Méndez, le damos una calurosa bienvenida al lado oscuro de quienes al parecer operamos para perjudicar la chance de un cuarto período del Frente Amplio.

Pero la figura de Méndez, ahora que él mismo se ha ubicado en el centro de la arena política, tiene otros ribetes interesantes de analizar. El primero tiene que ver con el discurso que lo define como la gran figura detrás del cambio de matriz energética que habría tenido Uruguay, y que el mismo Méndez se ha encargado de replicar una y mil veces que habría sido imposible sin su esfuerzo y dedicación. Sin embargo, hay expertos en el tema que no comparten tal entusiasmo.

Por ejemplo, algunos técnicos del rubro que señalan que el autobombo acerca de este cambio, no suele recordar que el mismo solo fue posible por una ley de la época de la dictadura que habilitaba a UTE a comprar energía a generadores privados. Esa ley fue luego actualizada durante el gobierno de Julio Sanguinetti, proceso en el cual contó con la férrea oposición del Frente Amplio, que incluso promovió un referéndum y amenazó derogarla. Luego el presidente Batlle reglamentó la Ursea, lo cual fue el punto final que permitió el inicio del proceso que hoy nos genera tantos elogios a nivel internacional, aunque no así en las tarifas. Esto porque los precios pactados con los proveedores son tan altos, que por varios años deberemos seguir pagando locuras de luz, para financiar ese cambio de matriz. O sea que en el fondo, esta fue una política de estado que tuvo muchos padres, no uno solo, como suele suceder con las cosas que funcionan bien.

Pero hay otro elemento en el currículum de Méndez que también ha resurgido en estas horas, probablemente por su alta exposición mediática.

A nivel académico son varios quienes han recordado un proceso ocurrido hace unos años, cuando algunos colegas implicaron a Méndez en algo que es de gravedad terminal para cualquier académico: el plagio. Pasó a raíz de un texto colaborativo sobre física, publicado en 1995, y que tenía a Méndez entre los autores, junto a figuras como Ricardo Ehrlich, y titulado sugestivamente: “Vida y Cosmos, nuevas reflexiones”.

Varios entendidos que leyeron el aporte de Méndez en ese texto se sorprendieron de las similitudes entre sus palabras, e incluso sus ilustraciones, con una obra que es canónica en la materia, llamada “La hora de embriagarse”, cuyo autor es Hubert Reeves.

Para cualquiera que tuviera conocimientos de física, era difícil imaginar que Méndez replicara de manera tan exacta párrafos enteros de la obra de Reeves sin citarlo, tal como demanda la ética académica. En aquel entonces ya hubo una investigación académica, pero quedó en la nada. En estas fechas, un intento por investigar el asunto, chocó con las palabras de los editores del texto, que asumieron que la falta de cita podía deberse a su propia responsabilidad.

Lo que no queda claro es por qué los aportes de otra gente como Ehrlich, sí son exhaustivos en las citas y Méndez no. O cómo un científico y académico de su porte, no fue más exigente a la hora de cuidar un detalle tan trascendente.

Estos episodios permiten conocer un poco mejor a este asesor tan importante, que ha tomado un rol tan protagónico y agresivo en esta recta final de la campaña. Así como valorar de manera más “holística”, sus aportes a la misma.

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