EDITORIAL

Engolosinados con las multas

Si la diligencia de la Comuna para vigilar a los automovilistas fuese aplicada en otras áreas con la misma efectividad. Por ejemplo, con la basura. De ser así, qué duda cabe de que nuestra capital luciría como un jaspe.

La Intendencia de Montevideo recaudó en 2018, US$ 22,6 millones por multas de tránsito. Más del doble que el año anterior. En 2017 habían ingresado por el mismo concepto US$ 10,6 millones. Esto indica que se aplicaron 180.000 multas en Montevideo, o sea, casi 500 por día, de acuerdo a lo informado en la Comisión de Presupuesto en la Junta Departamental, por la Directora de Tránsito, Mariela Baute. Además, la perspectiva para 2019 es un incremento en el número de multas debido a los nuevos dispositivos incorporados y a la mejor fiscalización de los morosos de la patente.

Igual de sonrientes que la Directora al dar estas noticias estaríamos todos los montevideanos si la diligencia de la Comuna para vigilar a los automovilistas fuese aplicada en otras áreas con la misma efectividad. Por ejemplo, con la basura. De ser así, qué duda cabe de que nuestra capital luciría como un jaspe. No habrían desperdicios pudriéndose al sol en los basurales, ni alrededor de los contenedores. La disposición final de los residuos no terminaría su contaminante ciclo, en la dantesca usina de Felipe Cardoso. Por otra parte, no habría tantas calles en mal estado, los múltiples remiendos viales surgidos de golpe en estos tiempos electorales -hay que mostrar que se trabaja- no tendrían a la gente complicada durante semanas y semanas, con desvíos y reducciones de calzada que se eternizan en el tiempo. No habría barrios residenciales que pagan altos impuestos y tasas, pero tienen cuadras sin saneamiento y tampoco lugares dejados de la mano de dios, donde las aguas servidas corren por cunetas y cañadones mientras los niños juegan entre las inmundicias.

En primera instancia, la decisión de agudizar los controles en el tráfico apunta a disminuir la elevada cantidad de accidentes que nos aflige. Pero en la forma en que se han establecido las normas, es muy fácil que cualquier persona común y corriente (no algún devoto de la Fórmula Uno o los que corren picadas) que esté al volante circulando, digamos que por la rambla en momentos en que hay poco movimiento, inadvertidamente sobrepase la marca autorizada.

Por lo tanto, el hambre y las ganas de comer se dieron cita en la Intendencia, y sus autoridades descubrieron una mina de oro que permite aumentar sus abultados ingresos.

El informe elaborado entre otros, por el edil de la lista 71 del Partido Nacional, quien curiosamente se llama Daniel Martínez, es muy útil para desentrañar cómo funciona y con cuánto dinero, la Intendencia capitalina. El presupuesto nacional es alrededor de US$ 17.300 millones, quitando las empresas públicas. La IMM ocupa el cuarto lugar como mayor presupuesto público ejecutado anualmente, con US$ 697 millones. Está por encima de la totalidad de los ministerios, del Poder Judicial, la Udelar y solo por debajo de la ANEP, ASSE y el Ministerio del Interior. Su presupuesto es dos veces superior al Mides y una vez y media el de Udelar.

Ahora bien, cómo se gasta este dineral es lo que hay que explicarle a los capitalinos. Resulta que van casi dos décadas de Administración frenteamplista y las retribuciones personales y los gastos de funcionamiento representan el 75% del total ejecutado anualmente. Por su parte, las inversiones totales en 2018 (último ejercicio auditado) respecto del año anterior han bajado y son algo menos del 20%. La inversión hecha con fondos genuinos en 2018 (recursos propios) no llega al 6%.

La Intendencia cuenta con 3 fuentes de ingresos: recursos propios, financiamiento externo y aportes del gobierno central, que ha aumentado un 62% desde 2015. A la vez, la recaudación ha crecido sostenidamente en estos años. Algo que no puede sorprender a nadie, vistos los aumentos de la carga tributaria, de los aforos y el ensañamiento con las multas antes mencionado. En 2018 fueron US$ 701 millones de ingresos totales. Tomando como base el 2015, significa un alza del 31%. En el ínterin no se bajó la cantidad de cargos políticos y de particular confianza y los costos asociados a los mismos se equiparan con los destinados a inversiones.

El exintendente, ahora candidato presidencial del Frente Amplio, no cumplió con sus promesas de fines del 2015, de bajar los gastos, ni tampoco con el proclamado “shock de obras”. El Plan de Obras Quinquenal no se cumplirá y del Fondo Capital aprobado en 2016, (con el apoyo de Novick) por US$ 94 millones, se ha utilizado nada más que el 10%.

Tres gobiernos seguidos del F.A. exigen una alternancia en el poder, pero tras 20 años de Administraciones frentistas en Montevideo, no da para más.

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