EDITORIAL
diario El País

Embargo no es bloqueo

Hoy Cuba nos ocupa nuevamente.

Si tenemos en cuenta que los cubanos hace 62 años que viven bajo la opresión de la dictadura castrista, donde no hay libertad individual desde que se instaló un poder concentrado en un solo partido y en una rígida cúpula gobernante, todo lo que se diga y se escriba para denunciar a ese régimen enquistado en Latinoamérica, es poco. Pero el pacífico pueblo cubano, que hace decenas de años vive oprimido y anestesiado a resultas de propaganda oficial, adoctrinamiento y aislamiento noticioso, se atrevió a salir a protestar.

Sofocadas las manifestaciones con brutalidad, con cientos de presos cuyas familias nada saben de ellos y con un corte masivo de las comunicaciones. Se menciona un muerto, lo que sería una cifra pequeña si se compara con las de Venezuela o Nicaragua, pero de cualquier manera es algo inaceptable. Aparte de que es difícil creer en las informaciones oficiales. De una dictadura disfrazada como democrática, y que inconcebiblemente aún cuenta con defensores como los izquierdistas criollos. Es deplorable que en nuestro Parlamento ocurran bochornos como el del pasado 21 de julio de 2021. Los legisladores del Frente Amplio se negaron a votar en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, una declaración que solicita al gobierno de Cuba respeto por los derechos civiles y la libertad de expresión para sus ciudadanos.

Cabe preguntarse cómo no les da vergüenza defender a voz en cuello a un gobierno que tal como pudo observarse durante el breve lapso en que todavía no se habían cortado internet y redes sociales, ordenó una violenta represión contra gente inerme reclamando por la falta de libertad y la angustiante situación económica, con el agravante de que el títere de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, hiciera un llamado a atacar a quienes hacían públicas demandas. Se trata de los mismos políticos del FA que ante los disturbios en Chile y Colombia días atrás, criticaban con vehemencia el accionar de las fuerzas del orden.

Por supuesto, la cantinela repetida es que la culpa de las estrecheces que sufre la población se debe exclusivamente al “bloqueo” norteamericano. Término engañoso, acuñado por la dictadura castrista, repetida globalmente por sus simpatizantes. Un útil eslogan que ha penetrado el lenguaje y es parte del vocabulario común, al punto que comunicadores y hasta periodistas que deberían estar mejor informados, lo utilizan de continuo como si fuera correcto. Y lo peor es que inclusive políticos que no comulgan en absoluto con los abusos del gobierno comunista de la isla, repiten sin ni siquiera tener conciencia del error, lo del bloqueo, en lugar de hablar de embargo, que es lo que corresponde. Un perfecto ejemplo del manipuleo semántico que la izquierda ha desarrollado desde siempre con enorme rédito.

Vale un recordatorio sobre este punto. EE.UU. impuso un corto bloqueo cuando la URSS introdujo en Cuba subrepticiamente, misiles con capacidad nuclear que eran una amenaza a su territorio. El presidente Kennedy ordenó a la marina de guerra cerrar el acceso a la isla para impedir la llegada de los barcos soviéticos y exigió el retiro de los cohetes. Después de una tensa negociación, la URSS cedió, se llevaron los misiles y desaparecieron los navíos norteamericanos.

Un embargo es otra cosa y conviene resaltar que Cuba no está bloqueada. Comercia con todo el mundo y sus dificultades devienen de ser muy mal pagador, como bien los sabemos por aquí. El turismo es gran generador de divisas tras el fracaso de sus políticas de producción, mientras se dedicaba, como satélite soviético, a exportar agitadores y guerrilleros por África y América Latina. La triunfante revolución orquestó la maquinaria de las mal llamadas “expropiaciones”, (otra argucia de lenguaje) sin jamás pagar a sus propietarios. Desde las empresas con grandes inversiones hasta pequeños negocios, hoteles, etc. además de las residencias privadas de los muchos norteamericanos que allí veraneaban. Las víctimas de estos atropellos exigían reparaciones ante la Casa Blanca, senadores y diputados. Estados Unidos tenía que hacer algo para que despojos semejantes no se volvieran moneda corriente y en el Congreso se votaron algunas leyes como la Torricelli y la Helms-Burton a fin eliminar fuentes de financiamiento, negocios con subsidiarias norteamericanas y hasta impedimentos para las remesas de parientes. Sin embargo, la mejor prueba de como se han aflojado las restricciones fue el patético gran anuncio de Díaz-Canel. Concedió que no se cobrarían impuestos a los bienes y alimentos traídos por los viajeros. Muy triste.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados