EDITORIAL
diario El País

Las elecciones de mayo

Aunque muchos uruguayos se encuentran disfrutando de sus vacaciones, y otros concentrados en sus ocupaciones respirando hondamente agradeciendo que pasó el año electoral, nuestra Constitución nos depara una nueva instancia en mayo.

Seguramente en breve, empezaremos a sentir las campañas electorales ya que en varios departamentos del interior los candidatos están definidos y en muchos la competencia promete ser reñida.

Algunas definiciones partidarias o sectoriales se van venido tomando con distinto éxito. Por ejemplo, el diputado y candidato a la Intendencia de Rocha Alejo Umpiérrez ha logrado un importante acuerdo para votar junto a Cabildo Abierto, el Partido Independiente y buena parte del Partido Colorado. Esto lo coloca con posibilidades ciertas de pelearle la Intendencia al Frente Amplio, lo que abre un escenario impensado hace unos meses.

En Salto, dónde la gestión del actual intendente Andrés Lima ha sido especialmente desastrosa, al punto de ser duramente cuestionada por los sectores mayoritarios del Frente Amplio, abre también un escenario de posible derrota para el Frente Amplio. En Paysandú, dónde su intendente ha pasado perfectamente desapercibido en los últimos 5 años -desafiamos amablemente al lector a recordar siquiera su nombre- también aparece con chance la actual oposición.

La elección en Canelones parece más tranquila para el Frente Amplio, dónde la reelección del actual intendente Yamandú Orsi aparece como muy probable dado el resultado electoral del Frente Amplio en octubre y noviembre en ese departamento. Lo que se vislumbra, en definitiva, mirando el mapa de todo el país, es que el Frente Amplio tiene chance cierta de quedar confinado a Montevideo y Canelones, lo que acentuaría su pronunciado declive en el interior.

Y esto nos lleva a la elección más importante, por caudal electoral, que tendremos en mayo, la de la capital del país. El Frente Amplio notoriamente llega peor que hace 5 años, sin candidatos claros y luego de una derrota histórica luego de 15 años de gobierno nacional. El veto a Daniel Martínez insólitamente propiciado por su propio partido, el Socialista, priva al actual oficialismo de su mejor candidato. La estrategia seguida con verdadero ánimo suicida por su actual secretario general Gonzalo Civila, aliado de los kirchneristas enemigos del Uruguay, promotor de un corrimiento a la izquierda y de una purga interna que privó al sector de la mitad de sus votos y que los sumerge en una crisis histórica nunca vista desde la recuperación democrática es digna de estudio.

Más allá de esa eventualidad el sacrificio de Martínez hace que tengamos una danza de nombres, desde el ignoto Álvaro Villar a Fernando Pereira, pasando por Álvaro García o Carolina Cosse. En cualquier caso, son candidatos menos conocidos y con menor popularidad que Martínez, lo que resulta difícil de explicar.

La actual oposición, por otro lado, debería reconocer que no hizo los deberes. No existe un candidato claro ni blanco, ni colorado, ni independiente ni cabildante. No existe aún un acuerdo para comparecer bajo el mismo lema ni la forma en que se seleccionarán los candidatos. Y, lo más importante, no existe un proyecto para Montevideo en la actual oposición. Las energías, quizá razonablemente, se concentraron en una campaña nacional que resultó exitosa, especialmente en el interior, pero eso deja con escasas posibilidades la chance de pelear la elección en la capital.

Desde la actual oposición, que en breve pasará a ser el oficialismo a nivel nacional, deberá gestarse, con tiempo, gente y recursos, un verdadero proyecto que demuestre que existe una alternativa por la que vale la pena votar. Este es quizá, en términos de largo plazo, el principal desafío de la coalición multicolor.

Ya demostró su fortaleza en el interior, y seguramente lo volverá a demostrar en mayo con un claro retroceso de intendencias frentistas. Debería comenzar a darse cuenta, también, que vale la pena dedicarse a trabajar políticamente el departamento de Montevideo, dónde la gestión frentista luce a todas luces agotada. Los montevideanos, ciertamente, se merecen un gobierno que no los esquilme a cambio de nulos servicios, pésimo transporte colectivo crecientemente costoso, tránsito caótico y una suciedad insoportable, amén del descuido de los espacios públicos. Además, desde el punto de vista electoral, la coalición multicolor debería vislumbrar que si logra doblarle el brazo al Frente Amplio en Montevideo, tendrá larga vida en el gobierno nacional.

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