EDITORIAL

Las elecciones del BPS

Como es público y notorio la elección de los "representantes sociales" del Banco de Previsión Social (BPS) estuvo lejos de transcurrir "con total normalidad" como suelen decir las crónicas periodísticas.

Es cierto que no hubo incidentes violentos, notoriamente no era una elección que despertara ese tipo de pasiones ni ninguna otra, pero mucha gente quedó visiblemente molesta por las circunstancias en que tuvo que realizar el sufragio, lo que no es bueno para la salud de nuestra democracia.

Una primera fuente de molestia es la obligatoriedad del voto. La inmensa mayoría de los uruguayos no tenía la menor idea de a qué candidatos estaba votando ya que prácticamente no existió una campaña de información digna de ese nombre. A duras penas los votantes más informados sabían que existía algo parecido a una lista "oficialista" y otra "opositora", lo que ni siquiera era tan así mirado de cerca. A lo que debe agregarse que en el orden empresarial existía una sola lista, por lo que la obligatoriedad del voto se convertía en un absurdo. Puede discutirse, con argumentos razonables para ambos bandos, si el voto debe ser obligatorio en las elecciones nacionales, pero no necesariamente en este caso.

Una segunda razón para la ofuscación fue la falta de listas. Es comprensible que las personas que se encontraban con una sola lista, o incluso con ninguna, en el biombo de votación (que no cuarto secreto, como comentaremos enseguida) se sintieran burladas. ¿Cuál es el sentido de realizar una elección obligatoria sin que se prevea que los ciudadanos puedan ejercer normalmente el sufragio? El problema radicó en que la Corte Electoral, en una decisión arbitraria y polémica, resolvió que cada circuito abriera solo con 30 listas de cada opción en pugna. No costaba nada haber puesto unas listas más y se ahorraba la tomadura de pelo del simulacro de elección al que se sometió a unas cuantas decenas de miles de personas. No alcanza con decir que los candidatos podían reponer las listas, el normal desarrollo de la elección es responsabilidad de la Corte Electoral que pudo haber solucionado este problema.

Un tercer motivo de indignación fueron los biombos de votación, muchas veces al lado de la mesa receptora de votos. Este sistema no permitió, en muchos casos, la privacidad que debe rodear el acto del sufragio y desde la mesa o la cola se podía escuchar o incluso mirar qué estaba haciendo quien se encontraba sufragando. Si la elección tiene las características de los comicios nacionales, como por ejemplo la veda alcohólica, absurda en este caso, mucho más importante es preservar límpido el acto del votar, tan sagrado para nuestra cultura política.

Esta combinación de factores, y algunos otros, terminaron convirtiendo una jornada cívica más, en una razón de protesta generalizada contra la votación. Las autoridades electas quedan bajo cuestión porque muchas personas no pudieron ejercer libremente el derecho al voto, y más relevante aún, pensando en el futuro, es la devaluación de algo tan importante para la vida civilizada como el sufragio.

La elección del domingo fue un atentado, seguramente inconsciente pero no por eso menos grave, contra la consideración que la democracia tiene dentro de la escala de valores en nuestro país. No alcanza con pasarse la culpa unos a otros como el gobierno nos tiene acostumbrados, alguien debe hacerse responsable y asegurar que esto no vuelva a ocurrir. Solo a modo de ejemplo, ¿no podía la Corte haber llevado más listas? ¿No podía haber hecho el BPS una campaña informativa decente solicitándole a la gente que llevara su lista? ¿No podía el partido de gobierno que tiene mayoría en el Parlamento haber impulsado las modificaciones legales pertinentes para facilitar la votación en vez de responsabilizar a la oposición? ¿No será hora de analizar la instrumentación del voto electrónico que es más barato, ecológico, transparente y seguro?

Con voto electrónico se hubieran solucionado casi todos los problemas desatados este domingo. O también la opción de una boleta única donde figuran todos los candidatos y se marca al elegido. Lo fundamental es que el papelón de las elecciones del BPS no vuelva a ocurrir. No se puede desprestigiar la democracia gratuitamente como lo hicieron el BPS y la Corte Electoral en esta instancia. Porque dentro de menos de cuatro años habrá elecciones nacionales y es una tarea de todos ser custodios de la transición democrática que nos espera en 2019.

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