EDITORIAL

Eduy21 como modelo a replicar

La pléyade de educadores reunidos en torno a este libro es un modelo a replicar en otras áreas. Debería llegar el día en que se diera algo similar con sociólogos y gestores culturales, para promover el cambio sociocultural que el país está reclamando a gritos.

Luego de un año y medio de trabajo, el movimiento de educadores nucleados en Eduy21 presentó el martes su Libro Abierto, con las propuestas de cambio educativo que pone a disposición de los partidos políticos. Se trata de un proyecto consensuado entre expertos de distintas colectividades e ideologías, que desde el análisis de la realidad y la aplicación de conocimiento técnico arriba a un resultado tan vasto como concreto. Mucho más que una crítica, es una propuesta. Mucho más que un reclamo de demolición, es la hoja de ruta para construir.

Y el consenso alcanzado es realmente formidable. Los partidos de la oposición abrazan la idea, con la sola excepción del minoritario Unidad Popular. Incluso desde filas del oficialismo se apoyan las medidas planteadas, matizando apenas en que, según los astoristas, muchas ya están siendo aplicadas por el gobierno. Pero la realidad desmiente esa pretensión, porque en grandes líneas, ni el horario extendido se ha universalizado, ni se ha logrado centralizar los equipos docentes en las instituciones, ni se ha fortalecido la conducción política del MEC, entre otras muchas innovaciones que Eduy21 coloca sobre la mesa. La posición del astorismo en este tema es, nuevamente, la de la corrección política. Como cuando defiende un TLC pero se resigna a perderlo, o cuando critica al genocida venezolano pero es incapaz de lograr que el país lo condene en una declaración oficial.

Más coherentes con el desastre auto asumido, los mujiquistas no concurrieron a la presentación de Eduy21 y se dedicaron a publicar tuits con resultados educativos supuestamente espectaculares. Los éxitos de que pueden ufanarse tienen que ver con la asignación de recursos: multiplicación del presupuesto, mejoramiento del salario docente, construcción de escuelas y liceos. Pero todos esos logros se rebaten una vez que son contrastados con los déficits cualitativos y con la manera como el sistema hoy amplía las diferencias sociales en lugar de acortarlas. Una educación que dejó de ser, como en otras épocas, motor de la movilidad social, y se convirtió en una oprobiosa fábrica de pobreza y exclusión.

En cambio, la presentación de Eduy21 permite ver por primera vez a expertos en una determinada área de conocimiento, conjugando ideas y esfuerzo para realizar un aporte concreto a la superación de un problema nacional, por encima de posicionamientos partidarios.

Es una experiencia inédita y digna de ser imitada. Las voces de la academia se expresan generalmente en forma individual, formulando cuestionamientos a través de artículos de opinión o posteos en las redes sociales, pero difícilmente generando marcos institucionales contundentes como éste. La carencia se agrava al constatar que dichas voces críticas son escasas, y en los espacios de opinión de radio y televisión se ve a veces con desaliento a algún intelectual de prestigio, dedicado impúdicamente a llevar agua al molino del gobierno. No son pocos quienes han permutado el ejercicio del espíritu crítico por el cómodo rol de intelectual orgánico.

Frente a la inoperancia del oficialismo y sus esbirros de turno, aportes como el de Eduy21 abren una ventana de oportunidad para el cambio. Confrontémoslo con lo que ocurrió cuando se intentó lo mismo a través de representantes de las distintas tiendas políticas. Aquella convocatoria del presidente Vázquez a una mesa interpartidaria para mejorar la seguridad pública, generó una gran expectativa pero tuvo un resultado irrelevante. ¿Tendrá el gobierno que se instale en 2020 la determinación de aplicar las propuestas de Eduy21, moleste a quien moleste? ¿O pesará más el ombliguismo corporativo que el derecho de las nuevas generaciones a una educación de calidad?

La pléyade de educadores reunidos en torno a este Libro Abierto constituye un modelo a replicar en otras áreas. Debería llegar el día en que se diera una institucionalidad similar con sociólogos y gestores culturales, para promover el cambio sociocultural que el país está reclamando a gritos. ¿O acaso no hay nada que hacer en el plano político para combatir la cultura narco, irremediablemente instalada en la sociedad? Una modificación disruptiva de las pautas culturales que promueve el Estado debería correr en paralelo a la imprescindible transformación educativa. Los expertos en la materia tendrían que organizar su propio "Cultura21" y tomar las riendas de una vez por todas. ¿Qué están esperando? ¿Que, como ha declarado el director nacional de Policía, el choque cultural nos convierta en otro paraíso de las maras?

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