EDITORIAL

La droga y el Gran Bonete

Da la impresión que es el quid del asunto. Porque Aduanas dice que le corresponde la vigilancia de los que se van, a la Policía Aérea Nacional (Defensa) y estos aducen que no está entre sus prioridades controlar si llevan estupefacientes.

Preguntas: ¿usted ha sabido algo más respecto de la fuga del gran narcotraficante italiano, Rocco Morabitto, capo de la mafia calabresa ’Ndrangheta, junto con otros tres reclusos, ocurrida el 23 de junio, hace ya más de un mes? Seguro que no, porque el silencio es completo. ¿Y qué se ha sabido de los 603 kilos de cocaína decomisados en Francia, luego del aterrizaje de un avión privado proveniente de Montevideo, el 16 de mayo?

Más valdría no enterarse de nada pues lo que trasciende es lamentable. Pareciera que las autoridades pertinentes se hubiesen puesto a jugar al Gran Bonete. Cada repartición se lava las manos y echa la culpa de la inoperancia, a la otra. Y para dejar más en evidencia que los controles uruguayos son como un queso gruyère, acaba de llegar la noticia de que en Alemania descubrieron el mayor cargamento de cocaína individual de su historia, 4500 kilos, ocultos en un barco que figuraba como cargado de soja que venía ¿de dónde? ¡Acertó! De Montevideo. Al abrir los funcionarios aduaneros el contenedor se encontraron con 211 bolsos deportivos negros, en los cuales habían 4200 paquetes con cocaína prensada, con un valor de reventa en la calle de unos 1100 millones de dólares.

Aparte, un toque de color gauchesco. El de un peón (descubierto) que habría conseguido un estipendio mucho más generoso que el de sus tareas rurales. En lugar de andar viendo si había terneros lastimados, una vaca con problemas de parición, ovejas destripadas por una jauría, o aun alguna vaquillona cuereada, su trabajito extra consistía en recoger ciertos paquetes que caían del cielo y luego llevar la droga a distintos puntos de venta, por Artigas y la ciudad brasileña de Quaraí.

El mafioso italiano que moraba tranquilamente en Punta del Este hasta que cayó fue milagrosamente apresado, tuvo una huida aérea. Fue justo cuando no había ni una cámara funcionando que lo pudiese filmar. Saltó a la azotea de una vecina, pero a partir de ese día, se lo tragó un agujero negro. Desde que había sido encontrado, el peligroso delincuente seguía en Cárcel Central, un lugar de baja seguridad del cual el Ministerio del Interior había anunciado hace mucho, dejaría de oficiar como prisión.

Si bien el ministro Bonomi declaró haber estado al tanto desde el principio de la incautación de los 600 k de cocaína, en el mes de mayo en Francia, el hecho recién tomó estado público entre nosotros a fines de julio. Momento en el cual empezaron a salir a la luz, los detalles de la operativa de fiscalización en nuestro suelo. Cualquier simple mortal que va a tomarse un vuelo o llega al bonito aeropuerto de Carrasco pensará que los numerosos empleados de una y otra repartición ejercen estrictos roles de inspección. ¿Acaso no nos hacen casi que desnudar antes de que finalmente podamos pasar al free shop? Y pobre de usted si se olvidó de sacar la tijerita de uñas o lleva un frasco, aunque esté a medio llenar, que marca 150 ml en vez de la medida máxima de 100 ml. Con cara de pocos amigos será despojado de sus pertenencias en infracción.

Y da la impresión que es el quid del asunto. Porque Aduanas dice que le corresponde la vigilancia de los que se van, a la Policía Aérea Nacional que depende de la Brigada III de la Fuerza Aérea (Defensa) y estos aducen que pese a ser ellos los encargados de registrar el cargamento de los pasajeros que parten, no está entre sus prioridades controlar si llevan estupefacientes en el equipaje porque la droga no es un artículo prohibido para la aviación (¡lo que importa son la tijeritas!). Según el coronel a cargo, Marcelo Pilón, (Observador 2/8) “Hasta donde yo tengo entendido, eso le corresponde a Aduanas” .

El “renunciado” director de Aduanas, Enrique Canon, en conferencia de prensa, dijo que de acuerdo al “Protocolo” (¿quiénes lo habrán confeccionado?) su Administración no era responsable de esa fiscalización y en todo caso, de notarse una irregularidad, los efectivos de la policía “informan a los de Aduanas”. Por lo tanto, los 2 policías que controlaron el scanner ese 15 de mayo (en la filmación se nota especialmente a uno) estarán en situación comprometida.

El grupo de 10, entre asiáticos y europeos, llegó al salón Vip, no con las 11 valijas que trajeron de la isla africana de Cabo Verde, sino con 43 pesados bolsos, tal como se aprecia en las grabaciones, y se embarcaron tranquilamente. Que traficar en Uruguay es una “papa”, debe ser vox populi en ese mundo y no deja de llamar la atención saber que a los jets privados, (Observador) la Dirección especializada en tráfico de estupefacientes no los inspecciona, a diferencia de lo que hace con los comerciales. ¡Con razón!

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