EDITORIAL

10 Downing Street

El organismo que supervisa las finanzas estatales dice que un Brexit duro provocará una contracción del 2% del PBI al país y una situación recesiva. Perderá más el Reino Unido, pero también golpeará a la U.E. aumentando el clima negativo mundial, lo que nos perjudicará.

Inmersos como estamos en las próximas elecciones nacionales, que por cierto se han puesto mucho más interesantes de lo que se preveía hace unos años, y otras noticias cercanas, no podemos olvidarnos de que el planeta sigue girando. Hay sucesos que ocurren en otros continentes y otras latitudes, de los cuales no nos podemos sustraer. El futuro del Brexit y la asunción del nuevo Primer Ministro inglés, Boris Johnson, es uno de ellos. Su llegada al gobierno y su personalidad son factores de inestabilidad que se suman a la que ya provoca el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El monstruo del Brexit, liberado tres años atrás, ya se ha devorado a dos primeros ministros británicos, tal como dice The Economist. Ahora está por verse qué sucederá con el tercero. Sin duda, un hueso duro de roer. El recién llegado parece bastante experto en las artes del camaleón y no debería sorprendernos si sus posturas radicales e inflamadas adquieren otra tonalidad una vez conseguido el objetivo de llegar al 10 de Downing Street. Ser recibido por la inefable Reina Isabel (van 15 que han pasado por su salón en Buckingham) y derribar por “knock out” a la perseverante, pero infructuosa, Theresa May. Su predecesora, en cuyo gabinete participó por invitación suya, durante un tiempo. Pero ya de entrada ha salido con los “tapones para afuera”, según sus más recientes declaraciones.

Como corresponsal en Bruselas, abofeteaba sin compasión a los burócratas y su labia anti Unión Europea, germinó en el caluroso verano de 2019. Su habilidad en la oratoria y su capacidad de comunicador quedaron en evidencia en su estreno como Primer Ministro, con un discurso optimista y resuelto que lograba transmitir un optimismo contagioso.

Acallados los aplausos de sus seguidores y apagadas las radios y las televisoras, llegó la hora de las redes sociales, de los análisis y de los interrogantes sobre lo que dijo, lo que no dijo, y sobre el propio personaje. Un exministro de Relaciones Exteriores al que Europa le miraba con una mezcla de desdén y mofa. Por otra parte, Alcalde del liberal y cosmopolita Londres, con un discurso aperturista y de reconocimiento al inmigrante. Luego, al convertirse en un entusiasta abogado del Brexit, empezó a criticar a los inmigrantes, en consonancia con los sectores más duros pro Brexit, además de alertar contra el ingreso de Turquía a la U.E. que anteriormente había apoyado. Si bien ahora acaba de nombrar en el segundo puesto en importancia en el gobierno británico como “Chancellor of The Exchequer” (Ministro de Hacienda) al hijo de unos pakistaníes.

Siguiendo con su estrategia para contar con el apoyo de los tories más recalcitrantes, una de sus frases impacto ha sido la de salir de la U.E. “cueste lo que cueste”, más allá de que con afirmaciones de ese tipo espante a los tories moderados. La oficina de británica de responsabilidad presupuestaria (OBR) informó hace unos días que el Reino Unido se sumirá en una recesión el año próximo, en caso de irse de la U.E. sin un pacto acordado. En su informe sobre riesgos fiscales, el organismo encargado de supervisar las finanzas estatales predijo que un Brexit duro provocará una contracción del 2% del PBI, introduciendo al país en una situación de declive. Perderá más el Reino Unido, pero también golpeará a la U.E. Aumentará un clima negativo mundial que llegará a nosotros.

Johnson se convirtió en el líder del partido conservador al obtener el respaldo mayoritario entre los 160000 afiliados, en muchos caso activistas fanáticos pro Brexit. Una encuesta reciente indicaba que un amplio número prefería esta opción, aun cuando provocara un serio daño a la economía del país, destruyera la unión con Escocia e Irlanda del Norte y al mismo partido.

Como Johnson no es un líder de profunda filosofía política, resulta que esta carencia le ha significado un punto a su favor. Los anti Brexit piensan que a Boris, si no consigue mejores términos vis a vis la U.E. no le importará dar un portazo cuando llegue la fecha límite del 31 de octubre. En cambio, los que están a favor de permanecer se inclinan a creer que el rocambolesco Prime Minister en el fondo es un liberal y no va a hacer un disparate. Hasta se ilusionan con que pueda llamar a un nuevo referéndum. Otra opción complicada, si la hay.

A Theresa May le faltaron 58 votos en su último intento en el Parlamento. Habrá que ver si el cambiante Boris vuelve a dar una vuelta en el aire y usa sus habilidades dialécticas para convencer a suficientes descreídos como manera de conseguir que la separación con el continente no sea demasiado mala y que no se le despatarre el delicado entendimiento con Irlanda del Norte y Escocia, hoy a punto de entrar a cuidados intensivos.

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