Editorial

El doble fracaso frentista

Habiendo gobernado 30 años en Montevideo y 15 a nivel nacional ya no quedan excusas válidas; todo lo que prometan ya lo podrían haber hecho y lo que han hecho ha sido nefasto para el país.

Es evidente para cualquier persona con aprecio a la verdad, a la información y a las estadísticas que la calidad de vida en el Uruguay se ha deteriorado sustantivamente en los últimos años. No es un tema de debate de barras bravas entre oficialismo y oposición, por el contrario, reconocer objetivamente la realidad para a partir de este dato analizar las alternativas y diseñar nuevas políticas es el único camino posible para mejorar el panorama.

Las pruebas PISA y los propios datos oficiales de los organismos de la enseñanza dan cuenta de que cada vez estamos más abajo en el ranking continental, uno de los peores del mundo. Los datos de rapiñas y asesinatos muestras que nuestra sociedad es cada vez más violenta, lo que viene empeorando a una velocidad pasmosa. Las esperas para acceder a especialistas o a operaciones, la falta de coordinación del irónicamente llamado sistema nacional integrado de salud y los casos de mala atención especialmente en el interior dan cuenta de la situación a nivel sanitario. Ya vamos para cuatro años en que se destruyen puestos de trabajo, cada vez menos personas, a su vez, buscan trabajo y el ingreso real de los hogares comenzó a disminuir.

La lista de problemas que evidentemente han empeorado en vez de mejorar podría ser infinita, pero quedémonos con estos para no aburrir al lector. Ahora bien, el gobierno en vez de tomar medidas que mejoren la situación en cualquiera de las áreas reseñadas directamente niega que los problemas existan.

Nos dicen, tomándonos el pelo, que están cambiando el ADN de la educación, que ahora acceden a la salud cientos de miles de personas que antes no tenían cobertura médica como si fuéramos tontos, niegan los flagrantes casos de corrupción que campean en los hospitales públicos con anuencia de las autoridades, nos dicen que los delitos crecen, pero cada vez crecen menos, lo que es mentira y en todo caso es un logro deplorable, y así podríamos seguir.

Otra línea argumental de este gobierno experto en explicaciones y totalmente incapaz para encontrar soluciones es mentirle a la población diciendo que se están ocupando del tema. Así cuando se habla de educación nos hablan de los fantásticos planes que se están diseñando y que van a ser implementados en algún momento, olvidándose que van camino a cumplir 15 años de gobiernos sin haber hecho absolutamente nada. Lo mismo para los otros temas, mucho diseño de planes y cero concreciones.

La intendencia de Montevideo también es un buen ejemplo de esto. Decenas de planes de mejora de la recolección de residuos en las últimas tres décadas y la basura sigue siendo parte permanente del paisaje de la ciudad. El tránsito cada vez está peor y cuesta más desplazarse en la ciudad mientras aumenta la recaudación por multas. Y, por si fuera poco, en los últimos días vemos que ni siquiera los muertos tienen paz, se les está derrumbando el cementerio central.

Parte del discurso frentista para intentar que los uruguayos distraídos los vuelvan a votar es que esta tendencia al deterioro es universal y secular, vale decir, todo empeora porque en el mundo todo también es cada vez peor. Esto es absolutamente falso. Como dejan claros varios libros recientes, entre ellos el más conocido es En defensa de la Ilustración de Steven Pinker, la calidad de vida en el mundo viene mejorando sustantivamente en las últimas décadas, lo que se evidencia en que cada vez hay menos pobres, cada vez hay menos violencia, cada vez son mejores los indicadores educativos y cada vez las personas viven más y en mejores condiciones.

Esta realidad mundial demuestra que el fracaso del Frente Amplio es doble; no solo sus políticas han logrado el efecto inverso al buscado, sino que lo hacen en un contexto en que en casi todo el mundo se vive cada vez mejor. Habiendo gobernado 30 años en Montevideo y 15 a nivel nacional ya no quedan excusas válidas; todo lo que prometan ya lo podrían haber hecho y lo que han hecho ha sido nefasto para el país.

La sana rotación de los partidos en el poder que suele deparar la democracia quizá le permita al Frente Amplio analizar sin apasionamientos su gestión desde el llano y descubrir los gruesos yerros que no se ven en la lucha por conservar el sillón. Pero es indiscutible a la luz de los datos de la realidad que han fracasado estrepitosamente y que necesitamos evolucionar para intentar dejar atrás este deterioro endémico que sufrimos y emprender un nuevo rumbo más promisorio para el país.

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