Editorial

Divorcio a la europea

La frontera entre las dos es un tema caliente y el volver a los controles fronterizos, ya que Irlanda votó en contra de la ruptura, podría avivar peligrosamente los fantasmas del largo enfrentamiento entre los dos bandos irlandeses y Gran Bretaña.

El divorcio entre Gran Bretaña y la Unión Europea no cesa de provocar convulsiones y la incertidumbre sobre sus efectos preocupa, ya que existe la percepción de que un mal desenlace traerá ondas recesivas. Es sabido que la economía gusta de la estabilidad para su buen desarrollo y no de los climas inestables. Cosa que se traduce rápidamente en las bolsas de valores internacionales como bien se nota en estos días. Gran Bretaña ha sido hasta ahora una parte importante de la ecuación, al ser una potencia que habrá de sufrir si la separación le provoca perjuicios.

Imposible no recordar en estos momentos al Gral. De Gaulle con su postura, antibritánica, cuando argumentaba en contra de que el Reino Unido formara parte de la Mercado Común porque según su punto de vista, no eran de confiar y serían conflictivos. Una posición que vista en el presente tiene visos de premonición.

Para nadie es más difícil la actual situación que para la propia Theresa May, la actual Primera Ministra, quien ha tenido que vérselas con el trago amargo en que resultó el referéndum por el Brexit. Nada más alejado de la realidad que el discurso pro Brexit que aseguraba alegremente que el trámite de cortar los lazos con la U.E. sería algo rápido y simple. En una lucha sin cuartel, ha debido poner en juego toda su inteligencia y tenacidad para lograr el mejor acuerdo.

Pero la cruel ironía es que dentro de sus mismas filas, desde Boris Johnson en adelante, hay quienes en lugar apoyar, complotan en su contra con la pretensión de desbancarla. Al tiempo que el líder laborista, Jeremy Corbin hace lo posible para que caiga el gobierno de May, convencido de que el Partido Conservador quedará fuera y el poder será para ellos y para él en persona.

Gran Bretaña entró en el predecesor (Mercado Común) de la Unión Europea en 1973, pero a nivel político nunca hubo un clima de consenso respecto del bloque. Tanto que el Primer Ministro Cameron decidió impulsar un referéndum en 2016 para terminar de una vez por to- das con las discusiones. Pero “se hizo de una torta un pan”, porque se impuso la separación aunque por poca diferencia (53%-48%) y Cameron se vio obligado a renunciar tras el fracaso de su jugada.

El jueves, May volvió de Bruselas con un acuerdo sobre el borrador que marca la continuidad de una estrecha relación entre la isla y el continente.

Un hecho que se reflejó de inmediato en la suba de la libra, al verse un mensaje como que el R.U. seguirá relacionado con su mayor mercado. Pero hay muchos cabos sueltos aún y algunos con nudos difíciles de desatar, como los referidos a la pesca y el destino de Gibraltar. El Presidente español aprovecha la debilidad del gobierno del Reino Unido para insistir con el reclamo español sobre el austral peñón que fue tomado por la flota anglo-holandesa en 1704 durante la guerra de Sucesión Española y que luego quedó como dominio de los ingleses en 1713, por el Tratado de Utrecht.

Sánchez ha amenazado con vetar el acuerdo del Brexit si no es de recibo la exigencia de España y en la U.E. se mira con buena voluntad ese reclamo, a pesar de que la gran mayoría de esa próspera colonia en dos referéndums optó ampliamente por seguir siendo parte del Reino Unido. Uno de sus 14 territorios de ultramar. Para la mandataria británica es un clavo ardiente, máxime cuando tiene por delante la difícil tarea de conseguir la aprobación del Parlamento, donde deberá enfrentarse a un ambiente de franca hostilidad. Proceso nada simple que deberá darse también en las Cámaras de los 27 países que conforman la U.E. Además y sin jamás perder la calma, May también responde una y otra vez, a las continuas preguntas del periodismo sobre si va a renunciar, a la vez que debe lidiar con otras dificultades de carácter insular.

La frontera entre las dos Irlandas es un tema caliente y el volver a los controles fronterizos, ya que Irlanda votó en contra de la ruptura, podría avivar peligrosamente los fantasmas del largo enfrentamiento donde la religión, (católicos y protestantes), y los intereses del gobierno inglés se enfrentaron dejando un reguero de sangre y dolor, sin que una solución pareciese posible.

Por otra parte está Escocia que fue partidaria de continuar dentro de la U.E. y hoy se fija muy atentamente respecto de las ventajas que puede conseguir Irlanda del Norte dentro del plan propuesto por May, quien mañana domingo se encontrará con los jefes de Estado y de Gobierno de la U.E. para aprobar dos documentos; el de la retirada y la declaración política, que sirva de base para un posible acuerdo comercial, antes de que llegue la fecha límite del 29 de marzo. El tiempo apremia.

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