EDITORIAL
diario El País

Dispersas prioridades en la cumbre

Lamentablemente el presidente se contagió de Covid y no pudo asistir a la cumbre de presidentes realizada en Los Angeles y donde el presidente de Estados Unidos, Joseph Biden actuó de anfitrión.

Hubiera sido importante, tanto para el presidente Luis Lacalle Pou como para el país, que hubiera estado presente. Los contactos personales con otros gobernantes siempre son positivos.

Pese a ello, mediante una videoconferencia dió su mensaje en el que marcó dos prioridades para Uruguay. Una referida a la apertura comercial, la otra a la democracia como identidad nacional y también como forma de convivencia entre los pueblos de América. Para Estados Unidos la prioridad fue diseñar una estrategia consensuada entre los países involucrados, para racionalizar una masiva migración que presiona fuertemente sobre la frontera norteamericana.

En una primera mirada, esa necesidad parecería alejada de lo señalado por Lacalle Pou en su discurso. Sin embargo, así como es urgente buscar una solución al problema inmediato, también lo es buscar una para la causa real de esa migración, que está en la realidad de los países que expulsan a su población.

Ahí sí, los dos puntos mencionados por el presidente uruguayo adquieren particular relevancia.

Por un lado, está el tema económico y la dificultad de estos países para colocar sus productos en otros mercados. Si pudieran hacerlo generarían más riqueza, mas empleo y menos gente tendría que irse. Por otro lado, está el tema institucional. Son democracias imperfectas cuando no dictaduras. Algunos de esos países no tienen siquiera capacidad para garantizar seguridad básica a su población. Por eso la gente está dispuesta a correr riesgos para cruzar más de una frontera y llegar a donde cree que tendrá mejor futuro.

“Uruguay quiere abrirse al mundo y necesita que los demás países y bloques actúen en consecuencia”, dijo Lacalle Pou. Pero no solo es Uruguay quien debería pedirlo; ese tema debió estar sobre la mesa en la cumbre.

El presidente se refirió a aquellos que les llama la atención con quien comercia Uruguay y explicó que esto ocurre porque esos países sí se interesan en negociar acuerdos. “Hay un debe en el resto del mundo, en las potencias, de abrirse a comerciar”.

Cuando el periodista Stephen Sackur de la BBC le preguntó hace poco a Lacalle porqué Uruguay negociaba con China, un país con dictadura, olvidó preguntar (y preguntarse) porqué el Reino Unido no negociaba un tratado con Uruguay. He ahí el problema. Es contradictorio que las potencias cuestionen a naciones como Uruguay por comerciar con países “problemáticos”, pero no se ofrezcan como mejor alternativa.

Parte de la cumbre se fue en discutir la postura del anfitrión de no invitar a las tres dictaduras que aún rigen en nuestro continente.

El énfasis puesto en los ausentes ayudó a dispersar la agenda de la cumbre y mostrar que en América Latina, pese a su retórica de unidad, muchos gobiernos no ven sus problemas del mismo modo ni tienen similar seriedad.

El presidente mexicano decidió no ir en protesta, al igual que el de Bolivia y la de Honduras. Asimismo, el presidente argentino Alberto Fernández, que sí fue, dirigió su discurso en la misma línea que México, Bolivia y Honduras al decir: “el silencio de los ausentes nos interpela”.

¿A quien interpela ese silencio? Podría interpelar a los presentes por la vergüenza de saber que en América Latina aún sobreviven dictaduras rígidas, que cercenan libertades, violan derechos humanos, tienen presos políticos y someten a sus pueblos.

No era a eso a lo que se refería el presidente argentino. El suponía que por no haber sido invitados, esos países eran discriminados. Pero quizás varios presidentes allí presentes, no lo sintieron así porque entendían que no era bueno prestarle un privilegiado escenario a los tres dictadores para repetir sus falsedades y lanzar sus exabruptos.

Por eso, no todos se sintieron interpelados del modo que pretendió presentarlo Alberto Fernández.

Con los problemas apremiantes que tiene Argentina, parece absurdo que el discurso de su presidente se haya centrado en defender a los dictadores y no sumarse a la postura uruguaya de pedir a las potencias que se alejen de su proteccionismo y se abran a un fluido comercio con las naciones americanas.

El énfasis puesto en los ausentes ayudó a dispersar la agenda de la cumbre y mostrar una vez más que en América Latina, pese a su retórica de unidad, muchos gobiernos no ven sus problemas del mismo modo ni tienen similar seriedad y sensatez. Eso hace que algunos crean que estas cumbres, más allá de los buenos y necesarios contactos bilaterales que generan, no conduzcan a nada y los obliguen a buscar sus propias salidas.

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