EDITORIAL

Dinamitando puentes

A juzgar por los reproches del Secretario de la Presidencia al cardenal Sturla, el senador Lacalle Pou tiene los derechos de autor o quizás el monopolio en eso de “tender o construir puentes” entre los habitantes de un país.

El grado de fanatismo e intransigencia que va ganando el escenario político y arrastra a la sociedad ya llega a niveles peligrosos. Lo peor es que demasiadas señales vienen desde el mismo gobierno que, lejos de apuntar a la unidad y la convivencia, en los últimos tiempos azuza cucos y choques a diestra y siniestra.

Allí está el Presidente de la República convirtiéndose en protagonista de una discusión callejera con un colono en plena vía pública y ante las cámaras de televisión. Y allí está también el WhatsApp, presuntamente privado pero que llegó hasta la mesa del informativo Subrayado de Canal 10, donde el secretario de la presidencia Juan Andrés Roballo reprocha al cardenal Daniel Sturla los esfuerzos por mejorar la sociedad y la educación contenidos en un documento de la Conferencia Episcopal Uruguaya; le endilga "un relato muy parecido al de los autoconvocados" y coincidencias ("discúlpame la suspicacia", dice) con la consigna del sector "Todos" del Partido Nacional, a raíz del título: "Construyamos puentes de fraternidad en una sociedad fragmentada". A juzgar por este reproche, Lacalle Pou tiene el monopolio (mundial) o los derechos de autor en eso de "tender o construir puentes" entre los habitantes de un país.

Lo gracioso es que Roballo critica a Sturla por un documento elaborado por todos los obispos del Uruguay donde el Cardenal es solo uno de los firmantes en su carácter de Arzobispo de Montevideo; que además firman Arturo Fajardo (Obispo de San José), Carlos María Collazo (Obispo de Mercedes), Pablo Galimberti (Obispo de Salto), Alberto Sanguinetti (Obispo de Canelones), Martín Pérez Scremini (Obispo de Florida), Jaime Fuentes (Obispo de Minas), Rodolfo Wirz (Obispo de Maldonado), Heriberto Bodeant (Obispo de Melo), Hermes Garín (Obispo Auxiliar de Canelones), Raúl Scarrone (Obispo Emérito de Florida), Nicolás Cotugno (Arzobispo Emérito de Montevideo), Orlando Romero (Obispo Emérito de Canelones) y Milton Tróccoli (Obispo Auxiliar de Montevideo). El colmo es que el propio jerarca molesto confiesa que su reacción surge "sin leer el documento". Algo que no es tan difícil si tenemos en cuenta que son una veintena de páginas en formato chico y letra grande.

El documento, a grandes rasgos, advierte sobre la fragmentación social (que no es lo mismo que desocupación) y pone el énfasis en la educación, una materia que la Iglesia católica conoce muy bien, por varios siglos de experiencia. Si Roballo hubiera llegado a la página 8, vería que allí se dice: "Es posible que muchos se pregunten hoy por qué a pesar de las mejoras de los últimos años en los indicadores económicos y del impulso dado a las políticas redistributivas, que crearon las condiciones para disminuir el número de familias en situación de pobreza, aún subsisten sectores que no han podido acceder a niveles de vida digna. Nos inquieta que los más afectados continúan siendo los niños, que siga habiendo personas que viven en las calles. También nos cuestiona como país percibir muchos signos de deterioro del relacionamiento social, como el aumento de la violencia en diversos ámbitos: la familia, la educación, las calles, los espectáculos públicos".

¿Es cierto o no es cierto lo que afirma? Lo peor, es que varios dirigentes del FA se han sumado a Roballo en las críticas del documento. De ambos extremos de la colcha: desde el comunista Juan Castillo (que aprovecha para cobrarse tradicionales rencores con la Iglesia) hasta el astorista José Carlos Mahía.

Ninguno de los dos, ni nadie de ese partido recuerda, por ejemplo, cuando el cardenal Sturla, en la pasada campaña electoral, se pronunció en contra de la baja de la edad de imputabilidad. No hay nada que hacerle, las opiniones sirven solo si son coincidentes con la verdad política oficial. Tolerar y admitir discrepancias y más aún, ser capaz de cambiar de idea y reconocer haber sido convencido por argumentos esgrimidos por la contraparte no es signo de debilidad sino de madurez intelectual y política. Pero difícilmente exista en el Uruguay de hoy, donde tender puentes parece de "derecha" y entonces a la "izquierda" solo le queda dinamitarlos.

A fines del siglo pasado, cuando Argentina emergía de la dictadura militar, se llevaron a cabo elecciones presidenciales. De un lado Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, y del otro el peronista Ítalo Luder. Al finalizar el acto de cierre de campaña de Luder, que reunió a más de un millón de personas, un grupo le acercó un cajón fúnebre con los colores y siglas del radicalismo y una corona. Entonces, el dirigente peronista y candidato a gobernador por Buenos Aires, Herminio Iglesias (el mismo de "conmigo o sinmigo"), le prendió fuego. Dos días después, perdió el peronismo. El Presidente fue Raúl Alfonsín.

La historia gusta de repeticiones.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos

º