EDITORIAL
diario El País

Del dicho al hecho

Los hechos importan más que las palabras. Y en ocasiones, los primeros desmienten a las segundas; determinadas acciones que realizan las personas, contradicen o ponen en ridículo lo que ellas mismas expresan.

El Frente Amplio ha insistido en su crítica al gobierno por la austeridad en la gestión de los egresos del Estado. A partir del consejo expresado hace un tiempo por el exministro Danilo Astori desde su Olimpo ("no hay que tener miedo de gastar"), no existe dirigente frenteamplista u operador sindical que reclame otra cosa.

Cuando el gobierno replica que se acabó el tiempo de una adicción al gasto que llevó a la quiebra nada menos que a Ancap, la empresa monopólica más grande del país, los gastadores compulsivos lo acusan de insensibilidad. Optan por medrar demagógicamente con las necesidades de los menos favorecidos en tiempos de crisis económica.

Esta semana tomó estado público que la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, dispuso un pago extraordinario de dos mensualidades de 2.000 pesos a los funcionarios departamentales, como forma de "resarcir de forma ficta los eventuales gastos derivados del trabajo a distancia".

La medida causó sorpresa en distintos ámbitos. Y no solo expresaron su discrepancia los dirigentes de la oposición departamental, también lo hicieron connotadas figuras de izquierda. Es muy lindo y simpático cubrir los costos de conexión a internet que los funcionarios necesitan para trabajar desde su hogar, pero resulta desproporcionado si el que los paga es el contribuyente a quien no le han bajado los impuestos, y que debe teletrabajar ganando lo mismo o menos, por el negativo impacto de la pandemia en la economía.

Muchos se preguntan también quién se acuerda de los costos que deben absorber los trabajadores que mantienen el formato presencial e invierten en traslados y otras demandas. No solo no ganan más por todo eso, sino que se ven obligados a financiar con sus impuestos el adicional que reciben los teletrabajadores de Cosse.

Y esto no vale solamente para los empleados del sector privado; vale incluso para los mismos municipales que deben concurrir a sus lugares de trabajo, por dedicarse a limpieza, recolección de residuos o atención al público.

Una medida como la que la intendenta de Montevideo concede a Adeom, además de ser injusta e inoportuna, sienta el precedente para que más sectores de empleados públicos y privados reclamen prebendas similares.

Y de ahí vamos a la reflexión con que iniciamos esta columna. En el discurso, el Frente Amplio aspira a caer simpático a la ciudadanía, reclamando al gobierno más subsidios.

Pero en los hechos, lo ejerce de manera discrecional y absolutamente sesgada, generando un favoritismo que tiene mucho en común con el viejo y dispendioso clientelismo político. Así, queda a la vista del ciudadano la contracara práctica del discurso buenista: el FA gasta sin criterio, en forma selectiva y de rampante inequidad. Atributos que, bueno es apreciarlo, son ya tradicionales de quien ejerce la titularidad capitalina, a juzgar por sus antecedentes como presidenta de Antel.

Otro acontecimiento de esta semana que evidencia una contradicción semejante es el del repugnante tuit del excandidato a la presidencia Gustavo Salle, atribuyendo a un supuesto "lobby judío" la designación del Dr. Henry Cohen al frente del GACH.

Cuando el gobierno replica que se acabó el tiempo de una adicción al gasto que llevó a la quiebra nada menos que a Ancap, la empresa monopólica más grande del país, los gastadores compulsivos lo acusan de insensibilidad.

Sospechar que uno de los científicos más importantes del país, reconocido en el mundo entero, ocupa el lugar que ocupa por una conspiración de una colectividad religiosa, es emplear el mismo paupérrimo y criminal razonamiento con que los nazis atribuyeron la crisis política y económica de la Alemania de la década del 30, a ese mismo enemigo inventado, vituperado y vilmente masacrado.

Lo más revelador es que con su infame mensaje, el Dr. Salle logra desacreditar en los hechos algunas causas respetables que también defiende. Nos preguntamos qué estarán pensando ahora quienes creen legítimamente que la nueva planta de UPM podrá generar un impacto ambiental negativo, si el defensor más aguerrido y vociferante de esa presunción se revela ahora como un vulgar antisemita. Se puede engañar con las palabras que se dicen, pero los seres humanos somos rehenes de los hechos que generamos.

Los desaciertos, inequidades y falacias que unos y otros perpetran a la luz pública, son el mejor mentís al atractivo demagógico de sus promesas.

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