EDITORIAL

Después de Maduro y Guaidó

Nuestras autoridades no advierten que el grupo de Lima es mucho más que un conjunto de países intentando ayudar a la democracia en Venezuela. Se trata de un embrión de alianza continental que involucra todos los países democráticos y exitosos.

Uno de los resultados peores del gobierno que se va es sin duda el de nuestra inserción internacional. Al comienzo el canciller se mostró como un hombre sensato y dispuesto a aprender. Más aún; en un claro intento de tomar distancia de sus predecesores, solía afirmar la prioridad de lo jurídico sobre lo político, confrontando así con aquella legendaria afirmación de Mujica, que tanto dolor de cabeza le generó a su canciller Almagro. Este dolor de cabeza en realidad es lo de menos; lo peor fue que aquella afirmación se constituyó en una referencia insoslayable a la hora de evaluar el cambio en las tradicionales posiciones del país, que tanto lo habían prestigiado.

Un punto en el que este gobierno tiene enorme responsabilidad es en la ausencia de voluntad de avance en procesos de integración con países relevantes para nuestro comercio. Es obvio que las opiniones proteccionistas del seno del gobierno han prevalecido, resultando memorable la opinión contraria del Pit- Cnt a un acuerdo con China, la de todo el Frente para un modestísimo acuerdo con Chile; antes, contra el acuerdo con EE.UU., la defensa de los monopolios del estado en contra de acuerdos comerciales, el más y mejor Mercosur, etc.: toda una lista de expresiones de fuerte contenido ideológico y profunda ignorancia de sus repercusiones comerciales.

Es así que cada día se reportan nuevas pérdidas en el acceso a mercados, porque en tanto nosotros no logramos ningún tratado, nuestro competidores sí logran aperturas, resultando todo en una desventaja para nuestros exportadores a la hora de superar el costo de los aranceles de otros países. Esto es así especialmente para buena parte de nuestra oferta agroindustrial, como se recoge todos los días en la opinión de empresarios de la carne, de la leche o del arroz.

El problema es muy severo y está en la base del cierre de muchas empresas, que suman al hecho de estar en un país carísimo, el de tener que vender afuera con desventajas arancelarias frente a sus competidores, por no querer avanzar en acuerdos, por no querer hacer competir en nada a nuestra propia estructura económica doméstica, con su carga de productividad baja, salarios altos, tarifas locas, presión tributaria severa.

A todos estos dislates hay que sumar la equivocada elección de países amigos que ha realizado este gobierno, que va a tener consecuencias severas cuando, pasada la etapa política se pase a los temas económicos. En efecto, en lugar de tener una política de afinidades en materia de negocios, prefirió entrar en una lógica de relaciones internacionales de comité de base ampliado. Así, nos convertimos en amigos del Brasil de Lula, pero no de Brasil; en el Chile de Bachelet, pero no de Chile; en el Paraguay de Lugo pero no de Paraguay; o en la Argentina de Cristina, o en la Venezuela de Chávez, pero no de Venezuela.

Nuestras autoridades, por notorio compromiso ideológico con Maduro, quizás no advierten que el grupo de Lima es mucho más que un conjunto de países intentando ayudar a la democracia en Venezuela. Se trata de un embrión de alianza continental que involucra todos los países democráticos y exitosos, abiertos económicamente, junto a EE.UU. y Canadá. Esta nueva unión, va dejando de lado a los populistas de izquierda o de dudosa afinidad democrática como México, Nicaragua, Cuba, Bolivia. En este grupo ubican hoy a Uruguay; es con estos con los que saldríamos en la foto: con Evo, López Obrador, Ortega y Díaz Canel. No hace falta ser muy zahorí para adivinar el precio que se pagará por esta elección de amigos. Hay sin duda un nuevo entendimiento americano de países entre sí y con EE.UU. y Canadá, cuya primera expresión, solo la primera, es este tema de Venezuela. Pero estamos afuera, como nos quedamos también en el tema de los acuerdos con EE.UU., con China, con Europa. Ya fue notorio que Bolsonaro en su primera gira no visitó Uruguay. Y Guaidó en la suya tampoco, aunque aterrizó en Asunción, en Brasilia, y obviamente en Colombia.

Esta ausencia de Uruguay del grupo de Lima va mucho más allá que este tema de Venezuela. El mundo entero ve con quiénes salimos en la foto, y así nos manda personajes de cuarta fila cuando intentamos ese invento del grupo de Montevideo, donde súbitamente el gobierno debió cambiar de libreto.

Si se consolida esta nueva expresión de unidad americana que se insinúa en el grupo de Lima, no debemos permanecer al costado, con nuestros aranceles altos y compañeros de foto actuales. Cuando pase la etapa de Maduro y Guaidó, habrá que ver cómo nos deja posicionados este gobierno.

Por ahora muy mal.

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