EL país ha vivido otra trascendente jornada del ejercicio de su democracia y de la libertad de su pueblo para decidir su destino. Nunca está demás señalar que esa posibilidad, todavía envidiada por muchos pueblos, estrella lejana para millones de seres humanos, aquí es ejercicio regular que no nos vino como un regalo desde las alturas. Es el curso de una larga tradición, de una historia de luchas y sacrificios, y generosas entregas, forjada en la acción de sus viejas colectividades históricas, y en especial en la de las gestas nacionalistas tanto la de sus luchadores en los campos batalla, como la de sus grandes figuras en las luchas cívicas.
A pesar de algunas esporádicas violencias que pautaron la lucha preelectoral, la jornada transcurrió en paz, en una nueva expresión de la convivencia democrática que ha caracterizado desde hace muchos años a la fecha, la expresión de voluntad de la ciudadanía en las urnas. No obstante, algunos episodios aislados en los últimos días, previos a las elecciones, crearon temores de lucir ciertas insignias partidarias, como presumimos que ha ocurrido con el Partido Colorado.
EN cambio, la alegría por el triunfo se desarrolló con bullicio, entusiasmo, fervor, pero con una corrección inobjetable.
El triunfo del Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría superó, con los primeros escrutinios de los observados, el 50 de los votos emitidos, por lo que el Dr. Tabaré Vázquez será el presidente de los orientales por el próximo quinquenio. Da razón con ello al dicho que asegura que la tercera es la vencida.
Esa muy buena votación supuso además, vencer en ocho departamentos, mientras el Partido Nacional con el Dr. Jorge Larrañaga lo hacía en los once restantes. En tales definiciones, a juzgar por lo ajustadas y reñidas que son las cifras, terminó por pesar de una manera decisiva la movilización de simpatizantes de la izquierda de diversas parte del mundo que desembarcaron en cantidad de muchos miles, particularmente los que provinieron de la Argentina.
Es de esperar que una de las primeras preocupaciones del presidente electo será la de ir superando los profundos desencuentros de nuestra comunidad nacional, sin lo cual buena parte de los esfuerzos por hacerla más grande, más libre y más justa, se volverán a dispersar o a estrellar en la aspereza de los enconos, y en la soberbia de las intolerancias.
LA visita de los Dres. Larrañaga y Abreu al Dr. Vázquez después de conocerse los resultados de las proyecciones hechas por las empresas encuestadoras, fue tanto una expresión de lealtad al juego democrático como también una disposición para ámbitos de diálogo en torno a los grandes problemas nacionales. El tono de las intervenciones del presidente electo ante la prensa y ante su público parecen traducir un espíritu similar.
Desde hace casi cuarenta años que no hay un presidente de la República que cuente, como ocurre en este caso, con la mayoría en cada una de las Cámaras Legislativas, y naturalmente, en la Asamblea General. Está por lo tanto en condiciones de excepción para estar a la altura de sus pesadas responsabilidades. Ese panorama político no lo disfrutaron hasta ahora, los demás gobiernos que debieron convenir con otras fuerzas políticas, o depender de ellas, que terminaban, en diversas ocasiones por imponerle algunas de sus exigencias.
TIENE en cambio algunos riesgos que pueden ser inquietantes para el país, para el funcionamiento del estado, e inclusive para el prestigio de la fuerza política que tiene esa situación privilegiada. Si la situación de poder que supone, en lugar de apuntar a sus aciertos, se hace valer para avasallar los derechos de las minorías o para cerrar las puertas del diálogo, de la transacción, de la tolerancia, entonces es el suyo un factor negativo para el gobernante, y mucho más para el funcionamiento del Estado de Derecho. No hay que olvidar que más allá de sus mayorías parlamentarias, que si hubo un medio país que lo votó hubo otro medio que no lo hizo, y el presidente que lo fue de un partido político, lo será a partir del próximo 1º de marzo, de todos los orientales.
RECIBE un país saliendo de la crisis, con signos sostenidos y positivos de una acelerada recuperación en las más variadas ramas de la actividad económica, con el pleno funcionamiento de sus libertades y de las instituciones democráticas. El doloroso desplome del Partido Colorado, que ha perdido en todos los departamentos, así como la excelente votación del Partido Nacional con la fórmula Larrañaga-Abreu, hacen retornar al menos por un período, a un régimen de bipartidismo, en el que la vieja colectividad blanca es encarnación y custodia de nuestros más profundos valores nacionales y democráticos.
En cuanto a "El País", como lo ha hecho siempre en situaciones similares, una vez que el pueblo ha elegido a su gobernante, sin abdicar de su prédica, ni apearse de sus ideas, ni acallar su deber de información, le abre al nuevo gobernante una esperanzada carta de crédito que supone un alto el fuego y una voluntad de colaboración con todo aquello que haga al país sin comillas y a su gente.
Barradas y la Intendencia
En la página de Espectáculos se informa de la inauguración en L’Hospitalet de Llobregat, en las cercanías de Barcelona, de una importante exposición de homenaje a Rafael Barradas con motivo de recordarse este año los 75 años de su fallecimiento. La misma está integrada por 35 pinturas e ilustraciones, 20 obras relacionadas con el teatro y 11 dedicadas a sus trabajos para niños.
Esa noticia permitió recordar que en el mes de febrero visitó nuestro país el Alcalde de L’Hospitalet, quien firmó un Convenio Marco de Colaboración con la Intendencia de Montevideo, en el cual se estableció que también en nuestra ciudad se conmemorarían los 75 años de su muerte con una "gran exposición" que tendría lugar en el Palacio Municipal.
Al declarársele "Visitante Ilustre", el Alcalde divulgó, además, que se donarían dos mil euros para un proyecto de inserción laboral en el área rural de Montevideo.
Aunque nunca quedó muy claro qué tenía que ver Barradas con las zonas rurales del departamento, lo cierto es que está por terminar el año, y de la "gran exposición" que se anunciara no se tienen noticias.
Lo más triste es que, mientras en Europa se recuerda su obra, en el Uruguay sigue sin hacerse nada; no se informó qué destino le dieron a aquellos euros y toda la evocación quedaría limitada a denominar "Rafael Barradas", después de su reconstrucción, al viejo edificio Jaureguiberry ubicado frente al Mercado del Puerto.
Se merecía más.