EDITORIAL

El desprecio al campo

Si el gobierno no termina de comprender que vivimos en uno de los países más caros del mundo, que tenemos un Estado asfixiante que expolia a los ciudadanos y se castiga cada vez más a quienes generan la riqueza del país, no hay forma de encontrar solución.

El lunes se conocieron las anunciadas medidas que el gobierno tomaría en respuesta a las demandas que viene realizando el sector productivo agropecuario. Luego de la expectativa generada, entre otros por el propio presidente de la República, los anuncios sonaron a tomadura de pelo para un sector que había probado con hechos concretos la compleja situación que vive desde el punto de vista de su competitividad.

Cuando el presidente Vázquez recibió hace unos días a representantes de los "autoconvocados" que le llevaron sus propuestas, pudimos ver una foto del mejor Uruguay. Un grupo de ciudadanos con un problema real y acuciante que hace a la propia vida del país y no solo a sus intereses particulares (como suelen ser los intereses corporativos que estamos acostumbrados a ver por estos lares) fue recibido por el presidente de la República, se reunieron y conversaron sobre el tema.

En su momento se recogió, como correspondía, el tono mesurado y dialogante de los "autoconvocados" y la elogiable actitud del presidente, en una muestra de republicanismo que por cierto no es lo que los caracteriza. En esa misma reunión Vázquez les prome- tió que anunciaría medidas concretas, las que llegaron este lunes y cayeron como un balde de agua fría a quienes esperaban comprensión por parte del gobierno.

Pasado en limpio el gobierno les tiró unas migajas a los productores agropecuarios que resultó un verdadero insulto a su inteligencia, una bofetada a su reclamo y sigue demostrando que el gobierno no entiende al sector agropecuario y lo que representa para el país. Basta ver que las mezquinas propuestas presentadas tienen un costo de 7 millones de dólares, en un presupuesto del Estado que excede los 17.000 millones y que solo incluye algunas medidas muy parciales para el sector lácteo, los productores de arroz y los hortifruticultores.

Las respuestas no se hicieron esperar y representantes de las gremiales y de los "autoconvocados" se manifestaron desilusionados, calificaron las propuestas de insuficientes y concluyeron que su único efecto será intensificar las manifestaciones. Parece bastante evidente que si la temperatura del sector ya estaba elevada por la situación que vivían y el desdén del gobierno, la insólita respuesta del Ejecutivo solo puede provocar mayor indignación, lo que no solo verifica el desacierto desde el punto de vista económico sino incluso desde el punto de vista comunicacional y político.

Existe también en las torpes medidas del gobierno una marcada intencionalidad de dividir al sector agropecuario al establecer medidas solo para algunos rubros. Ante su absoluta inutilidad este fin no lo lograrán, pero es una muestra más de la gigantesca incomprensión que tienen del sector.

La problemática que denuncian es común a todo el campo e incluso más, porque los problemas de competitividad que reclaman abarcan a todo el aparato productivo nacional, llegando en muchos aspectos también a la industria y a los servicios.

Si el gobierno no termina de comprender que vivimos en uno de los países más caros del mundo, que tenemos un Estado asfixiante que expolia a los ciudadanos sin brindarles servicios a cambio y que se castiga permanentemente y cada vez más a quienes generan la riqueza del país, no hay forma de encontrar solución a este problema. En la raíz del conflicto también existe notoriamente un tema ético. El despilfarro y la corrupción existentes en estos años indignan a cualquiera y más si es el que ha tenido que pagar esa fiesta obscena.

No haría mal el gobierno en mirar lo que ha hecho esta semana el gobierno de Macri eliminando el 25% de los cargos políticos en el Estado, congelando sus salarios y prohibiendo la contratación de familiares. No es una medida significativa desde el punto de vista fiscal, pero lo es desde el ético, donde los gobiernos del Frente Amplio han fracasado estrepitosamente.

Ni como señal ni como medidas de fondo el gobierno ha hecho lo que correspondía, lo que está meridianamente claro para cualquiera que mire la realidad sin anteojeras.

En la disyuntiva de los caprichos ideológicos y los negociados frente a las necesidades del país la balanza se inclina pesadamente hacia el primer platillo en los últimos 13 años. Va siendo tiempo de que se atienda el justo reclamo del sufrido contribuyente y productor nacional que es, al final del día, el que le paga el sueldo a todos quienes desde la altura de la Torre Ejecutiva lo miran con desdén y desprecio.

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