EDITORIAL

Desperdiciada, mentirosa y perdida

Al amparo de la bonanza de la economía mundial, el Uruguay creció a tasas chinas. El drama fue que se gastó como si esos tiempos fueran eternos y ahora se pagan las consecuencias.

Finalmente regresaron los debates políticos a la televisión, un condimento casi olvidado de los años electorales. Óscar Andrade y Ernesto Talvi confrontaron posiciones ante un rating excelente que lo ubicó como el programa más visto en Montevideo (19,8 según mediciones de Kantar Ibope Media). La tónica fue la absoluta corrección y respeto de los protagonistas -de “guante blanco” tituló El País- que elevaron el nivel actual de los choques políticos. Es cierto que se dio en un escenario de elecciones internas de cada partido, donde la prioridad de los precandidatos era trasmitir sus ideas a los eventuales votantes de su colectividad, pero fue muy disfrutable escuchar un cruce de opiniones políticas, sin agravios ni juego sucio.

El punto central del debate fue indudablemente la “década ganada” o la “década perdida” del Frente Amplio en el gobierno. Y allí el análisis de Talvi (la llamó la “década mentirosa”) fue categórico: puede haber habido cosas buenas del FA en el gobierno, pero la situación del país es rematadamente mala, como también era rematadamente mala la situación del país cuando el FA accedió al gobierno tras la gran crisis del 2002. Nadie puede negar lo que hizo el Partido Colorado a lo largo de la historia de este país, pero lo cierto es que entre el 2002 y el 2004 Uruguay cayó en picada y eso, sobre todo eso, marcó la imperiosa necesidad de un cambio y llevó al triunfo del FA. Así de simple, así de claro y así de repetido. Como ahora.

Tras los gobiernos del FA no se puede hablar de “década ganada”. El mundo y el país disfrutaron de una bonanza económica durante años como pocas veces se ha visto en la historia: todos crecían a “tasas chinas” por el alza de los precios de las materias primas. Entró dinero como nunca, pero la incapacidad del gobierno lo despilfarró. Es cierto que algo bueno se hizo, pero fue muy poco ante la oportunidad que se presentó y poco después los números adversos superan en muchos casos los de la gran crisis. El futuro es alarmante si seguimos en el mismo trillo.

A grandes rasgos, el balance dice:

-Después de crecer a tasas chinas terminamos en pobres tasas uruguayas-frenteamplistas: apenas un 1%. Pero también habrá un crecimiento de la deuda pública, actualmente en 40.000 millones de dólares o el 65% del PBI, porque el déficit fiscal que en los últimos años anduvo por el 4,5% ahora se acerca al 5%. En cualquier momento la bomba entra en su cuenta regresiva, tal como ocurre en los hogares de los uruguayos (y de todo el mundo) cuando se gasta más de lo que ingresa y por mucho tiempo.

-El mundo se caracteriza por la globalización y la integración. Los países firman acuerdos comerciales en bloque para garantizar la colocación de sus productos a buenos precios, pero el Uruguay frenteamplista se niega y marcha en sentido contrario al mundo. Consecuencia: perdemos competitividad y cada día es más complicado el comercio con los países que ofrecen mejores oportunidades. Sin bonanza y sin mercados internacionales.

-El tándem del FA y el Pit-Cnt -como se acaba de ver recientemente en la OIT- conspiran contra la inversión en el país. Ahí está el ejemplo de UPM-2 que condiciona su llegada a la aprobación de un régimen laboral de excepción en el tema de ocupaciones de los lugares de trabajo.

-La inseguridad, el narcotráfico y los delitos han alcanzado récords históricos que se baten año a año, mientras el FA ha mantenido contra viento y marea a la dupla Eduardo Bonomi-Jorge Vázquez al frente del Ministerio del Interior.

-Siguen creyendo que los resultados educativos dependen del monto del dinero invertido. Aquello de cambiar el ADN quedó sepultado. No entienden que solo más recursos no significan mejor educación. Todo depende cómo se gaste y en qué se gaste. Para evitar problemas se optó por terminar con la repetición aunque no aprendan nada.

-El enfrentamiento con el campo es algo innato en el Frente Amplio. Es por lejos la principal fuente de ingresos del país: el 85% de las exportaciones corresponden a bienes agroindustriales. Con algo de desidia y mucho de soberbia, Vázquez ninguneó hace un año al campo y sus problemas. Ahora tenemos crisis en el sector lechero y arrocero, que antes eran puntales formidables.

Esta es la realidad de hoy. Mujica por acción y Vázquez por omisión fueron las cabezas del desastre que hoy es Uruguay con el respaldo incondicional de todo el Frente Amplio. Todos, absolutamente todos, apoyaron y son responsables por lo hecho y lo no hecho, por el desperdicio de la bonanza que vino desde afuera y por convertir este ciclo de gobierno en la década perdida o la década desperdiciada. El mundo no espera, que venga el cambio ya.

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