EDITORIAL
diario El País

Derrotar la inercia

"Este tiempo nos impone el desafío de enfrentar desde la Intendencia de Montevideo los embates del programa restaurador de privilegios de un gobierno nacional de derecha que representa los intereses de los sectores más reaccionarios de las clases dominantes".

Si uno lee esta frase, imagina que fue dicha por algún frenteamplista radical, estilo Óscar Andrade o Gerardo Núñez. A lo sumo, uno podría suponer que forma parte del catecismo militante de uno de los sectores más ultraizquierdistas, como el Partido Comunista o el MPP.

Pero no: puede leerse en la primera página del programa común del Frente Amplio a la Intendencia de Montevideo, para el período 2020-2025.

Esta curiosa declaración mandata a los tres candidatos del oficialismo departamental: Carolina Cosse, Daniel Martínez y Álvaro Villar. En fin: si nos atenemos a lo que admitió Martínez en aquel debate con Lacalle Pou, de que él no aumentaría impuestos porque no se obligaría a cumplir con el programa de su propio partido, entonces ahora podría repetir la proeza de contradecirlo. Pero parece difícil, porque en su actual encrucijada ideológica, el peso de comunistas y emepepistas es tal, que ni Martínez ni Mandrake podrían escapar a sus dictámenes fundamentalistas. Ni siquiera alegando una momentánea pérdida de memoria.

La realidad es muy clara: si en la primera página de su programa común, el Frente Amplio emite tamaña declaración de cuño marxista-leninista reivindicando la lucha de clases, será complicado, casi imposible, que sus candidatos convenzan a alguien de conservar aquel perfil socialdemócrata que significara su éxito electoral de otras épocas.

Abrumado y desnorteado por la popularidad del actual gobierno nacional, el Frente Amplio ha abandonado definitivamente la apelación al centro del espectro político y decidido por voluntad propia arrinconarse contra la extrema izquierda.

Poco ayuda que el candidato más centrista que puede ofrecer esté pasando por tan mal momento desde el punto de vista comunicacional, mientras los otros dos se asientan sobre sendos aparatos probadamente radicalizados.

Habría que analizar por qué el FA ha derivado hacia esta tan curiosa encerrona ideológica.

Sin duda parte de la explicación está en la recuperación del espacio de centro por parte de líderes nuevos como Lacalle Pou y Talvi, quienes no solo lo lograron por sus posicionamientos políticos propios, sino también en contraste con la novedosa ala derechista de la coalición, representada por Cabildo Abierto. Enfrentados a esa expresión de derecha minoritaria pero potente, los partidos fundacionales recuperaron un espacio de centro que siempre les había sido propio, del que el FA había logrado correrlos a partir de la crisis de 2002.

Si en la primera página de su programa común, el FA emite tamaña declaración de cuño marxista-leninista reivindicando la lucha de clases, será difícil que sus candidatos convenzan a alguien que no venere la hoz y el martillo.

Ahora, con un Presidente de la República que reivindica una concepción liberal de fuerte impronta humanista, los frenteamplistas se sienten forzados a defender su posicionamiento político a los manotazos, sacando de la galera cucos que solo motivan a los más fanáticos. Pero ya no asustan a nadie. Parecen más bien inofensivos conejitos de los que los ciudadanos se ríen compasivamente, al contraponerlos a la larga estela de irregularidades y despilfarros dejada por tres gobiernos sucesivos que se dedicaron más a fortalecer su aparato de poder que a servir a los ciudadanos.

Con esa frasecita del nuevo programa de gobierno departamental, apuntan otra vez a enfervorizar a los convencidos, sin darse cuenta de que siguen ahuyentando a los frenteamplistas tolerantes, que en la elección de octubre volaron en bandada a las huestes de los partidos fundacionales.

El desafío de la coalición multicolor, de aquí a la elección departamental, será derrotar la inercia cívica que sigue favoreciendo al continuismo.

Nuestra candidata Laura Raffo tendrá que seguir proclamando su eficiente discurso liberal y atento a las demandas sociales. Tiene que convencer a una ciudadanía que ha votado al FA en otras oportunidades y que se encuentra crecientemente defraudada con la pérdida de aquella mística revolucionaria.

Cuando el adversario se empantana en ese tipo de declaraciones que fomentan el odio y la división entre las personas, hay que señalarlo con firmeza, para demostrar a esos ciudadanos dubitativos dónde está el verdadero republicanismo y espíritu de concordia.

El 27 de setiembre se abre una gran oportunidad para los montevideanos.

No la desaprovechemos, abandonándonos a una inercia resignada.

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