Editorial

Demorado Montevideo

¿Cuánto tiempo más creen los partidos tradicionales que pueden demorar la decisión de designar a uno o a varios candidatos a intendente que efectivamente lleve la bandera de la capacidad de gestión de los partidos de oposición en la principal circunscripción del país?

Avanza el año y se van definiendo distintos escenarios partidarios, sectoriales y personales en torno a candidaturas nacionales y departamentales. Sin embargo, sigue quedando pendiente y con un enorme signo de interrogación lo que va a ocurrir con el espacio no- frenteamplista de Montevideo.

La situación es conocida. Luego de un cuarto de siglo de gobiernos mayoritarios departamentales capitalinos frenteamplistas, la conjunción de esfuerzos electorales llamada Concertación logró quebrar el monopolio de la izquierda en mayo de 2015. En efecto, tanto en el municipio CH como en el E, y a pesar de que el Frente Amplio ganó la intendencia de Montevideo por más de 110.000 votos de diferencia, se eligieron alcaldes del Partido Nacional.

En todos estos años ha ocurrido algo singular en Montevideo. Por un lado, no ha habido nada sustancial en la gestión del intendente Martínez que deje pensar que estamos ante un gran gobierno, destacable y distinto a los fiascos anteriores de Olivera y Ehrlich. Pero por otro lado, distintos estudios de opinión pública señalan una aceptación relativa de los montevideanos a la tarea de Martínez, a la vez que subrayan que, desde su labor en el Palacio Municipal, el dirigente socialista logra una proyección política que lo posiciona como posible pre- candidato a presidente por el Frente Amplio.

Las conclusiones políticas de este escenario son evidentes. En efecto, es porque la Concertación dejó de tener fuerza y no fue suplantada por una feroz oposición partidaria blanca y colorada, y es también porque no se avizora una alternativa real que deje pensar a los montevideanos que hay una opción mejor de gobierno en la capital que la que conduce el Frente Amplio, que termina por parecer relativamente satisfactoria esta anodina administración Martínez, y que el actual intendente pareciera por momentos caminar por una alfombra roja para ser candidato de su coalición de izquierdas.

Los partidos de oposición deben despertar de su largo letargo montevideano de una buena vez por todas. Ya entrado el segundo semestre de 2018 y a menos de un año de las elecciones internas, ni es inteligente ni habla bien de la estrategia opositora, que no se vislumbre con claridad una opción seria y posible para Montevideo.

Esta ausencia afecta a la oposición en dos niveles distintos frente a la opinión pública. Por un lado, los partidos opositores se perjudican porque en la principal circunscripción del país, allí donde votan prácticamente 40% del total de ciudadanos, la gente no ve ni percibe una alternativa al Frente Amplio. Por otro lado, porque al no fijar ese rumbo opositor y esa alternativa posible, los partidos tradicionales están dejando el campo libre y le están haciendo realmente la tarea muy fácil al posicionamiento nacional de Martínez.

Piénsese por el razonamiento contrario: ¿acaso existe algún otro departamento del país en el que sus vecinos no sepan ya hoy, a grandes rasgos, quienes son los precandidatos de las principales fuerzas políticas que competirán por el cargo de intendente en mayo de 2020? ¿Acaso no hay liderazgos departamentales bien conocidos en todas partes del país, y allí es donde radica una diferencia enorme con lo que ocurre en Montevideo, en donde el espectro opositor aún no define ni candidato a intendente ni estrategia electoral para ganar el gobierno de la capital?

Es bien sabido que el esfuerzo por Montevideo precisa antes que nada definir qué se hace con la Concertación. ¿Cuánto tiempo más creen los partidos tradicionales que pueden demorar esta decisión sin perjudicar sus propias chances electorales incluso a nivel de la elección nacional? Y es bien sabido también que los temas de Montevideo precisan de al menos un liderazgo político visible, que se los eche al hombro y que muestre a la ciudadanía la capacidad de enfrentarlos con éxito. ¿Cuánto tiempo más creen los partidos tradicionales que pueden demorar la decisión de designar a uno o a varios candidatos a intendentes que efectivamente lleve la bandera de la capacidad de gestión de los partidos de oposición en la principal circunscripción del país?

El país se juega mucho en el próximo proceso electoral que comienza con las internas de junio de 2019. Es realmente muy ingenuo creer que los partidos tradicionales pueden enfrentarlo con chances ciertas de triunfo si no establecen pronto una estrategia política y unas candidaturas firmes y creíbles que den la clara sensación de que se toman en serio la tarea en Montevideo. No hay más tiempo que perder.

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