editorial

Demografía y política internacional

Los uruguayos que vivimos en el país somos en el entorno de los tres millones desde hace 50 años. Esa estabilidad demográfica nos genera una ilusión que nos hace creer que el mundo no varía sustancialmente en este sentido. En definitiva, los chinos y los asiáticos en general siguen siendo mayoritarios, Brasil sigue siendo muy poblado, y América Latina crece a buen ritmo, también desde hace muchas décadas. Sin embargo, tras esas pequeñas certezas, se esconden cambios formidables en la demografía internacional.

En primer lugar, desde la perspectiva histórica. Hay un notable avance general de la población mundial. Éramos 1.000 millones en todo el mundo a principios del siglo XIX; algo más de 2.000 millones hacia 1935; más de 6.000 millones hacia 2000 y está previsto que superemos los 8.500 millones de habitantes en 2035.

Siempre hemos mirado a Europa como continente muy poblado y origen sustancial de los inmigrantes que llegaron a América. Hacia 1900, Europa con Rusia incluida representaba 20% de la población mundial. Sacando China con 400 millones de habitantes, e India con 280 millones, los países más poblados del mundo eran sobre todo europeos, como Rusia con 110 millones, Alemania con 64, Francia y Reino Unido con 39 millones cada uno, e Italia con 34 millones de personas.

Pero lo cierto es que hace 40 años que Europa viene perdiendo peso demográfico y lo seguirá haciendo. En 2000, con Rusia incluida, representaba el 10% de la población mundial. En 2050, se prevé que no supere el 8%. La comparación con países que sabemos hoy son muy poblados llama la atención. Italia, por ejemplo, tenía más habitantes en 1900 que Brasil y que Nigeria juntos. Todavía hacia 1935, era el noveno país más poblado del mundo. Hoy, con menos de 60 millones de habitantes, tiene menos de la mitad que Nigeria —que está en el noveno lugar mundial con más de 140 millones—, y menos de un tercio de la población de Brasil, que supera ya los 200 millones.

Entre nosotros, por supuesto, el peso mayor lo tiene Brasil que se ha despegado del resto de la región en materia demográfica. Muy cercano a la Argentina a principios del siglo XX, hoy la supera ampliamente (la relación es 200 contra 40 millones) y la perspectiva es que siga creciendo hasta alcanzar cerca de 230 millones en 2035. Hacia 2050, todo el continente sudamericano tendrá cerca de 500 millones de habitantes —y nosotros, con suerte, estaremos en 4 millones de personas.

Pero el continente que ha crecido sustancialmente es África. De representar el 6% del total de la población mundial en 1900, hoy ya está cerca del 20% y se prevé que alcance el 25% hacia 2050: a mitad del siglo, uno de cada cuatro seres humanos será africano.

Hay allí potencias demográficas impresionantes. Se destaca, por supuesto, Nigeria, que se prevé tendrá 220 millones de habitantes dentro de 20 años, logrando así un impresionante crecimiento poblacional de casi 100 millones de personas en algo más de tres décadas de tiempo. Pero también los países árabes del norte de África crecen mucho: Egipto, el más importante, pasó de 10 millones en 1900 a 47 millones en 1985, y se prevé llegue en 2025 a 100 millones en total. Turquía, la otra gran potencia regional, pasará de 11 millones en 1920 a 90 millones de aquí a diez años.

Los desafíos que se abren en materia de desarrollo económico y social por causa de estas evoluciones demográficas previstas son enormes. Las reformas políticas y económicas en favor de la democracia y el desarrollo son urgentes. Por poner un solo ejemplo: en la región de África subsahariana, la población total pasará de 450 millones en 2010 a más de 1.100 millones de personas en 2050.

Hay allí repercusiones internacionales muy relevantes que involucran a la seguridad, a las masivas corrientes migratorias, etc. No hay más que ver los terribles naufragios de estas semanas en el Mediterráneo para tomar cabal consciencia de la gravedad del tema. Son tragedias terribles sí, pero que lamentablemente no van a disminuir si la comunidad internacional no se toma en serio la tarea de avanzar en reformas que abran una esperanza de un futuro mejor para esas nuevas generaciones que van poblando los países de África subsahariana con ritmos de crecimiento demográfico tan altos.

La población mundial crecerá muchísimo en países que, al día de hoy, aparecen como los de menor desarrollo económico relativo. Aunque nos resulte lejano, este es uno de los principales problemas de política internacional de los próximos años.

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