EDITORIAL

Una democracia traicionada

En septiembre, Felipe González, el histórico líder socialista español, describió la situación en Venezuela con claridad: "Venezuela es un ejemplo de democracia traicionada.

El Gobierno gana por los votos y después no respeta la legalidad. Persigue a los oponentes políticos, destruye la economía, somete al país más rico de América Latina a una absoluta escasez, no asume su responsabilidad, se busca conflictos con Colombia, antes con Guyana, que no existen, todo para justificar su propio fracaso temiendo las elecciones del 6 de diciembre. Alguien tiene que decirlo con claridad".

El gobierno de Nicolás Maduro está tomando un conjunto de medidas para anular, en los hechos, el reciente veredicto de las urnas.

Si antes, como advirtió González, el gobierno venezolano ganaba por los votos y no respetaba la legalidad, ahora el gobierno aunque perdió las elecciones parlamentarias, tampoco parece estar dispuesto a respetar la legalidad.

El resultado de las elecciones a la Asamblea Nacional fue categórico. La opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) obtuvo el 65,27% de los votos y conquistó 109 bancas; el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) gobernante obtuvo el 32,93% de los votos y 55 bancas. A ello deben sumarse tres representantes indígenas (1,8%).

La reacción del presidente Maduro y su partido, ante semejante desastre electoral, es cada vez más preocupante.

En primer lugar la amenaza.

A poco de conocerse el resultado de la votación Maduro declaró que el buen resultado obtenido por la oposición pondría en peligro los planes sociales y advirtió al pueblo venezolano: "Yo quería construir 500 mil viviendas el próximo año, ahora lo estoy dudando, no porque no quiera. Te pedí tu apoyo y no me lo diste". Y enumeró otras promesas que, según él, estarían en peligro debido al triunfo opositor, como la de entregar 100.000 taxis.

Ese otro ideólogo del populismo venezolano, el actual presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Caballero, no se quedó atrás en sus discursos. Al inaugurar la primera sesión del Parlamento Comunal, en la sede del Poder Legislativo, proclamó que "ahora tendremos un Parlamento al servicio de la burguesía. Por parte de la derecha no vamos a escuchar nada que sea para favorecer al pueblo". Una afirmación que puede desconcertar a los observadores más equilibrados, porque esa burguesía conquistó los dos tercios de los lugares en la Asamblea Nacional.

A veces el derrame de ideas se hace ininteligible. Maduro pidió a un grupo de trabajadores "convertir esta crisis contrarrevolucionaria" —el resultado electoral— en "una nueva situación revolucionaria que le abra la compuerta a una nueva y gran etapa de renacimiento del movimiento revolucionario". Más claro, echarle agua…

En segundo lugar las estrategias para anular, en los hechos, el triunfo de la oposición en las urnas.

Aunque faltan pocos días para que asuma la nueva Asamblea Nacional, la actual mayoría aprobó un conjunto de medidas para intentar acotar, de una forma u otra, la libertad de acción de la nueva legislatura.

Esas decisiones han incluido la designación como Defensora Pública de la jueza que condenó al líder opositor Leopoldo López a 14 años de prisión, en un juicio que ha sido duramente criticado por su falta de transparencia y garantías; la apresurada designación de los trece magistrados del Tribunal Supremo de Justicia; y la instalación de un Parlamento Comunal Nacional que funcionará en la misma sede que la Asamblea Nacional. Este último órgano estaba previsto en la legislación pero no había sido convocado hasta ahora.

Diosdado Caballero proclamó al anunciar la medida que "el poder más importante que hay es el poder de las comunas, no hay otra forma de organización" y agregó: "en las comunas y los concejos comunales debe haber revolucionarios y revolucionarias, esto no puede ser un instrumento de la contrarrevolución".

Maduro fue más claro, anunció: "Le voy a dar todo el poder al Parlamento Comunal". Lo que significa, en los hechos, cambiar la Constitución y desconocer el resultado electoral.

Todo lo cual demuestra que existen muchas formas de ahogar la democracia republicana.

El pueblo venezolano demostró que no se deja engañar por el populismo y que es capaz de defender sus libertades. Nos corresponde a los demás latinoamericanos velar para que pueda continuar haciéndolo.

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