EDITORIAL
diario El País

Democracia, libertad y caretas

El lado positivo de financiar como contribuyentes, un canal que es desembozadamente partidario como TV Ciudad, es que nos permite cada tanto tener una mirada al lado oscuro de la oposición.

Un lado que todos sabemos que existe, pero que muchas veces queda velado por capas de asesores de imagen, estrategias electorales, y restos de pudor republicano. De esto último, cada vez menos.

El hecho es que días atrás, un programa de esa señal encendió una luz impactante sobre las zonas más perturbadoras de lo que se ha dado en llamar “pensamiento de izquierda”. Allí se entrevistaba al mismo tiempo a los senadores del Frente Amplio, Mario Bergara y Alejandro Sánchez, junto con una dirigente del gremio de los estudiantes, Amira Fagúndez. Una decisión llamativa, teniendo en cuenta que se ponía en igualdad de relevancia a tal vez dos de los senadores más influyentes del Frente Amplio, y una señorita cuya legitimidad para opinar de política es casi como la del presidente de Villa Española.

Pero eso no amilanó a la dirigente “estudiantil” que, mostrando que el dogmatismo y la mirada antidemocrática sigue muy vigente en algunos nichos de la sociedad uruguaya, afirmó que “este sistema nos va a seguir oprimiendo como viene haciendo hace muchísimos años, y que como cada vez hay más desigualdad, es necesario buscar una alternativa que mejore radicalmente la calidad de vida de las grandes mayorías”. A lo que agregó que “lo que pasa, como es el caso uruguayo, es que se logran avances, conquistar determinados derechos, pero después vienen gobiernos de derecha, neoliberales que restauran todo lo que había en el pasado. Es necesario construir una alternativa superadora de esto”.

Una entrevista televisiva con dos senadores clave del FA y una fascista de bolsillo de la FEUU, ilustra muy bien sobre las ideas peligrosas que subyacen bajo las caretas de algunos sectores políticos.

Bueno. Por dónde empezar... Es difícil porque es como que la señorita Amira no se hubiera enterado de nada de lo que pasó en el mundo en el último siglo, o sea desde que discursos como el suyo eran más o menos aceptables. Cuando no se sabía que todas esas “alternativas superadoras” ensayadas desde Moscú hasta Caracas, de Phonm Penh a Harare, terminaron en las peores dictaduras que recuerde la humanidad, con millones de personas asesinadas, y otros cientos de millones pasando hambre y miseria.

Amira, asegura ser la voz de las “grandes mayorías”, (vaya uno a saber en base a que), pero sin embargo cuando esas mayorías votan algo que a ella no le gusta, parece que no le sirve tanto. Y quiere una “alternativa superadora” para poder imponer su voluntad a quienes no comparten su receta. ¿Quién le dijo que ella tiene derecho a decidir por el resto lo que es mejor?

Amira no solo es ignorante en historia, en ciencia política, en las ideas del último par de siglos... sino que es una fascista de bolsillo que se cree con derecho a imponer al mundo su dogma ideológico, pese a no tener idea de lo que habla. Si no fuera tan peligroso, sería admirable semejante nivel de petulancia.

La primera cosa que uno esperaría al escuchar eso, es que los dos senadores más influyentes del FA salieran raudos a explicar que se trata de una imberbe con escasas lecturas, y que esas ideas profundamente antidemocráticas no tienen arraigo en su coalición. Pero Sánchez miró para otro lado. El que sí intentó al menos enmendar en algo la plana fue Bergara, quien delicadamente dijo a su turno que “las izquierdas, en contenido, tienen que ser radicalmente democráticas, radicalmente pacificadoras, y radicalmente luchadoras por la libertad”.

¿Sabe cuál es el problema con lo que dice Bergara? Que no es creíble.

Si las “izquierdas” (sea lo que eso sea en el siglo XXI) fueran radicalmente democráticas, sus senadores no se sentarían alegremente con una fascista como Amira. ¿Usted se imagina si un dirigente de Cabildo Abierto dijera el 10% de lo que dijo esa señorita? Ardía el país.

En segundo lugar, esta fuerza “radicalmente luchadora por la libertad”, a la primera de cambio está alegremente dispuesta a sacrificar ese valor. Desde lo más elevado, cuando a dos días de la llegada de la pandemia, ya caceroleaban para que nos encerraran a todos, pasando por lo más banal, como indignarse porque podamos elegir el medio de pago o la compañía de teléfono que queremos, todo el corpus ideológico de “la izquierda” pasa por imponerle a la sociedad cosas contra su voluntad. Una concepción donde la gente es casi incapaz, y necesita un líder que la guíe por el buen camino. Es en el fondo, lo que dice Amira, que parece ser mucho más honesta que Bergara y Sánchez. Al menos lo dice sin vueltas: la gente no sabe lo que le conviene, y no debería poder elegir a quien la gobierne.

Hay que tomar buena nota de estas cosas. Después no hay derecho al pataleo.

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