EDITORIAL
diario El País

El delito y la hipocresía

El episodio en torno a la caída de las cifras de delitos en lo que va del 2020 en Uruguay, debe ser una de las expresiones más claras y flagrantes de hipocresía y doble discurso de parte de un partido político en muchos años. 

Diga que ya no existen programas de humor político en el país, porque si no, se estarían haciendo un festín con lo que está pasando actualmente.

El pasado domingo, el ministro del Interior Jorge Larrañaga anunció que las cifras de delitos habían bajado en forma notoria en los primeros ocho meses de su gestión. Los números son expresivos: los homicidios tuvieron un descenso del 14,40% en comparación al mismo período de 2019, las rapiñas bajaron un 9,24% en el mismo plazo y los hurtos un 19%. Incluso las denuncias por violencia doméstica tuvieron un descenso marginal de un 2%, siendo el abigeato el único rubro donde aumentaron los delitos, aproximadamente un 6%.

Esto es interesante porque ese delito es el que más afecta al sector agropecuario, tal vez el nicho más leal de votantes del nuevo gobierno “multicolor”.

Desde ya que hay que hacer una salvedad al manejar estas cifras. Se trata de un año muy particular, donde la pandemia y las medidas para enfrentar su crecimiento han modificado muchos aspectos del comportamiento social. Aunque, también hay que decirlo, en nuestro país estos cambios tuvieron impacto severo apenas en los primeros meses y luego de Semana Santa las cosas fueron volviendo de a poco a la normalidad.

Pero, además, los procesos que determinan cambios en los comportamientos delictivos suelen ser largos, y los expertos no recomiendan sacar conclusiones muy contundentes con mediciones de plazo tan corto.

Dicho todo esto, la reacción de la oposición frenteamplista ante estos datos positivos en materia de delito son un canto a la hipocresía realmente llamativo. Incluso para los estándares altos en la materia a los que nos tiene acostumbrados esta fuerza política.

El portavoz de la oposición en este tema, el senador y exjerarca del ministerio del Interior, Charles Carrera, se apuró a desmerecer estas cifras, atribuyéndolas por un lado al impacto de la pandemia, y por otro acusando a sus sucesores de “maquillar” los números. No contento con ello, aseguró que una medición propia tomando datos de la prensa, les daría inconsistencias en los datos.

Lo primero que cabe señalar es que el Observatorio que aporta estos datos fue creado por el propio gobierno del Frente Amplio, del cual Carrera era funcionario. Tanto la metodología como incluso el funcionario a cargo del Observatorio son los mismos que diseñaron y contrataron las jerarquías frenteamplista. Y que en tiempos del senador Carrera solo mostraban aumentos en la criminalidad, en cada medición. Pero, además, son los mismos funcionarios y la misma metodología que el propio senador Carrera se encargaba de defender a capa y espada cada vez que se conocían, y que lo llevaban a cargar con insidia y violencia verbal contra cualquiera que los cuestionara. ¿Qué pasó, Carrera? ¿Ahora que muestran otra cosa, no sirven?

Los dirigentes del Frente Amplio cuestionan los primeros datos positivos en materia de criminalidad en una década, que surgen de un Observatorio que ellos crearon, con su metodología y con el mismo jerarca a cargo.

Para terminar de redondear una postura de caricatura, los dirigentes del Frente Amplio anuncian que realizarán un seguimiento de este tema con su propia metodología, que calca la que usó en algún momento una fundación cercana al Partido Colorado, y que en aquel tiempo el propio Carrera denunciaba como casi inmoral. ¡Asombroso!

Vale señalar también que uno de los pocos episodios históricos en el Uruguay donde un dato oficial fue puesto en duda, incluso por los propios funcionarios políticos del gobierno, ocurrió en ese ministerio en el período frenteamplista, cuando el exdirector del Observatorio de Criminalidad, Rafael Paternain, renunció debido a que la cúpula del ministerio del Interior había pretendido modificar las cifras de forma irregular.

Pasando raya, luego de más de una década de crecimiento sostenido de la criminalidad en el país, el nuevo gobierno logra por primera vez un incipiente cambio de tendencia. Que es producto de un perceptible cambio de estrategia y de foco en las políticas contra el delito, de acuerdo a lo prometido en la campaña electoral. Pero la oposición, lejos de festejar y de analizar por qué bajo su gestión no se pudo hacer nada al respecto, se lanza a descalificar, agraviar, y poner un manto de sospecha sobre estas cifras.

Esto ya de por sí deja en claro que ese partido, esos dirigentes, ponen sus pequeños intereses políticos por encima del interés general. Y para hacerlo, descalifican las herramientas que ellos mismos generaron. Realmente, un monumento a la hipocresía.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error