EDITORIAL

Una decisión absurda

El cierre del padrón para trabajar en UBER que votaron los ediles de Montevideo muestra que no se ha entendido el bien que supone la existencia de una posibilidad laboral de la que se puede entrar o salir, trabajar mucho o hacerlo en complemento de otras actividades.

Es difícil creer que haya sucedido: los ediles de Montevideo votaron cerrar el padrón de choferes de UBER, para analizar si el número es o no suficiente a su juicio. En realidad nadie sabe cómo se compone el juicio de suficiencia que elabora un edil antes de resolver simplemente cortar la libertad de trabajo, y hacerlo en un área de la actividad particularmente dinámica, como lo es la de choferes de aplicaciones. La explosión del número de estos choferes puso en evidencia el abuso que suponía la administración de los mal llamados "permisos" de taxímetro, que llevaron a valores exorbitantes la matrícula para trabajar. Todo el mundo pues, simpatizó con un modo de lograr un trabajo en el colmo de la libertad: libertad para empezar a trabajar, a cualquier hora, en cualquier vehículo, sin patrón, sin sindicato (ni obrero ni patronal), sin regulaciones de tipo alguno. Y todo a partir de la modernización tecnológica, con la máxima seguridad y confort de los usuarios, y a partir de un precio que recoge en cada momento la escasez o abundancia de coches: oferta y demanda puras.

Pero tanta libertad no es del paladar socialista que gobierna, por lo que la IMM acordó con la empresa su regulación. Pero ésta, que debió ser mínima para asegurar la libertad responsable de todos los que quisieran acceder a trabajar, devino ahora en un monstruito a la uruguaya. En lugar de asegurar solo las mínimas regulaciones de una pyme en materia de DGI y BPS, ya le crearon aportes a fondos de no se sabe qué, y establecieron obligaciones hasta de la dimensión del baúl, un absurdo total que lo único que ha logrado, al igual que en el taxi, es que los empresarios de sí mismos que son los choferes de UBER, deban arrancar con más capital, con un auto más importante. Y por si fuera poco se les antojó cerrar el padrón para convertir un trabajo libre, voluntario, con precios de competencia, en un monopolio de patentes como las del taxi que la tecnología había volteado.

No sabemos cómo harán los ediles para estudiar cuál es el número de choferes óptimo, algo que en cualquier servicio no regulado se lo aprecia muy bien en el precio resultante de todas las transacciones. Así pues, con la práctica de decenas de países del mundo, la aplicación aumenta sus precios cuando los choferes son pocos —lo que alienta a que haya más— y los baja cuando son muchos, lo que alienta a salir de la actividad. Es el mercado, comprobado en casi todo el planeta menos para los ediles de Montevideo. Cabría preguntarles a estos ediles si no serán muchos los diarios, los autos, los boliches, las tiendas, las aplicaciones de celulares, los clubes de fútbol, etc. Y así podría resolverse la libertad de trabajar a base de planillas Excel...

Lo que los ediles quizás no advierten es que se están poniendo por encima de la libertad de trabajo de la cual estas aplicaciones son, y seguirán siendo, un magnífico ejemplo imposible de voltear a fuerza de discursos, prohibiciones y declaraciones a la prensa.

No han entendido probablemente el inmenso bien que supone la existencia de una posibilidad laboral de la que se puede entrar o salir, trabajar mucho o hacerlo en complemento de otras actividades. Esto último, precisamente, está agravado dado el aumento de costos fijos que van dejando fuera a estudiantes y en especial a mujeres, que complementaban otras actividades con las referidas a la aplicación.

Tenemos la impresión, además, que pretender atacar un punto central de UBER como lo es la flexibilidad de ingreso o egreso al trabajo, va a suscitar en la empresa una enorme presión para extenderse por fuera del sistema, ya que, como se ha comprobado, es imposible de suprimir, y menos aún si coexistieran choferes de UBER regulados y libres.

Hace un tiempo nos tocó viajar con un chofer de la aplicación que planteaba un reclamo bien uruguayo: que se cerrara el padrón de choferes de UBER para lo cual venía intentando armar el correspondiente gremio. Nos pareció una locura, le explicamos que las reglas de UBER eran mundiales, que las tarifas también, que no hay padrón cerrado que una aplicación no pueda abrir, etc. No había caso. Faltaba el argumento moral: …disfrutaste de la libertad de entrar para después evitar que otros entren… En realidad no se diferencia mucho de nuestra lógica sindical, siempre preocupada por mejorar las condiciones de los que tienen trabajo, aunque eso suponga caída del empleo, actual o potencial. Pero, lo inesperado e injusto ocurrió en la Junta de Montevideo.

Es obvio que intentar cerrar el padrón es como tratar de poner porteras al campo. Pero sirve para dejar en evidencia el modo de abordar estos temas por parte de la Junta.

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