EDITORIAL

Todo a su debido tiempo

No hay que fijar criterios o hacer declaraciones que impliquen, a priori, excluir a tal o incluir a cual: porque quizá el que quieran que sea excluido termine con un apoyo ciudadano tan grande que legitime su participación en un gobierno futuro de coalición o viceversa.

Los resultados del pasado 30 de junio dejaron en claro que el escenario de una alternancia en el poder de los partidos políticos es muy posible luego de las elecciones de octubre- noviembre. Pero todo tiene que ser hecho a su debido tiempo, y no hay peor cosa que apurar procesos que precisan de una buena maduración para ser exitosos.

A los resultados de las internas se sumaron las diferencias radicales de estrategias del Frente Amplio (FA) y del Partido Nacional (PN) en este mes de julio. La del FA se mostró con enormes problemas para conformar su fórmula presidencial, y con la eclosión de distanciamientos, diferencias y malos humores a nivel de sus principales dirigentes, que estaban bien disimulados tras la falsa imagen de la unidad partidaria previa a los comicios. La del PN fue sólida, rápida, bien encaminada, tanto desde el punto de vista de la conformación de la fórmula presidencial como de los siguientes pasos para negociar un programa común y una fecha cierta para presentarlo en sociedad.

Además, distintos analistas y comentaristas que en los últimos quince años se ocuparon sistemáticamente de operar en favor de las chances electorales del FA, porque son todos afines a la izquierda y esconden ese perfil identitario tras una aparente objetividad científica, que ya para todos es evidente que es totalmente falsa, ahora han decidido cambiar radicalmente de postura y abrir la puerta al triunfo posible de los partidos desafiantes.

Entre algunos ejemplos que oscilan entre lo más divertido y lo más ridículo, está aquel que en 2014, para denostar la candidatura de Lacalle Pou en plena recta final de campaña, declaró que se parecía a Paulo Coelho y hoy, apuradísimo, ha declarado que el traje de Presidente le queda bien al candidato blanco. O está aquel otro, que hace solamente un año decía que el FA estaría al menos 10 puntos arriba de la intención de voto del PN cuando estuviéramos próximos de las elecciones, pero que ya raudo y veloz acomodó el cuerpo para escribir que el FA va barranca abajo y que lo más probable es que ganen los partidos de oposición.

Por supuesto, hace muchos años que estos análisis no pueden tomarse en serio. Sin embargo, lo importante es darse cuenta de que la sumatoria de tantos elementos distintos, sí es una muestra evidente de que se verifica desde el 30 de junio, una sensación de alternancia posible en el aire político del país.

Empero, importa tener muy claro que esa alternancia es una construcción frágil, difícil y que lleva su tiempo. Algunos actores políticos, quizá muy nuevos en esa tarea, quizá muy entusiastas por haber obtenido buenos resultados o quizá muy apurados por mostrarse como actores claves para el escenario de octubre, han planteado públicamente sus escenarios ideales, sus posibles vetos y sus preferencias partidarias para la conformación futura de un gobierno de coalición que encarne la alternancia a partir de marzo de 2020.

Tanto detalle, hoy, es completamente inoportuno por dos motivos. Primero, porque un gobierno de coalición se formará a partir de los resultados reales, sobre todo parlamentarios, que los distintos partidos políticos obtengan en las elecciones de octubre. Segundo, porque si esa incógnita es algo que hoy nadie puede resolver, lo prudente es asumir que todos los actores políticos que no forman parte del FA pueden llegar a ser, quizá, socios posibles en la conformación de una mayoría parlamentaria que desplace a la mayoría que hoy está integrada por el FA.

En concreto, no es lo mismo un escenario parlamentario en el que blancos y colorados alcancen en conjunto 55 diputados, como fue el que se dio por ejemplo en octubre de 1999, que uno en el que para alcanzar esa mayoría robusta se precise sumar a dos o tres partidos más. Por eso es que es absolutamente necesario que quienes tienen la mayor responsabilidad de conformar esa alternancia posible en este tiempo político actúen con prudencia.

No hay que fijar criterios o hacer declaraciones que impliquen, a priori, excluir a tal o incluir a cual: porque quizá el que quieran que sea excluido termine con un apoyo ciudadano tan grande que legitime su participación en un gobierno futuro de coalición, o porque quizá aquel que se piensa debe ser incluido ni siquiera alcance una representación en el Senado.

Como viene ocurriendo desde el 30 de junio, quien una vez más está actuando con seriedad y prudencia en este tema fundamental es el PN. Con experiencia y solvencia, sabe que todo debe llegar a su debido tiempo.

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