EDITORIAL
diario El País

Deber cívico y garantías sanitarias

En menos de tres semanas los uruguayos estaremos votando por nuevas autoridades en cada departamento. La jornada plantea, en esta particular coyuntura, un desafío enorme. 

Ya no solo se tratará de que todo ruede bien para culminar una gran fiesta cívica, sino que ahora se agrega un elemento novedoso: el de la emergencia sanitaria.

Es necesario que todos quienes estén involucrados se comprometan para que nada salga mal. Desde la Corte Electoral hasta cada delegado de mesa, desde los candidatos hasta cada partido, desde las diferentes intendencias municipales hasta el gobierno nacional. Nada debe fallar. No puede ser una ocasión para que se disparen las cifras de afectados por el Covid-19 después de haber hecho un enorme esfuerzo de cinco meses para mantener la pandemia bajo frágil pero innegable control. Esto exige un gigantesco esfuerzo, paralelo al que normalmente plantea toda elección. Un esfuerzo que no puede tener fisuras.

Quedan pocas semanas y es necesario poner en marcha una estrategia para que en los lugares de votación se respeten por lo menos los dos aspectos básicos que disminuyen los riesgos de contagio: tomar distancia y usar tapaboca. Ambas cosas deben ser cumplidas a rajatabla. Presumimos que las autoridades están coordinando cómo hacerlo desde hace un tiempo, pero creemos importante que la población lo tenga en cuenta y sepa qué pasos habrán de tomarse.

La fecha original de esta elección (fin de mayo) fue postergada mediante una argumentación que forzó quizás lo que sostiene la Constitución, pero que fue un reflejo de innegable sentido común. Hay que recordar que en mayo la pandemia estaba en sus inicios, la emergencia sanitaria en su momento más crítico y poco se sabía del virus.

Hoy sabemos un poco más y si al postergarse las elecciones municipales se tuvo la esperanza de que para esta época quizás las cosas estuvieran mejor, es obvio que ello no sucedió, que lo peor aún puede venir y que es necesario no solo cuidarse, sino cuidar a los demás.

La votación es obligatoria y cada ciudadano debe presentarse en el circuito que le corresponde. No puede, ni aún si quisiera, mantenerse confinado en su casa por temor al contagio. Por lo tanto si se obliga al ciudadano a concurrir a las urnas, como contraparte el Estado debe ofrecerle absolutas garantías de que salvaguardará su salud.

En los lugares de votación deberán respetarse los dos metros de distancia entre un votante y otro al hacer la cola. También deberá exigirse el uso del tapaboca en todo momento. No se trata de que cada uno responsablemente decida, según su libertad, si respeta la distancia o si usa o no el tapaboca. En este excepcional caso, se obliga a usarla. La medida debe ser coercitiva y vigilar que esa obligación se cumpla.

Cuando en una sola jornada, en todos las ciudades y pueblos del país se movilizan casi dos millones de personas, los llamados a la buena voluntad no serán suficientes.

Hay gente que prefiere no atender a los llamados a responsabilidad. Poco le importa tomar recaudos aunque pueda perjudicar a los demás. Esa gente se asusta si teme ser contagiada, pero poco le importa si el problema es contagiar a otros. He ahí el problema, se puede no ser cuidadoso y ser un despreocupado contagiado asintomático pero que a su vez contagia a terceros que quizás terminen internados en un CTI.

Cuando en una sola jornada, en todos las ciudades y pueblos del país se movilizan casi dos millones de personas, los llamados a la buena voluntad no serán suficientes.

Este tipo de llamados se hicieron para la Noche de la Nostalgia y hubo un amplio acatamiento, es verdad, pero no fue total, lo cual se está reflejando en un repunte en las cifras de afectados. Basta imaginar lo que podría ocurrir cuando un país entero se moviliza.

Por lo tanto deberá haber en cada lugar de votación una efectiva vigilancia para que estos dos cuidados claves se cumplan. Quien sea observado deberá acatar y cumplir con las pautas. El que se olvidó llevar su tapaboca, que regrese a su casa a buscarlo. No es tanto lo que se pide, ni tan difícil de cumplir: distancia y tapaboca. Y habrá que ver cómo se hacen, si es que se hacen, los festejos.

La publicidad electoral copará las tandas en radios y canales. Es de esperar que también sean copadas por mensajes que expliquen exactamente cómo actuar y cómo se impondrá el cumplimiento de estas medidas. Hasta ahora, ese tipo de mensajes no apareció.

El país está obligando a sus ciudadanos a dejar de lado los cuidados que cada uno toma para evitar contagios, para cumplir con el deber cívico. Por lo tanto corresponde que al reclamar esa obligatoriedad, el Estado ofrezca a esos ciudadanos todas las garantías para protegerlo.

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