EDITORIAL

El debate de esta noche

En todo el mundo, también acá, este tipo de debates son cuidadosamente pactados. Esto implica que no será una pelea de hacha y tiza sino, como corresponde a los dos principales candidatos presidenciales, tendrá un nivel civilizado.

Esta noche será el debate entre dos candidatos a la presidencia y es mucha la expectativa que el acontecimiento genera. El candidato por el Frente Amplio, Daniel Martínez, y el candidato por el Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, estarán frente a frente para contrastar sus propuestas, discutirlas e intentar convencer a la ciudadanía que una de ellas es mejor que la otra.

¿Qué puede esperarse del debate? Mucho y poco. Todo depende de cómo se desarrolle y también depende de cómo cada uno, desde su casa, lo vaya siguiendo.

En todo el mundo, también acá, este tipo de debates son cuidadosamente pactados. Hay reglas de juego que deben cumplirse, pautas a respetar, tiempos a cumplir y hasta se acuerda de qué forma debe cada uno presentarse y vestirse. Esto implica que no será una pelea de hacha y tiza; hay condiciones previas que marcan un punto de partida parejo para ambos. Es un debate, sí, pero tendrá que ser civilizado, como corresponde.

Al no incluirse al candidato por el Partido Colorado, Ernesto Talvi, quedó en el ambiente un cierto malestar. Tiene razón de estar molesto y debió buscarse una fórmula para que no fuera excluido.

Sin embargo, no es lo mismo que dos personas discutan sus diferencias sobre un tema, que si ello ocurre entre varios. Termina siendo, más que un debate, un panel de ponencias. Cada vez que se ha hecho así en otros países, se percibe un efecto de fastidio en el público.

Uno de los participantes (Luis Lacalle Pou) no consideró bueno debatir con Talvi porque es probable que sean socios en un gobierno de coalición, y por lo tanto entiende que sería un contrasentido marcar hoy diferencias cuando en un mes tal vez tengan que ponerse a buscar coincidencias.

El argumento es sólido, sin duda, desde la perspectiva de una estrategia de campaña cuidadosamente diseñada por el candidato blanco. Pero sigue dejando a Talvi fuera de la competencia.

Esto pone en evidencia que el asunto de los debates tiene sus bemoles. Es verdad que suman un elemento más a la campaña, en especial para el votante con dudas. Pero un candidato tiene legítimo derecho a resolver si le es o no conveniente participar. Por bueno que sea que los presidenciables confronten, lo de legalizar su obligatoriedad es muy opinable.

De hecho ya hubo numerosas situaciones en estos meses, donde cada candidato expuso sus planes y hasta confrontó con sus adversarios. Acontecimientos en que todos fueron invitados y sentados uno al lado del otro, para desplegar sus puntos de acuerdo así como sus diferencias y discrepancias. A eso se suman las entrevistas, algunas muy incisivas, donde los candidatos explican sus políticas. Surgieron además, programas periodísticos con formatos tan estructurados que el candidato más que ser entrevistado, virtualmente polemiza con paneles de periodistas. Por lo tanto, los candidatos tienen múltiples ocasiones de hacer llegar su mensaje y la población de recibirlos, más allá de si esta se muestra interesada en seguir en detalle lo que ocurre en un año electoral. Y si no es así, eso no lo arregla un debate más o un debate menos.

Para el debate de esta noche se le dio importancia al rol que jugarán los periodistas: una media docena de ellos participará en diversos roles. Periodistas de televisión, radio y prensa.

Esto quizás responda a un generalizado malentendido. Los periodistas no son cruciales en un debate. Su rol es tan solo de moderar, ordenar y cuidar que los tiempos se cumplan. No parece tan necesario ser periodista para moderar el debate. En el pasado los hubo conducidos por quien entonces era el rector de la Universidad de la República.

En una entrevista el periodista repregunta y conduce la conversación con certera habilidad, en una conferencia de prensa salen muchas cosas en el torbellino de preguntas hechas por los corresponsales. No sucede así en un debate. Esa actitud incisiva y hurgadora propia del periodista, no le corresponde a un moderador. Incisivos serán, en todo caso, los propios protagonistas, uno con otro.

Donde sí tienen que estar los periodistas esta noche es en el estudio elegido para el debate y así observar qué dicen u omiten decir los contendientes, dónde ponen los énfasis, cuál es su gestualidad corporal, cuándo repiten lugares comunes, en qué momentos se muestran como genuinos líderes o titubean.

Ahí está la esencia del debate, y eso es lo que se ve de afuera. Será lo que verán los periodistas, sin duda. Pero más que nada, lo que verá y percibirá la ciudadanía.

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