EDITORIAL

“Es curioso, Kusturica”

La decadencia cultural va de la mano de un vaciamiento de significados, donde las poses, los gestos y las inflexiones de voz valen más que los conceptos.

No hay duda de que la noticia más impactante en torno al inminente estreno del documental de Kusturica sobre nuestro expresidente, estuvo en la revelación del semanario Búsqueda de la semana pasada. A lo largo de un amable diálogo entre Mujica y el escritor Mauricio Rosencof, parece que el presidente más pobre del mundo dijo que “es la cosa más linda entrar a un banco con una 45... Todo el mundo te respeta”. Siempre siguiendo la versión del semanario de los jueves, Mujica se refirió al “escalón más alto de la delincuencia humana, no sangrienta, al cual se puede apetecer. Es la gloria del capitalismo hacer plata con el dinero de otro. No ya con el trabajo, ¡con el dinero de otros! ¡Es la quintaesencia! ¡Es el destilado del capitalismo!”.

Era obvio que esta expresión de profundo desprecio por el imperio de la ley se iba a viralizar, con lo que el pretendido golpe de efecto que el FA quería dar, estrenando este documental a dos meses de las elecciones, parece haberse convertido en un (nuevo) tiro por la culata. De los múltiples comentarios que esta confesión aberrante motivó en las redes sociales, elegimos un pertinente tuit que firmó José Pablo Franzini Batlle: “lo afirmado por Mujica es, más que nada, la frivolidad de quien no valora la oportunidad de redimirse que le brindó la sociedad uruguaya”. La observación de Franzini es exacta. Quien atentó contra la democracia, pero décadas más tarde fue ungido presidente con el voto popular, debería abjurar de su pasado y pedir disculpas por el daño realizado, como única forma de retribuir la generosa oportunidad que recibió de los ciudadanos. Pero se enorgullece de él. ¡Cuánta oscuridad de pensamiento! Después de un sincericidio de este voltaje, ¿no valdría la pena investigar sobre la versión denunciada por Adolfo Garcé, Federico Leicht y María Urruzola en sendos libros recientes, que vincula a las finanzas del MPP con las tupabandas de los años 90?

Con ser una declaración explosiva, no le va en zaga a otra, que puede presenciarse en el tráiler que promueve la película de Kusturica.

No se trata en este caso de otra confesión antisocial. Es bastante menos que eso, pero igual de significativa. El video publicitario termina con varios primeros planos de Mujica, expresando textualmente lo siguiente: “Es curioso, Kusturica. A veces, lo malo es bueno. Y a veces, al revés, lo bueno es malo”. Música y créditos.

Son varias las preguntas que asoman a la mente del asombrado espectador. ¿Qué quiso decir Mujica? ¿Por qué Kusturica eligió esa frase inane para cerrar su pieza promocional? ¿Por qué intercaló un primer plano de sí mismo mirando al interlocutor con cara de “qué importante lo que estás diciendo”? ¿Será acaso que las audiencias locales y globales valoran algo tan carente de significado, como si se tratara de una profunda elaboración filosófica?

Por eso, lo dicho más arriba. Con todo lo desagradable que puede resultar el entusiasmo explícito por robar un banco, esta otra declaración revela algo casi tan grave: el déficit racional de estos discursos populistas, al lado de los cuales, los consejos ingenuotes de gurúes como Paulo Coelho y Jorge Bucay competirían sin problemas con un tratado de Soren Kierkegaard.

Y son casos como este los que evidencian la frivolidad del abordaje cultural actual.

Cuesta digerir que un realizador europeo que dirigió obras notables, como Underground, Gato negro, Gato blanco, o Tiempo de Gitanos, pueda dar el valor que da a un pueril juego de palabras.

La decadencia cultural va de la mano de un vaciamiento de significados, donde las poses, los gestos y las inflexiones de voz valen más que los conceptos.

Vean qué sorprendentes las dos frases publicitarias que lanzó el FA en el inicio de su campaña electoral: “No perder lo bueno. Hacerlo mejor”. La primera es de un derrotismo tan explícito que sorprende: por primera vez una fuerza política oficialista suplica “no perder”. Y para colmo, al prometer “hacerlo mejor”, están asumiendo sin más que lo que hicieron hasta ahora no estaba tan bien o era francamente mejorable.

Cuando se eligen palabras inadecuadas para expresar las ideas, cuando se comunican conceptos contradictorios con lo que se deseaba expresar, queda de manifiesto que la falta de rigor intelectual aqueja tanto a quienes los formulan como a quienes los reciben.

No es casual que nuestros resultados educativos nos tengan al fondo de la tabla.

Si la racionalidad escasea o desaparece, lo bueno y lo malo son todo lo mismo, o sea nada.

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