EDITORIAL
diario El País

Cumpliendo la palabra

Si hay algo que enoja e irrita a los ciudadanos es la falta de respeto o la absoluta contradicción por la palabra empeñada por los políticos durante las campañas electorales y, si resultan victoriosos, el incumplimiento de sus compromisos.

Y más cuando el desparpajo se dirige a los bolsillos o previsiones económicas de los votantes porque es un tema altamente sensible y prioritario para todos.

De pique, en esta materia, el actual presidente Luis Lacalle Pou marcó una enorme diferencia con su antecesor Tabaré Vázquez. En 2014, el exmandatario recorrió el país con un latiguillo muy atractivo: “No va a haber más impuestos; al contrario, vamos a bajar la carga impositiva” o “la continuidad de la política económica está garantizada y no está planificado, ni en el horizonte, ningún incremento de la carga impositiva” o, ahora en boca de su sempiterno ministro de Economía Danilo Astori: “Nos comprometimos a que no se iban a crear nuevos impuestos y en este gobierno no se van a crear nuevos impuestos”.

Y bueno, si se quiere no se crearon nuevos impuestos, pero ¡la pucha! cómo aumentaron los ya existentes. A los pocos meses de estas tan ampulosas como facilongas promesas, se les vino la noche a los uruguayos en la forma de la “consolidación fiscal” y los impuestos treparon inmisericordes. El ministro pretendió arreglarlo con un “Cuando dijimos que no íbamos a poner más impuestos es que queríamos no poner más impuestos, pero la realidad cambia y nos obliga a cambiar, y el reconocimiento de esta situación lo hago ahora. Pero no hubo mala intención, fue todo de buena fe”. Muy fácil, ¿no? Pero el voto ya se había dado y la mentira y los mentirosos habían ganado.

Lacalle Pou candidato, en campaña electoral, expresó que “El nivel impositivo y de costos de nuestro país está haciendo que miles de uruguayos pierdan su trabajo y que cierren cientos de comercios” y afirmó que “los impuestos no van a subir porque son inconvenientes e innecesarios”. Y a los pocos meses de llegar a la Presidencia, a pesar de enfrentar una tan inesperada como complicada pandemia que ha golpeado durísima en el país y en todo el mundo, al momento de enviar su Presupuesto quinquenal al Parlamento reiteró que “es imposible pensar en un aumento de impuestos. Los bolsillos de los uruguayos no aguantan más carga impositiva”.

Ni la herencia maldita (con déficit fiscal récord) que recibió de su antecesor ni el coronavirus cambiaron la palabra empeñada. Dos presidentes totalmente distintos, dos estilos totalmente distintos, dos partidos totalmente distintos. Tan distintos como la mentira y la verdad.

Obvio que hace falta dinero, pero para este gobierno los problemas que surgen por esa ausencia no se arreglan simplemente con más impuestos. Se trata de pensar y buscar por otras vías los recursos para funcionar. El primero es el ahorro; sus resultados pueden ser medianamente rápidos. Allí hay una lista de locomoción oficial, celulares, encuestadoras “amigas”, publicidad “amiga”, alquileres por locales que no se usan y otros menores. No se puede seguir dilapidando lo que no se tiene (y aumentando ferozmente el endeudamiento) y, aunque lo tuviera, no es propio de un buen gobierno, depositario de la confianza nacional. Y el segundo es producir más. Generar ingresos genuinos con el trabajo de los uruguayos. Apostar a ellos.

El paso inicial lo dio la Ley de Urgente Consideración que, pese a las voces agoreras puso en marcha al país. Y ahora viene el Presupuesto (que entrará mañana, lunes, en el Parlamento), “austero” como lo ha calificado el Presidente, donde se apuesta a reducir rubros prescindibles y a impulsar emprendimientos que aumenten el empleo y permitan afianzar sus tres principales focos: educación, vivienda y salud.

A seis meses de haber asumido el gobierno de coalición, los tiempos inmediatos pueden ser difíciles por la presencia de la pandemia, pero las expectativas son grandes: hay certeza en el rumbo y la palabra del Presidente y los grupos políticos que lo apoyan, expresadas en el programa común de gobierno que el pueblo apoyó con su voto. Se viene cumpliendo. En esta materia, el tema de los impuestos es toda una señal de que se va a continuar respetando lo prometido.

Y, sobre esta base, algunas preguntitas que ayuden a la reflexión para terminar. ¿Qué hubiera pasado en un nuevo gobierno del FA con la aparición imprevista de la pandemia y todas las consecuencias, sobre todo económicas, que ella aparejó? ¿Se hubieran registrado nuevos impuestos (o aumentado los existentes) para golpear el ya castigado bolsillo de los uruguayos? Con el aumento de impuestos incorporado en su programa de gobierno, ¿a qué niveles hubiera llegado la “re-consolidación” fiscal?

El voto ciudadano nos salvó. Seamos optimistas y confiemos en él.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados