EDITORIAL

La culpa la tiene el bloqueo

El presidente del Pit-Cnt sostiene que los problemas de Venezuela son causados por el acoso que sufre desde el exterior y no por el desastroso intento de instaurar el “socialismo del siglo XXI” impulsado por Chávez y Nicolás Maduro.

La palabra bloqueo, tan usada para definir lo que es el embargo comercial de Estados Unidos contra Cuba, se pretende aplicar ahora a Venezuela. Para explicar el deterioro de la economía venezolana y la catástrofe humanitaria que padece el país, los defensores del autócrata Nicolás Maduro utilizan ahora la misma palabra. Así, los males que azotan a los venezolanos y los impulsan a emigrar en masa son culpa de las sanciones dispuestas en los últimos tiempos por el gobierno estadounidense. Una vez más algunos sectores de izquierda apelan al clásico recurso de responsabilizar a otros por su fracaso.

En otros tiempos, muchos incautos creyeron que Cuba estaba sitiada por los barcos yanquis y cortados todos sus contactos con el mundo. Eso es lo que sugería la palabra bloqueo. En los hechos Cuba podía y puede comerciar y relacionarse con todos los países de manera normal, excepto con Estados Unidos. La misma idea de país atacado desde el exterior es la que intenta implantar Maduro para unir a su castigado pueblo y traspasarle las culpas a ese cuco llamado imperialismo. Es difícil que los venezolanos le crean pues vienen pagando con sangre, sudor y lágrimas el desgobierno y la corrupción del chavismo, pero siempre habrá algún crédulo que se trague la píldora, quizás porque no tiene más remedio.

Lo que es inconcebible es que aquí, en el lejano Uruguay, alguien difunda esa teoría de la agresión externa como causa de los problemas de Venezuela. Y más sorprendente es que quien lo diga sea el presidente del Pit-Cnt, Fernando Pereira. Según declaró en nota de prensa el número uno del sindicalismo uruguayo, a Venezuela le resulta "muy difícil producir sobre la base de un bloqueo o sobre la base de amenazas permanentes". De esta manera, al igual de lo que ocurrió con Cuba, se traspasa la culpa del hambre, la miseria y la criminalidad existentes en el país al acoso que estaría sufriendo desde el exterior.

Es lo que los comunistas, defensores a ultranza de la dinastía Castro, siguen alegando desde hace más de medio siglo. Ellos y sus corifeos trasladan sin disimulo los mismos argumentos al caso venezolano, sin explicar las diferencias entre ambas situaciones. No aclaran, por ejemplo, que las primeras sanciones financieras impuestas por la Casa Blanca al gobierno de Maduro no tienen más de un año de aplicación. Es cierto que antes de eso hubo sanciones contra algunos capitostes venezolanos, miembros del entorno de Maduro, acusados de crímenes de lesa humanidad como la muerte de decenas de manifestantes. A ellos se les prohibió ingresar a Estados Unidos o realizar allí operaciones comerciales.

En estos días, tras la reciente farsa electoral ejecutada por los continuadores de Hugo Chávez, Washington aumentó el castigo con prohibiciones tales como las transacciones con la moneda digital —el "Petro"— creada por Maduro así como la limitación en la venta de deuda y activos públicos venezolanos en territorio estadounidense. Conviene aclarar que las sanciones no atacan las transacciones petroleras, por lo que el crudo venezolano se sigue comercializando normalmente en Estados Unidos. Otro dato de la realidad es que también la Unión Europea dispuso sancionar al régimen chavista después del reciente simulacro de elecciones.

Condenado duramente por la mayoría de los países sudamericanos —con la vergonzosa excepción de Uruguay, entre otros— el reciente proceso electoral venezolano no puede convencer a nadie salvo a aquellos que están comprometidos con una causa que nada tiene que ver con la democracia. Son los adeptos al "socialismo del siglo XXI" que impulsó Chávez y que un sector de la izquierda —los comunistas y el MPP— consideran una doctrina vigente sin reparar que sumió a Venezuela en un estado de decadencia sin precedentes en su historia.

Cuesta entender por qué el presidente de la central sindical, Fernando Pereira, adhiere a esa línea que no representa para nada la opinión que los trabajadores uruguayos tienen de Maduro, el hombre que conversa con los pajaritos, que reprime a su pueblo y encarcela a los opositores. Y todavía más incomprensible resulta que se apoye en los mismos argumentos que los comunistas emplean para defender al castrismo que hizo de Cuba un país en donde la máxima aspiración de sus ciudadanos es emigrar.

Parece mentira que con los años que la izquierda y la central sindical llevan denunciando el fascismo, no reconozcan sus síntomas en una Venezuela en donde campean los paramilitares armados por un gobierno represor y corrupto. Bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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