EDITORIAL
diario El País

Cuidarse y ser solidarios

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Era la edad de la sabiduría, era la edad de la necedad. Era la época de la fe, era la época de la incredulidad. Era la estación de la luz, era la estación de la oscuridad. Era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperanza”.

La descripción define la incertidumbre que vive hoy el mundo entero, Uruguay incluido. Estas primeras líneas de la célebre novela de Charles Dickens “Historia de dos ciudades”, fueron escritas en pleno siglo XIX y hablan de otro período histórico. Leídas hoy, parecen proféticas.

Ni bien asumió el nuevo gobierno con un equipo todavía no del todo aceitado, debió afrontar una durísima crisis que nadie tenía prevista hace cuatro meses. La pesadilla no podía ser peor.

A la pandemia se sumó la epidemia de voces expertas que todo lo saben e inundan las redes. Cuando algunos grandes países que cuentan con equipamiento médico sofisticado tropiezan en sus estrategias para enfrentar la pandemia y se ven desbordados, acá surgen en las redes los que todo lo saben. Si en Uruguay todos son mejores DT que los que contratan los clubes, mejores médicos que los que atienden en las sociedades, mejores economistas que los que trabajan en las consultoras y mejores gobernantes que los que gobiernan el país, era inevitable que fuéramos los mejores expertos en epidemias y supiéramos más que los propios expertos. Algunos de estos sabelotodos consideran que el gobierno es demasiado drástico, otros que actúa con lentitud.

No es bueno provocar pánico. Pero tampoco es bueno que para calmar el pánico se trasmita la idea de que la cosa no es tan grave. Grave es. Y la gente necesita que el gobierno trasmita seguridad y esté vigilante.

También están los sorprendidos con la llegada del coronavirus a Uruguay, convencidos de que estas cosas no pasan acá. Si otras epidemias regionales no encontraron lugar, fue porque el clima no era el adecuado o porque el vector que los trasmite no existe en el país. Pero en lo que respecta al coronavirus, no hay barreras y su llegada era inevitable, más en un país tan abierto al mundo como el nuestro.

Las medidas que tomó y sigue tomando el gobierno parecen las correctas y son similares a las que otros países adoptan. Lo que intentan es atenuar el contagio y disminuir su agresividad. Si el contagio se acelera, aumenta la presión sobre la atención sanitaria y se corre el riesgo de hacerla colapsar. Eso ha estado ocurriendo en otros lugares. Nadie, tampoco Uruguay, tiene tal infraestructura que pueda hacerse cargo de todos los casos si se dan en forma masiva y simultánea.

En Uruguay (también en el resto del hemisferio sur) se suma el hecho de que el invierno está por comenzar y, según los que saben, es el peor momento de propagación.

Tomar medidas no es fácil. Las cuarentenas implican recluirse en la casa y eso enlentece el funcionamiento del país y traba su economía y no sirve imponerlas a rajatabla: ¿quién abastece supermercados, almacenes y farmacias? ¿Quién atiende esos locales? La medida, en consecuencia, nunca puede ser absoluta aunque muchos lo quisieran.

El gobierno ha dicho que avanzará a medida que la situación lo exija y eso viene haciendo. En un primer momento se dijo que las clases no se suspendían aunque las faltas no serían consideradas. Con la aparición de nuevos casos, se resolvió lisa y llanamente suspender los cursos en todos los niveles.

El domingo se cortaron los vuelos provenientes de Europa y se dispuso un mayor control en los pasos de frontera. Cada día se anuncia una nueva medida.

Sin duda, no es bueno provocar pánico. Pero tampoco es bueno que para calmar el pánico se trasmita la idea de que la cosa no es tan grave. Grave es. Y la gente necesita que el gobierno trasmita seguridad y esté vigilante. El miedo, no el pánico, desafía a afrontar situaciones.

La pandemia dejará una grave secuela en lo económico. De hecho ya ocurre a nivel mundial: la caída del precio del petróleo, la suba del dólar, los sobresaltos en las bolsas.

En Uruguay estas cuarentenas parciales como la suspensión de clases y de espectáculos teatrales, musicales, deportivos, llevará a que alguna gente deje de generar ingresos o suspenda transitoriamente su fuente de trabajo. Asimismo, el gobierno debe volcar recursos para instrumentar las medidas de emergencia que va adoptando. Recursos que no tenía previsto usar y que quizás ni siquiera los tenga a mano.

Habrá que cuidarse mucho, ser solidario, tener paciencia, aceptar que de esto nadie sabe y que nuestro gobierno, como en el resto del mundo, va probando lo que hay que hacer. En definitiva, como decía un antiguo ministro argentino, hay que esperar que pase el invierno.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados