EDITORIAL

Más cucos frenteamplistas

Bayardi afirmaba en 2017 en Twitter, que él jugaba del lado de “Marx, Lenin, Guevara, Fidel, Ho Chi Minh, Mandela, Josif Broz, Mao”, es decir, alineado tras cinco de los más notables violadores de los derechos humanos del siglo XX.

Cuando el Frente Amplio está en problemas electorales, además de autoasignarse una superioridad moral que lo diferenciaría del resto de los partidos, apela a asustar a los uruguayos con viejos cucos en los que ni sus propios dirigentes realmente creen pero que igualmente diseminan por doquier.

El ministro Murro se ha especializado en esa tarea. Quizá todavía dolido por el nulo, realmente nulo, apoyo que recibió de las agrupaciones frenteamplistas cuando se largó a ser precandidato presidencial, o quizá porque volvió a revisar las viejas páginas de los manuales de mentirosa propaganda comunista con la que forjó su espíritu partidario, lo cierto es que decidió propalar una de esas mentiras que son propias del record Guiness. Declaró que de ganar los partidos desafiantes al Frente Amplio, “no va a haber más aumentos generales de salario para todos los trabajadores”, y que lo que habrá será una “rebaja salarial de jubilaciones y pensiones”.

Hay mucho de infantil en las declaraciones de Murro. Porque si aceptamos la razonable premisa de que un partido político quiere ejercer el poder, y que en democracia para ello lo que debe hacer es ganar elecciones, ¿qué interés podrían tener los blancos y los colorados de eliminar todo aumento de salarios o de bajar pensiones y jubilaciones, si con eso lo que harían sería sin duda enemistarse con la inmensa mayoría de los votantes del país?

Además de esa dimensión infantil que no resiste análisis, en Uruguay hay realidades que no se pueden cambiar así llegaran los chicos malos de las viñetas de Tío Rico Mac Pato al poder. Los ajustes jubilatorios deben respetar pautas constitucionales fijadas en la reforma de 1989; y los salarios de los trabajadores aumentan a partir de negociaciones por sectores cuyas pautas son conocidas por todos. Alcanza con fijarse en los antecedentes de gobierno, esos sobre los cuales Murro y tantos otros frenteamplistas están acostumbrados a mentir: en los años 90 en particular, los salarios reales y el poder de compra de las jubilaciones crecieron.

Pero Murro no es el único abonado a la mentira en campaña electoral. El ministro de defensa Bayardi declaró que “desde la recuperación democrática hasta 2005, hubo 20 años en los que no se tomó ninguna actitud proactiva, en el sentido de buscar la verdad sobre la suerte de los compatriotas detenidos desaparecidos”. Bayardi es el mismo que hace una década reproducía raras teorías conspirativas sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001, y que afirmaba en 2017 en Twitter que él jugaba del lado de “Marx, Lenin, Guevara, Fidel, Ho Chi Minh, Mandela, Josif Broz, Mao”, es decir, alineado tras cinco de los más notables violadores de los derechos humanos del siglo XX.

Más allá de sus opciones políticas tan poco democráticas, lo que realmente llama la atención es su persistencia en diseminar mentiras groseras. Porque o Bayardi está realmente con problemas de memoria de esos que son propios de alguien con alguna de esas enfermedades que llegan con una muy avanzada edad, o no es posible que desconozca, al menos, la definición de la comisión para la paz formada bajo la presidencia de Jorge Batlle en el año 2000 y que procuró justamente, con una actitud proactiva, buscar la verdad sobre la suerte de los detenidos desaparecidos. Sin contar, además, con que en definiciones en sede judicial civil, por ejemplo, ya el gobierno blanco de 1990- 1995 había actuado de forma tal de asumir las responsabilidades que correspondían al Estado por violaciones a los derechos humanos cometidas en tiempos de dictadura.

¿Por qué mienten tan descaradamente estos ministros de Vázquez? Primero, porque la cultura de la mentira está muy asentada en ciertos dirigentes que adhieren a los valores comunistas históricos, como Bayardi o Murro. En definitiva, son hijos del peor estalinismo cultural y político, y no les importa nada lo que realmente ocurrió o lo que en verdad pueda pasar a futuro: con tal de ganar las elecciones cualquier cosa se justifica, y propalar la mentira más burda no es problema alguno. Segundo, porque están desesperados por permanecer a toda costa en el poder, a la vez que desprecian la inteligencia del pueblo. Creen entonces que pueden decir cualquier cosa y que la gente no tiene espíritu crítico ni capacidad para analizar y darse cuenta de que les están mintiendo con descaro. Es tiempo de terminar con esta actitud tan despreciable de gobernantes que saben que están mintiendo e igualmente diseminan sus falsedades con total impunidad. Es tiempo de generar una alternancia de partidos en el poder.

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