EDITORIAL
diario El País

Crónica roja

La crónica roja se llenó de sangre la semana pasada y ha continuado en ésta con el descubrimiento el miércoles de dos cuerpos calcinados y uno desmembrado en el barrio de Peñarol.

Hechos macabros varios, como los pedazos de un cadáver aparecidos en distintos puntos de nuestra costa; una pareja acribillada a balazos delante de sus pequeños hijos en el barrio de Colonia Nicolich en Canelones y la lista sigue aumentando. Para el honesto horror de la mayoría de la población, para el siniestro interés de quienes sienten atracción por los episodios luctuosos y tal vez hasta los que experimentan un obscuro deleite con las series, películas, libros y juegos cargados de terror, historias truculentas, crueldades y abundante violencia.

A la vez, hay otros con una mal disimulada satisfacción. Se trata de los que ven en los tétricos acontecimientos la posibilidad de llevar agua para su molino. O sea, la oposición. Gente del FA, los amigos de Bonomi, el Sr. Leal, por ejemplo, que ya se sentía Ministro del Interior (si ganaba el FA) y ahora pide la cabeza del actual. Son quienes muestran una más o menos inconfesada satisfacción al encontrar un motivo para golpear al Gobierno, al Ministro del Interior, a las Fuerzas Policiales y al éxito que significaba la disminución de los indicadores del delito. Y no es para menos, dado que en el primer trimestre del año han ocurrido 96 homicidios, un 33,3% más que en el mismo lapso del año anterior, con una ola de 16 homicidios producida en 10 días.

Ahora bien, haciendo una lectura más fina, resulta que solo un 4% se debió a rapiñas, copamientos, casos en los que muere injustamente una persona sin tener vínculo alguno con la delincuencia. Gente honesta y trabajadora, como la hubo en tantos sucesos de esta índole bajo los anteriores gobiernos. Con un récord de muertes violentas entre el 2005 y el 2019, prueba del fracaso de los gobiernos anteriores, para darle seguridad pública a la ciudadanía. Son abundantes los recuerdos que lo reflejan. Personas que murieron a manos de criminales o quedaron minusválidos de por vida, como el dueño de aquel restaurant familiar entre Punta Gorda y Carrasco al cual dejaron cuadriplégico. Los dueños de pequeños comercios de barrios peligrosos o aquel otro hombre que se bajó a acompañar a la señora que había llevado hasta su casa. Y el que salía de la suya y estaba por arrancar su auto cuando súbitamente lo balearon para robárselo, dejándolo casi muerto y con serias secuelas a causa de la balas que le metieron porque sí. También viene a la memoria lo ocurrido en una peluquería del barrio de Pocitos, en una panadería, o los repartidores de comestibles, los de garrafas, habituales objetivos de quienes tienen cero respeto por la vida ajena y hasta los médicos que no podían ir a atender a los enfermos en las policlínicas del ciertos barrios.

El mejor accionar de la policía ha proporcionado una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, pero al mismo tiempo se han exacerbado las luchas intestinas entre los narcotraficantes.

Así como la sociedad fue adquiriendo mayor tranquilidad para circular y dejó de oírse hablar de la caterva de accidentes causados por los maleantes que asaltaban a transeúntes, automovilistas y motociclistas o los que se introducían en las casas para robar, (por algo hoy Montevideo es una ciudad enrejada) ya que tanto en rapiñas como en hurtos hubo una disminución histórica. Lo mismo que con el abigeato que cayó del 2019 al 2021, 36,4% y entre el 2020 y 2021, 39,2%, hay otro sector de los habitantes que perdió impunidad; el de los narcotraficantes. A lo largo de los 26 meses que lleva este gobierno, las fuerzas del orden han cerrado 2.527 bocas de venta de droga. Se ha logrado un cifra máxima de incautaciones de pasta base, marihuana y dinero en efectivo del narcotráfico. En 2021, de pasta base 1196 kg. de cocaína, 2.075 kg., de moneda extranjera US$ 742.794 y en pesos una cifra de 17.490.386. Como resultado hay 2.572 nuevos delincuentes presos.

Pero es evidente por otro lado, que ese accionar más efectivo del Ministerio del Interior, el aumento de la prevención, del policía en las calles, los controles, los recorridos, etc. la presencia policial, no solo ha proporcionado una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, sino que al mismo tiempo se han exacerbado las luchas intestinas entre los narcos. Los enfrentamientos entre distintas bandas por los territorios (recordemos cuantos lugares había donde la policía no entraba) y los asesinatos por no pago de deudas. Pero la escalada de los homicidios no es generalizado en todo el país, sino que ocurre puntualmente en los departamentos de Montevideo y Canelones. El Ministro es enfático en no bajar los brazos en el combate al narcotráfico grande y también el chico, una tarea muy difícil, con pocos éxitos en el mundo, lamentablemente.

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