EDITORIAL
diario El País

Un crecimiento de película

Contrariamente a lo que muchos suponen, el cine uruguayo tiene una larga historia. Como muestra, alcanza con recordar que la primera exhibición mundial de esa mágica sucesión de imágenes que creaba la ilusión del movimiento, ocurrió en París en 1895.

Y apenas tres años después, en 1898, un empresario catalán de nombre Félix Oliver trajo de Europa a nuestro país un “cinematógrafo” y se puso a filmar acontecimientos de la vida cotidiana. Cinemateca Uruguaya conserva con esmero una reliquia titulada “Carrera de bicicletas en el Velódromo de Arroyo Seco”, la primera película uruguaya que se conoce y que data precisamente de ese penúltimo año del siglo XIX.

No es menos cierto que al cine uruguayo siempre le costó despegar y transformarse en la industria pujante que representa en muchos países desarrollados. Principalmente operaron las llamadas “razones de mercado”: un menguado público consumidor que impedía amortizar los altos costos inherentes a esta actividad. Por eso, el renacimiento del cine uruguayo vivió diversos mojones en los últimos 40 años, pero casi siempre se trató de esfuerzos aislados que intentaban crear una industria estable y no lo lograban. Hubo buenas épocas para las productoras, que en las décadas del 90 y del 2000 (incluso a contrapelo de la crisis de 2002), ofrecieron servicios de producción a empresas de gran prestigio mundial, para la realización de spots publicitarios. Pero la ficción cinematográfica siguió siendo un debe, combatido con encomiable esfuerzo por iniciativas nacionales (Fona, Instituto del Cine y el Audiovisual, canales de televisión abierta) o regionales (Ibermedia).

Sin embargo, hoy los vientos que soplan para esta industria son bien diferentes y esperanzadores. Es una buena noticia que tal vez ayude a calmar a los eternos quejosos, esos agoreros del fracaso que se solazan en lucrar electoralmente sobredimensionando carencias. El ministro de Industria, Energía y Minería, Omar Paganini, ha anunciado que la producción audiovisual en Uruguay se triplicó en 2021 respecto a 2019, permitiendo al país exportar servicios por 84 millones de dólares y competir en la cancha grande, aportando actores y técnicos para empresas globales como Netflix, Amazon, HBO, Sony, Star+ y Disney+, entre otras. En reciente gira por EE.UU., el ministro Paganini se entrevistó con representantes de esas distintas plataformas, que expresaron su voluntad de dar continuidad a estas iniciativas.

Si con el anuncio no fuera suficiente, bastaría encender el televisor y mirar algunas de las producciones que ofrecen estas plataformas, donde se verá una gran cantidad de caras conocidas del teatro uruguayo. Hasta hace algún tiempo, los actores de mayor proyección internacional solían ser uruguayos emigrados, como Natalia Oreiro y Daniel Hendler, pero prontamente se sumó a la lista César Troncoso, de extensa carrera en la televisión y el cine brasileños. Y ahora es moneda corriente ver películas y series donde aparecen inconfundibles paisajes uruguayos y personajes interpretados por talentosos artistas locales como Roberto Suárez, Josefina Trías, Gabriela Iribarren, Miriam Gleijer y tantos otros.

¿Alguien cree que esta virtuosa generación de puestos de trabajo calificados es fruto de la casualidad? Claro que no.

La primera responsabilidad del éxito cabe a la calidad profesional y pujanza empresarial de las productoras audiovisuales, que han demostrado que el talento uruguayo es competitivo, y al mismo tiempo, una ejemplar capacidad de riesgo.

A ello se suma una política de Estado que ha otorgado positivos estímulos a la internacionalización de nuestro cine, a través del Programa Uruguay Audiovisual (PUA), un sistema de fomento que al inicio de este período de gobierno recibía un aporte de 4 millones de dólares y que en 2021 llegó a los 12 millones de dólares.

La primera responsabilidad del éxito cabe a la calidad profesional y pujanza empresarial de las productoras audiovisuales. A ello se suma una política de Estado que ha dado estímulos positivos.

Y no por último menos importante: el hecho de que se hayan multiplicado por seis las semanas de rodaje respecto a 2019, fue fruto de la política de libertad responsable con que el gobierno condujo la emergencia sanitaria. Las productoras extranjeras desembarcaron en Uruguay por ser el primero en generar protocolos seguros para la realización de rodajes, mientras los países vecinos (aplicando lo que aquí pedían el Frente Amplio y el Pit-Cnt) encerraban a las personas y clausuraban todas las actividades.

Es una buena lección para dar a los enemigos de las economías abiertas: más inversión productiva del exterior generará siempre más puestos de trabajo y prosperidad.

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