EDITORIAL

Cuando crece el desempleo

Los detractores de la ley, los que le han hecho los arreglitos, se ve que nunca entendieron de qué se trataba. Que no apuntaba a los deciles más bajos. Si es hacia ahí adonde el Mvotma apunta, no es la forma sabotear una ley que estaba dando buenos resultados.

Es difícil pensar que el Presidente no estuviera informado sobre las últimas mediciones sobre desempleo. Se hicieron públicas al día siguiente de su intervención en San José. Sin embargo, Vázquez optó por no darse por enterado y se atuvo los datos que le convenían para mostrar una mejor perfomance de su gobierno.

Por lo tanto, cuando un alumno de corta edad lo interpeló con una pregunta en el Consejo de Ministros Abierto, tan incisiva como oportuna, "¿por qué los que no trabajan tienen más beneficios que los que trabajan?" (la misma que se hace mucha gente) el primer mandatario no tuvo reparos, mientras se iba por las ramas, de contestar que cuando él asumió por primera vez la conducción del país, el desempleo estaba en el 18% y en cambio"hoy está en el 7,5%".

Esto a pesar de que el INE ya tuviera los últimos datos indicativos de que al mes de febrero el desempleo ha subido al 9,3%, continuando con la tendencia que viene dándose desde hace un tiempo y que da la tónica de lo que está sucediendo en el mundo laboral. Más allá de que se pueda esgrimir que los valores que importan son los de períodos más largos. Por supuesto, tampoco se acordó de mencionar que al llegar a la presidencia el país dejaba atrás una muy seria crisis económica de la cual por fin, estaba saliendo.

Pero lo cierto es que al segundo mes del 2018, hubo 20.341 personas más sin trabajo que un año atrás. Y el gobierno sabe muy bien que hay luces amarillas en el camino, porque si además se sumara a la gente sub empleada (los que desean y pueden trabajar más horas) y a los desalentados (quienes desistieron de buscar trabajo), según la consultora Deloitte, aquellos con insuficiencia de empleo se estiman en 320.000.

Ahora bien, entre los rubros que mueven la economía, uno de los principales para la creación de ofertas de trabajo es la construcción, que hace algunos años llegó a emplear a más de 70.000 trabajadores aportantes al BPS y ahora son apenas unos 45 mil. Por ese motivo fue que para empujar al sector y al mismo tiempo ampliar las posibilidades de los ciudadanos para acceder a una vivienda, se impulsó y votó en el 2011, la ley de Vivienda de Interés Social, la cual provocó la esperada respuesta.

Creció la actividad edilicia y barrios que habían quedado completamente rezagados empezaron a cambiar de fisonomía a la vez que se abrían nuevas oportunidades para quienes aspiraban a mudarse, a alquilar, a comprar y a invertir. En zonas como el Prado, el Cordón, la Blanqueada, el Centro se empezó a construir, se abrieron nuevos comercios, el barrio se tornó más amigable y cobró una vida más dinámica, al tiempo que crecía la ocupación.

Pero finalmente llegaron las cortapisas. Las nuevas reglas, los topes a los alquileres, las nuevas reglamentaciones restrictivas y como siempre sucede cuando empieza a meter basa la burocracia ideologizada con su afán dirigista, en lugar de mejorar la situación desde el punto de vista de facilitarle la vida a la gente, lo que ha sobrevenido es el languidecimiento de la actividad. De las construcciones, de la oferta de vivienda y de trabajo. Y si no se construye tampoco se recauda. Así de simple.

Algo que se ha repetido en las administraciones frentistas son las visiones políticas contrapuestas. Aunque desde el ministerio de Economía se apunta a generar más actividad económica con todos los efectos productivos que ello trae aparejado, el ministerio de Vivienda piensa y actúa de otra manera. Creen que van a conseguir mejores cosas imponiendo sus criterios y al imponerse lo que consiguieron fue lo del "perro del hortelano..." Por ejemplo, la limitación al número de unidades que deben hacerse de un dormitorio o mono ambientes. Una demostración clara del desconocimiento del mercado, pues hay muchos jóvenes o personas mayores que ese tamaño es el que buscan.

Los detractores de la ley, los que le han hecho los arreglitos, se ve que nunca entendieron de qué se trataba. La iniciativa no apuntaba a los deciles más bajos de la población. Si es hacia ahí adonde el Mvotma apunta, no es la forma sabotear una ley que da los resultados buscados. Más les vale aplicar mecanismos dirigidos esencialmente a ese fin, como siempre se ha hecho.

Lamentablemente, hoy día se están terminando las obras comenzadas antes de los cambios de marzo pasado y si los costos son altos y no hay rentabilidad, no se arman nuevas construcciones. Y aunque ahora el MEF intente sacudir el parate y promueva mantener incentivos para grandes inversiones, el impacto social y económico no será el mismo.

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