EDITORIAL

El costo y la oportunidad

Comprar un museo por 3 millones de dólares tiene un costo oportunidad de 3 escuelas nuevas. Al comprar el Gurvich se renuncia a lo otro, ese es su costo oportunidad.

La compra por parte del Estado del Museo Gurvich ha deparado un debate importante sobre la pertinencia y la ocasión de esa erogación por parte del Estado. Por otra parte, en los últimos días se ha viralizado en las redes sociales un video de la inefable senadora Constanza Moreira que, si no fuera patético por sus implicancias sería para un stand up de gran audiencia en Netflix, intentando justificar esa compra revolucionando la ciencia económica. Analicemos en primer lugar el tema central y luego la colorida defensa de Moreira.

Es evidente que existen objeciones de fondo a la compra del museo por casi 3 millones de dólares por resolución que la ministra Muñoz firmó en enero de este año. La primera es si realmente era una prioridad para el Estado invertir esa cifra o si existen otras. Ciertamente algunos casos que se han puesto como ejemplo, como un mamógrafo para el Hospital de Clínicas, ambulancias para localidades del interior que deben transportar enfermos en carros fúnebres alquilados o depender de la benevolencia de un vecino, locales educativos con problemas estructurales como fue denunciado en el consejo de ministros abierto del lunes en Durazno, entre muchas otras posibilidades. Vale decir, que existen otras prioridades, parece fuera de discusión.

En segundo lugar, suponiendo que esos recursos debieran ser gastados en el área de la cultura, la compra también resulta sumamente cuestionable. Mientras que hay museos públicos cerrados por falta de mantenimiento y personal, mientras valiosas colecciones en custodia del Estado son devoradas por la humedad y las malas condiciones a las que están sometidas, parece un exceso comprar otro museo cuando no se pueden mantener en mínimas condiciones los que ya existen. Cualquier persona que haya salido de fronteras y visitado museos no puede sino llorar al entrar a un museo público uruguayo y ver las condiciones en que se encuentran, la falta de atractivo y de tecnología que tienen y la poca relevancia que se le dan por parte de las autoridades.

Y, en tercer lugar, la compra de este museo en particular y por la cifra que se hizo en negociación directa con sus dueños luce opaca, muy opaca. Dejemos de lado el presunto involucramiento de familiares de ministros de estado y concentrémonos en algunos hechos llamativos. ¿Por qué se pactó la compra en una cifra tan elevada? ¿Por qué se compró además de la obra el edificio, lo que parece más un favor a sus dueños que una decisión conveniente para el Estado? ¿Por qué se hizo con celeridad digna de mejor causa y entre gallos y medias noches? Todo esto no pudo ser explicado por la ministra Muñoz, que goza en este como en tantos temas de una impunidad impúdica para despreciar la inteligencia de los uruguayos.

Pero vayamos ahora a la intervención tragicómica de la senadora Moreira, que se ha destacado durante su actuación en el Parlamento por la originalidad de su pensamiento, lejano al sentido común del uruguayo, de sus concepciones democráticas y de sus prioridades. En estas condiciones que haya salido senadora realmente entraña un mérito superlativo; es mucho más fácil ser electo si uno respeta a los ciudadanos.

En el video de marras la senadora Moreira intenta justificar la compra del Museo Gurvich explicando el concepto económico de “costo oportunidad”, con tono soberbio y pausado. Trascribamos a la legisladora para no incurrir en el peligro de tergiversar sus palabras: “Hay una parte de la discusión que es por qué compramos el Gurvich y no otra cosa. Y siempre digo que esas discusiones olvidan un elemento básico que se llama el costo de oportunidad. Compramos el Museo Gurvich porque es comprable. No hay otras cosas para comprar. A eso los economistas le llaman costo de oportunidad.”

Como ocurre con Venezuela, lo que dice Moreira es exactamente lo opuesto de la verdad. El concepto de costo oportunidad precisamente lo que mide son las alternativas que uno tiene al realizar una compra y, en particular, a la mejor alternativa posible. Por ejemplo, comprar un museo por 3 millones de dólares tiene un costo oportunidad de 3 escuelas nuevas. Al comprar el Gurvich se renuncia a lo otro, ese es su costo oportunidad.

El Museo Gurvich evidentemente no se compró “porque es comprable” como absurdamente dice Moreira, ni es cierto que “no hay otras cosas para comprar”. No tiene sentido discutir con una legisladora que permanentemente recurre a la mentira y al agravio para defender lo indefendible, pero sí que los ciudadanos tengamos en cuenta que no se puede tomar en serio a quien es un mal chiste de sí misma.

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