EDITORIAL
diario El País

El cordón sanitario

En las últimas elecciones no solamente ganó con amplia mayoría parlamentaria un gobierno multipartidario, sino que además la izquierda vernácula confirmó su marcha a la radicalización política. Y eso es muy preocupante.

La expresión cordón sanitario aplicada a la política tuvo muchos usos a lo largo del siglo XX. En las relaciones internacionales y luego de la revolución rusa de 1917, la metáfora señalaba a un conjunto de alianzas que intentaban limitar la influencia de la Rusia bolchevique en Europa del Este, y en particular con relación a la efímera república socialista soviética de Hungría de 1919.

Luego de la segunda guerra mundial, el cordón sanitario se aplicó en la política de principales países aliados a Estados Unidos de Europa occidental. En efecto, en la lógica de la Guerra Fría parecía del todo imposible que los partidos comunistas de Francia o de Italia, de importantísimas votaciones en los años 50 y 60, pudieran efectivamente alcanzar el poder.

A partir de distintas estrategias de alianzas y de regímenes parlamentaristas flexibles, la metáfora del cordón sanitario describió cómo esos dos países tuvieron sucesivos gobiernos de mayorías amplias conformadas por distintos partidos, pero que siempre excluyeron a los comunistas.

Los motivos del cordón sanitario eran por demás entendibles. Tanto luego de la revolución rusa, como también luego de la segunda guerra mundial, por todo el mundo era sabido que los partidos comunistas llevaron adelante políticas dictatoriales y opresoras en todos los países en los que, infelizmente, terminaron gobernando. Desde entonces los estudios históricos más punzantes en este sentido no han hecho más que confirmar los detalles de las penurias e infamias que sufrieron todos los pueblos que soportaron la aplastante bota comunista en el poder.

Lo interesante de la expresión cordón sanitario es que, un siglo más tarde, puede llegar a ser útil para mejor describir la situación política que se abrió con nuestra elección de 2019. En efecto, no solamente ganó con amplia mayoría parlamentaria un gobierno multipartidario, como eran por ejemplo los de Francia de la IV República de mediados del siglo XX, sino que además nuestra izquierda confirmó una evolución en un sentido de radicalización política que es muy preocupante.

Las corrientes moderadas o socialdemócratas en el Frente Amplio (FA) quedaron en franca minoría: al menos 8 senadores en 13 y 33 diputados en 42 del FA responden a lineamientos ideológicos radicales. Eso quiere decir, por ejemplo, que adhieren a las dictaduras de Maduro y de Cuba; que descreen sustancialmente de las garantías liberales que conforman nuestro orden constitucional, si bien se desenvuelven políticamente bajo sus reglas; y que son tentados por implementar políticas populistas de mayor presencia estatal y puesta en tela de juicio de la propiedad privada, cuando no reivindican claramente el destino socialista para la estructura productiva y la convivencia social del Uruguay.

Todo esto es conocido. Está detrás el peso sustancial del Partido Comunista en el FA, no solamente a partir de una mayor votación que antes, sino también a través del peso que conserva en la militancia de la coalición, esa que es el alma de su aparato de gobierno interno. Pero también está su influencia histórica en la formación de los cuadros izquierdistas en general, incluso de esos que hoy posan de moderados pero que se nutrieron de su propaganda y sus consignas: el caso más evidente quizá sea el del senador electo Bergara, hijo dilecto de la juventud comunista de los años 80.

Desde la noche misma del balotaje e incluso durante toda la campaña electoral, el tono de ese FA radical y mayoritario ha sido de dura confrontación con la coalición mayoritaria que ganó las elecciones. Muchos de sus dirigentes han sido claros en señalar, por ejemplo, que no están dispuestos a aceptar pacíficamente que el país lleve adelante el programa de gobierno que ganó las elecciones.

En este escenario es que importa el concepto de cordón sanitario en un doble sentido. Primero, porque como en los casos de Francia e Italia en la posguerra, es claro que ya hubo situaciones en las que países salieron delante, y de gran forma, a pesar de contar con izquierdas radicales fuertes electoralmente y aguerridas socialmente. Segundo, porque es posible que este Uruguay de mayoría plural que alumbra en 2020 termine repitiendo esta historia a su manera, es decir, que deba construir un camino de prosperidad democrática implementando claramente un cordón sanitario en el que se aísle a una izquierda radicalizada y rencorosa.

El cordón sanitario es una metáfora de otra época, pero puede llegar a narrar muy bien lo que ocurra en el Uruguay de los años 20.

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