Otra vez el escándalo que significan miles de litros de leche (35.000) desperdiciados, sacude a los uruguayos. A su conciencia social y a su sentido común. Primero tuvieron que hacerlo los productores y ahora la principal empresa o mejor dicho, la gran cooperativa lechera, Conaprole.
Hace más de un mes, (11 de setiembre) que la industria láctea está jaqueada por un gremio que, como se ve, está dispuesto a dañar seriamente a la industria donde trabaja, al mismo tiempo que no respeta ni límites, ni acuerdos. Porque sus pretensiones de doble aguinaldo y de aumento salarial sobrepasan la pauta que fuera establecida por el gobierno, a raíz del estancamiento de las negociaciones entre las partes, a pesar del largo tiempo transcurrido. La cual no es para nada inferior y se corresponde con otras instancias en las que el Ministerio de Trabajo ha intervenido, al no lograrse un entendimiento. Y a pesar de tratarse de un sector cuyos sueldos son de un más que aceptable promedio que en la industria en general, anda por los $12.000, aunque en Conaprole, son más altos. La categoría más baja, según su presidente, ronda los $19.000 nominales. Dado que hace ya tanto tiempo que la producción de leche, algo que se podría catalogar hasta de servicio esencial, por lo que representa desde el punto de vista social, se encuentra distorsionada con la total impunidad de quienes no se avienen a lo decretado por el gobierno, cabe preguntarse para qué sirven los consejos de salarios, cuya restauración fue tan aplaudida por los dirigentes del Pit-Cnt y por el oficialismo.
Si se trata de un empresario que no responde a lo pautado, el gobierno encuentra la forma para obligarlo a cumplir, para multarlo, etc. (o le ocupan la planta); pero si los que no acatan el compromiso son los dirigentes sindicales, por lo visto no pasa nada. Mientras tanto, el sindicato de Conaprole, que lidera al resto de la gente que se desempeña en otras empresas y cooperativas, lleva alegremente hacia el despeñadero a sus fuentes de trabajo, dado que los paros de 3 horas por semana por trabajador han sido organizados de manera de afectar seriamente el funcionamiento de la planta. Por ejemplo, una máquina que se apaga y no puede volver a funcionar enseguida, sino mucho después.
Aunque luego han puesto el grito en el cielo y acusan a la directiva de Conaprole de haber echado la leche en el campo, cuando la usina todavía tenía capacidad, con un ánimo propagandístico. Se trata de un predio con el que cuenta la cooperativa, autorizado por la Dinama, para emergencias de este tipo y las autoridades de la empresa explicaron las razones de semejante decisión. La incapacidad de vaciar los camiones cisterna en el tiempo habitual, debido a la actual situación, lo que impedía ir a los tambos en busca de la carga diaria que no puede esperar. Las nobles vacas no saben de paros, ni de luchas gremiales, ni los tamberos tampoco. Y las autoridades de Conaprole tomaron esta drástica medida al considerar que era muy perjudicial para los productores tener que tirar la sustancia en sus predios, como había sucedido anteriormente, porque sus esfuerzos para contar con lagunas de tratamiento de los líquidos habrían sido vanos.
Al tiempo que los responsables del actual caos siguen en su postura intransigente, haciendo caso omiso del decreto, la Dinama pretende ponerle a Conaprole una multa de 1.000 UR por el vertido sin una previa autorización de la leche, si bien la empresa tiene 10 días para hacer sus descargos. También se acusa a los directivos de la planta por tirar el producto en vez de donarlo, lo que en primera instancia suena como muy lógico, pero es indudable que hay un problema de logística que no hace posible salir a repartir al menudeo, aun cuando en algunos momentos se haya podido hacer algunas donaciones.
Y una de las consecuencias graves de lo que sucede y que debería ser tenida en cuenta por los dirigentes sindicales, es que se está poniendo en riesgo cierto el mercado internacional, que tanto trabajo cuesta conseguir. Cuando el país no cumple con sus compradores del exterior, no solo hay que pagar multas, sino que es muy posible perderlos, una vez pierdan la paciencia. Otras plazas habrá, hacia las que los clientes difícilmente ganados podrán inclinarse.
El daño al sector lechero, lo es también para el Uruguay.