Editorial

Conaprole, productores y sindicatos

En estas instancias vuelve a quedar en peligro la cadena productiva con las desmedidas exigencias sindicales. Máxime cuando los tamberos hace 3 años que venden la leche al mismo precio, mientras los operarios han recibido en ese tiempo, 34% de aumento.

El Uruguay es un país que se caracteriza, no por el número de acuerdos comerciales que ha sabido negociar y concretar, sino por todo lo contrario. Mientras naciones co-mo Chile han sabido tejer una amplia red de acuerdos de libre comercio a lo largo y ancho en el mundo, nosotros seguimos estancados en el Mercosur. Un tratado que nació tras la firma en Asunción en 1991 —bajo el gobierno de Luis Alberto Lacalle— con gran impulso y buenas intenciones.

Pero la realidad es que nunca se cumplió a cabalidad el objetivo de que la región se convirtiera en una real unión aduanera. Si bien en sus principios dinamizó a la actividad comercial y hubo mucha exportación a los vecinos, luego se fue desvirtuando su letra y su espíritu (acuerdo comercial y no político) hasta ser actualmente más un lastre, que una ventaja. Tampoco el tratado con México que fue toda una excepción haberlo logrado, dado que nuestros grandes socios Argentina y Brasil nos tienen maniatados, no ha rendido los frutos que se esperaban de él y seguimos pataleando en el barro.

Lo triste es que la habilidad, la inteligencia y sobre todo la determinación pa-ra ampliar nuestras posibilidades económicas de parte de los tres gobiernos del Frente Amplio quedan patentes con la sarta de traspiés y los palos en la rueda de los que el partido de gobierno ha hecho gala, con respecto del TLC con Chile. Demoraron su ratificación parlamentaria desde el 2016 a pesar del papelón que esto significaba para su propio Presidente, quien curiosamente desdeñó los votos ofrecidos por la oposición demostración que para Vázquez, entre el país y el partido, el segundo cuenta más.

Recién este 31 de julio, los frentistas finalmente levantaron el brazo. En Chile, antes de que se cumpla un mes ya fue aprobado. Debido a ese aislamiento, los productos uruguayos deben competir en el mercado mundial en condiciones muy desventajosas frente a otras naciones beneficiadas por sus respectivos tratados comerciales. Es difícil la competencia con adversarios como Nueva Zelanda, por ejemplo, que le vende a China sus productos lácteos libres de aranceles. Aunque Uruguay va-ya a la guerra con un escarbadientes, algo se le vende igual a los chinos. En el primer trimestre del 2018 se exportó a China el mayor volumen de lácteos para ese período desde el 2016 y en facturación se obtuvo el ingreso más grande, a partir de enero-marzo del 2014, con solicitudes por 3.225 toneladas, por un valor de US$ 7,7 millones. El sector lácteo representó en 2017 el 7% de nuestras exportaciones, precedido por la carne bovina (17%) la celulosa (15%) y la soja (13%) ¿Y cuál es la nave insignia de la producción lechera uruguaya? Sin duda alguna Conaprole, la empresa no estatal que más factura en Uruguay. El 75% de su producción se vende al exterior y de los US$ 591 millones exportados el año pasado, US$ 421 le corresponden. Las otras que hoy venden pero muchísimo menos, son Calcar, de Melo y Claldy, de Young. Lo preocupante es que la industria lechera no solo tiene las contras provenientes de un pobre manejo de la inserción internacional.

Tiene enemigos que están en el corazón mismo de la industria. Los sindicatos. A pesar de los graves problemas que existen en este sector productivo, con tambos que se cierran y tamberos que desaparecen, lo cual trae serias secuelas tanto de orden económico como social, los dirigentes gremiales actúan con una ceguera espeluznante. Atentando con cero empatía ni consideración, hacia su propia fuente de trabajo.

En Conaprole trabajan 1800 personas, un número seguramente exagerado y poco productivo, más allá de la calidad alcanzada en sus productos. Sin embargo, no dudan en poner en jaque una y otra vez, a la inmensa cooperativa y a los productores que le venden su materia prima. Con una tozudez inconcebible, son capaces de hacer paros por cualquier cosa, como que se despida a alguien con fundadas razones, tensando la cuerda hasta el límite de obligar a los tamberos a tirar la leche en las banquinas, en una cañada, como ya sucedió.

En estas instancias vuelve a quedar en peligro la cadena productiva con exigencias que se traducen en más aumentos de sueldo. Ante esto, la gremial de productores insiste con razón, que no se puede. Máxime cuando los tamberos hace 3 años que venden la leche al mismo precio, mientras los operarios de Conaprole han recibido en ese tiempo, 34% de aumento. Si bien los productores transaron con el acuerdo propuesto por Trabajo, los sindicalistas no aceptan la cláusula de paz que puede llevar una cierta tranquilidad a Conaprole y a los tamberos, por los próximos tres años.

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