EDITORIAL

Complaciendo al chavismo

Encabezados por José Mujica, sectores del Frente Amplio condicionan la política medrosa y equivocada del gobierno uruguayo en relación con el régimen imperante en Venezuela.

El pacto de hermandad con el chavismo de diversos sectores del Frente Amplio sigue condicionando la acción del gobierno uruguayo con relación a Venezuela de una forma que carece de justificación. Ni las siempre aducidas razones comerciales ni la supuesta gratitud que le debemos a la "revolución bolivariana" por viejos actos de "generosidad" del coronel Hugo Chávez alcanzan a explicar la política medrosa, contradictoria y equivocada del gobierno de Tabaré Vázquez en la cuestión venezolana.

En esta materia, el MPP, el partido Comunista y otros grupos políticos de izquierda de menor cuantía impiden la condena que merece el gobierno de Caracas por violaciones a los derechos humanos y su creciente autoritarismo. Un gobierno de facetas facistoides como el de Nicolás Maduro ha hecho méritos suficientes como para privarlo de todo apoyo de parte de Uruguay aunque esos sectores, aunados a la cúpula del Pit-Cnt, insistan en defenderlo a capa y espada.

Piedra angular de ese bloque uruguayo pro-chavista, José Mujica ha mostrado su total coherencia en el respaldo al mandamás de Caracas y su militarizado elenco.

Desde hace más de una década el ex presidente y hoy senador viene predicando la necesidad de mantener la mejor relación posible con ese gobierno en reciprocidad con las simpatías que Chávez habría exhibido otrora —petrodólares mediante— hacia el Uruguay gobernado por el Frente Amplio. Ese sentimiento llevó a Mujica a extremos tales como retratarse alguna vez vistiendo una chaqueta de militar venezolano y hasta a avalar de manera incondicional la actuación de comisionistas —ligados al MPP— en los negocios pactados entre Uruguay y Venezuela.

Negocios de la empresa "Aire Fresco" y otras de similar origen que no han podido ser investigados por una comisión parlamentaria debido a la oposición encabezada por el líder del MPP. Tan fuerte fue el veto de Mujica y los suyos a esa investigación que se arrasó con la opinión de parlamentarios oficialistas partidarios de indagar el asunto. Uno de ellos, Gonzalo Mujica, se plantó con tanta firmeza a favor de la investigadora que terminó prácticamente excluido del Frente Amplio. Y como consecuencia de esa adhesión inconmovible a Venezuela la coalición de izquierda perdió su voto 50 en la Cámara de Diputados, algo que no le había sucedido nunca en 12 años de gobierno.

Otra prueba de la trascendencia que los pro-chavistas compatriotas le adjudican al tema es lo ocurrido con el excanciller Luis Almagro, entrañable escudero presidencial en el lapso 2010-2015 que resultó expresamente excomulgado por Mujica después que en su flamante condición de secretario general de la OEA se atrevió a criticar el viciado proceso electoral de Venezuela y a denunciar las violaciones a los derechos humanos perpetradas en ese país. De inmediato, Mujica lo puso de patitas en la calle por desalinearse en la política de silencio y complicidad ante los desmanes del chavismo.

Lo grave del caso es que tanta adhesión al chavismo de parte de esos grupos terminó por distorsionar la política exterior uruguaya en la región colocándola en una postura de medias tintas en donde se procura hacer buena letra con Maduro, pero sin enfrentarse demasiado a los gobiernos de Argentina, Brasil y Paraguay, entre otros que reclaman la censura a la "revolución bolivariana" que castiga al sufrido pueblo venezolano.

Tan mala como eso ha sido la tolerancia hacia los excesos de Maduro en su relación con los gobernantes uruguayos, auténticos exabruptos inaceptables para un país soberano como Uruguay. Uno de ellos fue calificar de "cobarde" al vicepresidente Raúl Sendic porque éste puso en duda que existiera una injerencia real de Estados Unidos en la política interior venezolana. Otros sapos de ese jaez se ha tragado el gobierno uruguayo, el último de los cuales fue la desafiante alocución de Maduro dirigida a Vázquez en plena charada por el traspaso de la presidencia del Mercosur. El sucesor de Chávez, en su usual estilo de matón, intimó a Vázquez a tener cuanto antes un encuentro "face to face". Quienes lo oyeron quedaron pasmados por el tono de bravuconada que empleó Maduro en ese discurso.

En fin, si algo faltara para convencer del exceso al que se ha llegado en esta defensa a ultranza del chavismo basta con recordar la que hoy se conoce vergonzosamente como "doctrina Mujica", la que dice que lo político está por encima de lo jurídico. Doctrina que el entonces presidente uruguayo estrenó años atrás para justificar precisamente la injusta suspensión de Paraguay y el amañado ingreso de Venezuela al Mercosur.

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