EDITORIAL

El comercio "mandarín"

Hace años se decía que Mao Tsetung y Deng Xiaoping tenían como diferencia que este último tuvo como aporte cultural el trabajar durante años como operario en una fábrica francesa donde se familiarizó con los valores occidentales. En cambio, Mao solo salió de China para conmemorar en Moscú el 70 aniversario del "carnicero" Stalin.

Deng mostró como particularidad ser realista y pragmático, insistió en la necesidad de extraer "la verdad a partir de los hechos", y fue el autor del famoso aforismo "no importa el color del gato, lo que importa es que pueda cazar ratones". Su desafío al igualitarismo marxista fue tal que llegó a decir: "enriquecerse es glorioso".

De aquello se derivó la China de hoy transformada en la primera exportadora de bienes del mundo y la tercera de servicios basada en la aptitud que demostró el confucianismo chino para adaptarse a un modelo de desarrollo capitalista.

A esa China es donde se dirige nuestro Gobierno con el objetivo de firmar un acuerdo de libre comercio enfrentado a una explosión de talento empresarial chino respaldado por un capital financiero que potencia su crecimiento.

La visita del Presidente Vázquez fue importante pero no puede quedar en declamaciones protocolares o compromisos como el de utilizar las ceibalitas para que nuestra gente aprenda "mandarín".

En definitiva, la instancia diplomática se resumió en el anuncio de una eventual negociación comercial que se llevaría a cabo durante dos años, cuyo contenido y agenda todavía se desconocen. Y aunque no es de extrañar, el Gobierno no definió internamente los intereses que va a priorizar, la forma de negociar y el equipo profesional que tendrá a su cargo el intercambio de propuestas con el Gobierno chino. Es más, por razones de mezquinos humores personales derivados del disgusto que el ministro de Ganadería no pudo ocultar ante las declaraciones del presidente de la Asociación Rural, esta no fue invitada a participar, aun tratándose del sector que concentra la mayoría de nuestras exportaciones.

La verdad es que no ha sido un buen comienzo, ya que ni siquiera se conoce el formato a aplicar en las negociaciones y la forma de administrar el incómodo "corralito" a que nos tiene sujeto el "sui generis" Mercosur al que pertenecemos.

Los Acuerdos que se vienen realizando en el mundo superan los 400, y en muchos de ellos China ya incorporó sus prioridades en defensa de su legítimo interés nacional. Mientras tanto, el Gobierno uruguayo va y viene entre discusiones ideológicas dentro del Frente Amplio, y da señales contradictorias que no hacen otra cosa que debilitar su posición ante los desafíos que se plantean.

Las declaraciones de Astori son apenas una recurrencia a lugares comunes que los equipos técnicos consideran sólo como una forma de salir del paso a través de su conocida y rebuscada dialéctica. Y que pudo comprobarse cuando intentó resaltar la importancia del financiamiento chino para la infraestructura que el Uruguay no dispone por la ineficiencia de sus últimos gobiernos.

Algo claro tiene que quedar, y es que una decisión de este tipo requiere la firme voluntad de encarar la negociación lo antes posible, nominando el equipo responsable de llevarla a cabo y haciendo las consultas políticas del caso.

El FA es una sofisticada máquina de crear burbujas con enorme publicidad, que, como se sabe, se disipan solas con el paso del tiempo. Ya lo vivimos con la anarquía intelectual de Mujica que dejó naufragar los grandes proyectos que quiso encarar, y que, como el puerto de aguas profundas o la cuestionada minería de hierro, duermen el sueño de los justos.

Un reconocido y antiguo profesor de la India sostenía que el subdesarrollo no proviene de la falta de recursos sino de la "falta de carácter". Y hasta ahora el Frente Amplio sólo ha tenido posiciones homogéneas a la hora de plantear soluciones dogmáticas que desde el fondo de la historia siempre terminaron en paredones, guerrillas camufladas de espíritus tolerantes, o de tiros en la nuca.

Hasta la China comunista nos muestra que el mercado es un sistema irrenunciable que emite señales para orientar al empresario a producir, al inversor a invertir y al consumidor a elegir. Y mientras no asumamos que esa institución espontánea de la sociedad es el único ámbito idóneo para negociar con los chinos, solo tendremos como noticia importante que el "mandarín" podrá ser aprendido utilizando nuestras ceibalitas.

El pueblo no pide mucho: solo que desde los escenarios publicitarios que maneja el Gobierno se baje a la realidad y se demuestre que logra concretar "algunas cosas".

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