Editorial

El color del petróleo

No se puede decir que haya muchas sorpresas, sino —más bien— la confirmación de que Ancap, al amparo de una presunta impunidad, se había convertido en una gigantesca máquina de despilfarro y de gastos abusivos sin antecedentes en nuestro país.

Muchos de ellos tienen marcados sesgos por los que podrían calificarse de "irregularidades" y otros parecen más cerca del área de las "ilicitudes", aunque todavía falta mucho en el trabajo de la Comisión Investigadora Parlamentaria.

Lo cierto es que una empresa —obviamente que pública— que pierde más 500 millones de dólares en Uruguay (una fortuna aquí y en cualquier parte del mundo), no tiene solo espantosos problemas de gestión, sino que da para pensar que en esa fuga de billetes (que todos pagamos) jugaron otros factores que no se justifican por la exclusiva torpeza de sus jerarquías.

Veamos algunas denuncias más que han ido surgiendo en los últimos días.

1) La sorpresiva aparición de un intermediario de origen paraguayo en los negocios con la venezolana Pdvsa. Su representante en nuestro país, exdiputado frenteamplista, mantuvo contactos personales con el entonces presidente de Ancap, Raúl Sendic, que aceptó la "ingeniería financiera" (sic) para canalizar los pagos. Ante la posibilidad de un reclamo judicial —que Ancap perdería según su jefe de Servicios Jurídicos— se le entregará una suma que oscila entre los tres y los cinco millones de dólares. No se sabe bien dónde estuvo el negocio de Ancap porque Pdvsa aceptó y luego rechazó a ese gestor, y ahora, en este fideicomiso que se ha creado, no participó.

2) Hay un número de perforaciones exagerado cuando Ancap se abocó a la búsqueda de petróleo en territorio nacional. En la zona de Pepe Núñez (Salto), sobre todo, los pozos sin el mínimo indicio positivo se repitieron a poca distancia uno de otro, sin que nadie pusiera freno al exceso. Eso sí, de acuerdo a las denuncias, funcionarios jerárquicos de Ancap serían parte de empresas privadas conexas con esa actividad, pese a la expresa prohibición legal de intervenir. Incluso la Comisión estudia una posible financiación por Ancap a una de esas empresas para adquirir maquinaria que les permitiera perforar.

3) Sin licitación alguna, Ancap contrató a una empresa de camiones brasileña (hay contradicciones sobre si la empresa tiene el sugestivo nombre de Palo Verde o simplemente Themma, o son dos empresas) para trasladar cal de sus plantas hacia Candiota ubicada en aquel país. El gasto en fletes que paga Ancap es de unos US$ 8 millones anuales, pero todo el transporte se realiza por esa empresa, sin participación de camioneros uruguayos. La excusa de Ancap es que en nuestro país no hay camiones con tolva para hacer el traslado, pero lo cierto es que como no hubo llamado a licitación las empresas nacionales no se enteraron ni apostaron a competir en ese mercado de US$ 8 millones anuales. Es mucho dinero y no parece que haya tanto trabajo o posibilidades en el país como para que se desperdicie o se prescinda de un flujo de esa naturaleza.

4) Este martes la Comisión recibirá a la agencia de publicidad de Ancap, llamada La Diez. El senador (denunciante) Álvaro Delgado señaló días atrás que la contratación de La Diez coincide con un salto en el gasto de publicidad del ente, que pasó de US$ 2 millones por año a US$ 10,7 millones. Con ello, Ancap no sólo eludió el llamado de precios y el cumplimiento del Tocaf, sino que "nadie controlaba las pautas de La Diez", al punto que se contrató publicidad en una radio que nunca salió al aire. El tema de la agencia, no sólo se vincula con la posterior publicidad electoral del entonces presidente Raúl Sendic, sino que arrancó mal: el llamado fue observado por el Tribunal de Cuentas en 2011, en cuya resolución apuntó a que la agencia incluyó como "antecedentes propios" actuaciones pertenecientes a otra firma, incluso en años anteriores a la creación de La Diez. Además, esta empresa fue severamente criticada por la Asociación Uruguaya de Agencias de Publicidad.

Junto a estos temas —quizás mayores— hay otros que han ido surgiendo en la Comisión. Un director de Ancap (Juan Gómez) niega una reunión por el tema Pluna, pero resulta que, por escrito, está claramente establecido que asistió; Jorge Lepra, exministro de la primera administración Vázquez y exgerente de Texaco (en ese periodo Ancap compró las estaciones de Texaco) y también exgerente de Pluna, se niega a concurrir a la Comisión. Lo mismo hacen dos funcionarias de Ancap a las que pensaba interrogarse por el tema Pluna y unos US$ 30 millones de pérdidas. Gente que prefiere no opinar "porque después de aquí, tengo que volver a Ancap". Muchos silencios (¿estratégicos?).

Se ve que el tema Ancap hace agua por muchos lados y, como la de OSE en Paysandú, es agua sucia de petróleo.

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