EDITORIAL
diario El País

El colonialismo y la zoncera

El rol de un intelectual es clave en una sociedad. Por tratarse de gente que tiene capacidad, formación, sensibilidad, y que no dependen de las urnas para tener legitimidad, su voz es un insumo fundamental para entender el mundo en que vivimos.

A sus 98 años, Ida Vitale sigue siendo una de las escritoras más importantes de Uruguay, y de habla hispana en general, por algo ha ganado nada menos que el premio Cervantes. Pero, casi más importante que eso, una voz que siempre vale la pena escuchar, sin importar de qué esté hablando.

En una reciente entrevista con el diario El País de Madrid, a raíz de la publicación de un nuevo libro de poemas, llamado “Tiempo sin claves”, Vitale se animó a opinar sobre un tema álgido y vigente. Al ser consultada sobre si España debe pedir perdón por su pasado colonial, la autora compatriota afirmó que “Tenemos que agradecerle a España, no pedir perdón, aunque bueno, los presidentes tienen que contentar al pueblo. Es una cosa absurda. ¡Pedir perdón al pasado! ¿Y nosotros qué? ¿Inmunes? Eso de recriminar es un absurdo. Todo lo que pasó forma parte nuestro. Es grotesco”.

No contenta con esto, Vitale agregó que “Entiendo que países colonizadores puedan ser culpados, pero hay que ver si en ese proceso no vino el rescate de un país” (...) ¿Hay que entrar a saco en un pasado? Los uruguayos que fueron víctimas, como dirían hoy ¿entre nosotros no nos victimamos? El mundo es complicado.” Ese final, aparentemente obvio, esconde la gran verdad que muchos integrantes de las generaciones más jóvenes, que se sienten con derecho a juzgar hechos de hace cinco siglos, con la sensibilidad actual, se niegan a entender. El mundo es muy complicado, y no se puede reducir a eslóganes infantiles y simplones.

Pues en este siglo XXI vivimos una pandemia de infantilismo y falta de profundidad intelectual. Resulta que hay hordas de jóvenes, en la mayoría de los casos producto de la mejor ilustración que fue capaz de legar Occidente gracias a los éxitos y tropezones de los últimos siglos, que arremeten contra estatuas y símbolos del pasado, como si se pudiera reescribir la historia, o lavar pecados antiguos, con actos de contrición fallutos en los tiempos de hoy.

Se trata de la consecuencia de décadas de infiltración en las universidades y sistemas educativos, de formas de ver la realidad alejadas de todo sentido común. Y que lo que pretenden es instaurar, a partir de convencer a los privilegiados herederos de todo lo bueno que hizo Occidente en cinco siglos, que son culpables de un pasado pecaminoso e indigno. Y de que sería necesario cambiar todos los valores de esa ilustración que permitió lograr los beneficios materiales de los que disfrutan, por un sistema que los aplaste, en aras de un supuesto bien común que nunca llega. Que el primer paso para lograr esta expiación de pecados históricos, es romper de manera violenta con ese pasado.

Así vemos que en la lista de los “cancelables” se encuentran desde Winston Churchill hasta Thomas Jefferson, pasando por Cristóbal Colón o Fructuoso Rivera. Que los ignorantes y fanáticos también tienen seguidores en nuestras costas.

Detrás de este empuje oscurantista, se encuentra una concepción ideológica, basada en una teoría crítica desmentida una y mil veces por la realidad, pero que termina siendo seguida de manera casi religiosa por alguna gente. Para la cual todos los males del mundo se deben a desigualdades, discriminaciones, y otro tipo de maldades explícitamente cometidas por una minoría para satisfacer su alocada ansia de poder. Y que se solucionarían en cinco minutos, si todos simplemente sacrificáramos estos valores frívolos como la libertad de expresión, la propiedad privada, o el derecho a disponer del fruto de nuestro trabajo.

Detrás de este empuje oscurantista, se encuentra una concepción ideológica, basada en una teoría crítica desmentida una y mil veces por la realidad, pero que termina siendo seguida de manera casi religiosa por alguna gente.

“El mundo es complicado”, dijo Ida Vitale, y allí resumió un universo de explicaciones. La vida está llena de matices, conflictos, situaciones complejas, factores humanos impredecibles, que han sido los grandes diseñadores del mundo en que vivimos. No la oscura mano de algunos inescrupulosos, como se quiere hacer ver de forma maniquea. Con todo, hoy disfrutamos del mejor mundo posible, con condiciones inimaginables para cualquier humano informado, hace apenas un siglo. O menos.

Es aquí que se puede apreciar y valorar el aporte que hacen los intelectuales de la talla de Ida Vitale a una sociedad. Sin miedo a las consecuencias, a la polémica, o a la “cancelación”, expresan de manera simple y clara, las cosas que a otros lleva décadas complicar y enturbiar. Ojalá sus palabras calen hondo.

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