EDITORIAL
diario El País

La coalición, los árboles y el bosque

El último día del año nos encuentra sumidos, de nuevo, en noticias apocalípticas sobre la coalición de gobierno.

Esta vez, a raíz de un proyecto impulsado por Cabildo Abierto que busca limitar el desarrollo de la forestación, y que parece enfrentar a dos socios del gobierno, ya que el presidente Lacalle Pou afirmó que de no haber cambios drásticos al mismo en el Senado, estaría dispuesto a vetarlo.

Este chispazo, bastante menor y habitual en cualquier país acostumbrado a ser gobernado por coaliciones reales de distintos partidos, ha generado una tormenta en un vaso de agua. Sobre todo por la desesperación de algunos analistas, “politólogos” y hasta periodistas, que incluso desde antes de la elección de noviembre ya lucen desesperados por darle la extremaunción a la alianza “multicolor” en el poder.

El tema tiene varias aristas interesantes para el abordaje. La primera es necesariamente técnica, y escapa a las intenciones generales de una pieza editorial. Podemos decir sin embargo que los principales expertos en materia forestal del país, están de acuerdo en que la iniciativa, así como está redactada, es mala técnicamente, no tiene ningún sustento científico, y difícilmente pueda lograr lo que se dice que busca: limitar el desarrollo de la forestación a las zonas con tierras más pobres, y evitar que su crecimiento entorpezca otras actividades más intensivas en mano de obra.

La realidad es que lo que hay detrás del proyecto, más que una genuina preocupación por el medio ambiente o por la competencia de los arboles con vacas o agricultura, es otra expresión de ese bombo conspiracional que hace años viene siendo promovido por distintas figuras públicas, y que acusa a la forestación o a los eucaliptus, de ser poco menos que el demonio en la tierra. A ver, nadie quiere que el país se convierta en una exclusiva factoría forestal, pero los ejes detrás de los cuales se mueven esas teorías están errados. No hay evidencia alguna de que los eucaliptus consuman más agua que otro tipo de cultivos, Finlandia es el país que lidera todos los rankings ambientales del mundo, y tiene forestación por todos lados, y los bosques nativos en Uruguay vienen creciendo en superficie como nunca desde que se desarrolló la industria forestal.

El segundo aspecto a criticar del debate actual es ideológico. Parte de una concepción muy urbana y académica, de que la gente que trabaja en el campo no sabe cuidar su recurso, o que está siendo poco menos que prepoteada por el “lobby forestal”, y precisa que el estado intervenga para poner límites y ordenar el desarrollo económico.

La gente que trabaja en el campo tiene una relación única con la tierra, a la que cuida y respeta más que nadie. El desarrollo forestal ha sido un complemento valiosísimo que ha permitido compensar el derrumbe de otras actividades que antes sostenían el negocio rural.

La realidad no podría ser más diferente. La gente que trabaja en el campo tiene una relación única con la tierra, a la que cuida y respeta más que nadie. El desarrollo forestal ha sido un complemento valiosísimo que ha permitido compensar el derrumbe de otras actividades que antes sostenían el negocio rural. Y si lo que se busca es potenciar otras actividades más intensivas en mano de obra, hay muchas otras cosas que se pueden hacer sin limitar el derecho de propiedad de manera abusiva. Por ejemplo, la lechería y cultivos como el arroz, en los que el Uruguay es potencia, hoy son casi inviables económicamente, por culpa de los costos del combustible. Sin embargo, los dos partidos que impulsan esta ley, se opusieron a abatir el monopolio en la importación de combustibles, medida clave para recuperar competitividad en esos sectores. ¿Cómo se entiende?

El último concepto es político. Y tiene que ver con esa obsesión ya mencionada que parecen tener algunos politólgos y periodistas con ver la destrucción del instrumento que puso fin a 15 años del Frente Amplio en el gobierno. Una obsesión que es francamente absurda, particularmente en el nicho de la gente que se supone estudia la ciencia política, y debería tener más claro que este tipo de roces son cosa de todos los días en países con sistemas parlamentarios, y donde se precisa de acuerdos entre partidos diferentes para gobernar.

Salvo por algún cuadro más preocupado por su perfil personal que por el gobierno o el país, el liderazgo de Cabildo Abierto tiene claro lo que se juega el Uruguay en estos 5 años. Que si quieren tener alguna forma de futuro en la política nacional, los liderados por Guido Manini Ríos necesitan que a este gobierno le vaya muy bien. Y existe diálogo de sobra como para que diferencias puntuales en temas concretos, se puedan canalizar y resolver sin llegar a quiebres mayores.

Esto es obvio para cualquiera que analice la política nacional con un mínimo de honestidad intelectual. Lamentablemente, algo que no se ve con toda la frecuencia que debería.

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