EDITORIAL

El "Club de los 8"

Es vital analizar la película completa a la hora de buscar entender el sistema político y económico en el cual vivimos la mayoría de los seres humanos en el planeta hoy.

Qué injusticia! Unos tanto y otros tan poco. La frase que popularizó hace años Alberto Olmedo bien sirve como reacción a la noticia publicada unos días atrás por El País sobre el llamado "Club de los 8". Se trata del grupo de personas más ricas del mundo que, según cálculos de la ONG británica Oxfam, tendrían hoy más dinero acumulado que toda la mitad más pobre de la población mundial, o sea unos 3.600 millones de personas.

Esto ha generado un coro de reacciones indignadas. Lo cual por un lado es atendible ya que la desigualdad, de por si, no parece ser deseable en ningún sentido. Pero también hay que tener cuidado con las valoraciones apuradas.

Para empezar, vale la pena analizar quiénes son los integrantes de ese club, y cómo generaron esa masa enorme de capital. Por ejemplo en esa lista están Jeff Bezos, Bill Gates, Larry Ellison, Warren Buffet y Mark Zuckerberg. O sea, gente que de una u otra forma ha desarrollado productos, sistemas o servicios, que han significado avances asombrosos para la sociedad, que han permitido generar riquezas inmensas a otras personas, o que han facilitado las comunicaciones y la producción de manera exponencial. En un sistema de mercado más o menos funcional, la riqueza se genera cuando se desarrolla un producto que un número importante de personas considera útil. Entonces la "gordura" de su cuenta bancaria no deja de ser un pago por el beneficio que nos han generado a todos.

Esto merece además un agregado. De este "Club de los 8" no hay ninguno que haya heredado su fortuna. O sea, que no se trata de una riqueza endogámica, ni fermentada al calor del acomodo y el lobby. Dato para nada menor.

Sobre todo porque enseguida que se empieza a hablar de estos temas de riqueza y desigualdad, suelen surgir las voces que cuestionan el sistema capitalista y de mercado como forma de regulación de la sociedad. Voces en las que se mezcla gente honesta preocupada por mejorar la organización social, y otras que solo son amargadas letanías de los viudos del fracaso socialista, a quienes no les molesta tanto la desigualdad, sino la riqueza en sí misma, y un sistema que permite a la gente prosperar sin depender del poder político de turno.

Profundicemos entonces un poco en eso. En ese sistema capitalista, supuestamente perverso que solo generaría que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más miserables.

Para empezar vale decir que nadie impuso el sistema capitalista, ningún político se presentó a una elección diciendo que iba a establecer eso. Ha surgido naturalmente en occidente, por el desarrollo económico e intelectual de las sociedades, y ha ido siendo adoptado por otros en base al éxito que ha logrado en mejorar la calidad de vida y consolidar la prosperidad en los países.

Basta fijarse en la lista de los 10 países más "capitalistas" del mundo, o sea con economías abiertas, mercados funcionales, y políticas liberales, y compararlos con los 10 más cerrados, dirigistas, "socialistas". ¿Dónde vive mejor la gente? ¿Cuáles están a la cabeza del ranking de desarrollo humano? ¿Dónde preferiría usted vivir?

Otro dato interesante es hacer lo que siempre recomiendan los economistas, no ver los números simples, sino la tendencia. Y comparar ese mundo capitalista y malvado de hoy, con lo que pasaba hace unos años.

En 1966 la expectativa de vida promedio en el mundo era de 56 años, hoy es 72, un aumento del 29%

De cada mil niños que nacían en 1966, 113 morían antes de su primer cumpleaños. Hoy mueren 72, una reducción del 72%

La disponibilidad de alimentos creció de 2.300 calorías por persona en 1966 a 2.800 hoy, un aumento del 22% que explica la notable reducción del hambre a nivel global.

Incluso a nivel político el cambio es apabullante. Según el ranking global de Center for Systemic Peace el nivel de democracia en el planeta pasó de 0,97 en 1966, a 4,23 hoy, en una escala de -10 a 10. Una mejora de 536%. Eso significa sociedades más libres y tolerantes.

Y está el dato final de la pobreza. En 1820, el 95% de la población mundial vivía en condiciones que hoy definiríamos como de pobreza extrema. Ese número hoy apenas llega al 8%.

Entonces queda claro lo importante de ver la película completa a la hora de analizar el sistema político y económico en el cual vivimos la mayoría de los humanos en el planeta hoy. Y que si bien todo sistema humano es imperfecto y mejorable, tener bien claro lo que funciona y lo que no.

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