EDITORIAL

“La clavamos en el ángulo”

El gobierno invierte los recursos públicos en una producción audiovisual notoriamente costosa, cuya evidente finalidad es favorecer al oficialismo.

Traspasaron la línea del decoro. En estos días, Presidencia de la República está inundando las redes sociales con comerciales que promueven la gestión de gobierno, a los que ya ni siquiera puede calificarse como publicidad encubierta: son propaganda electoral pura y dura.

En una decisión inédita, definen el índice Gini en pocas palabras, “en uruguayo”, para enseguida destacar el buen posicionamiento del país en esa medición: “podemos decir que la clavamos en el ángulo”, señalan en un curioso autoelogio futbolero, “porque somos el país que mejor reparte la torta”.

Y para visualizarlo de manera explícita, no solo realizan una enumeración de bondades de gestión, sino que no dudan en mostrar en forma realista el reparto de la torta: un grupo de reposteros termina una que reproduce la gráfica del índice Gini, la corta en pedazos, la sirve en sendas cajitas y después hay otra gente que las entrega a distintos uruguayos. En el país donde cada día vemos más gente hurgando en los contenedores de basura en busca de comida, el gobierno se muestra a sí mismo regalando suculentas porciones de torta a todos, todas “y todes”.

La indignación que produjeron estas piezas en el entorno político-partidario tiene su explicación. En plena campaña electoral y anticipándose “ventajeramente” al fin de la veda publicitaria en medios masivos, el gobierno invierte los recursos públicos en una producción audiovisual notoriamente costosa, cuya evidente finalidad es favorecer al partido que lo gestiona. Como vieron venir la reacción a tan elemental derrape, en las mismas piezas publicitarias abren el paraguas a las críticas, diciendo que “es tu derecho saberlo y nuestra obligación contártelo”. Nadie se opone a que el gobierno comunique sus logros, al revés, es esperable que así sea.

Lo irregular es que utilice para ello estrategias de persuasión publicitaria, cuando podría hacerlo por las vías normales de la difusión periodística. Que el gobierno compre espacios en las redes sociales (otra vez, con la plata de todos), implica que desconfía de los medios de información para difundir sus mensajes y que no duda en llegar a una superior cobertura del público (seguramente segmentado a personas mayores de 18 años, que son, de pura casualidad, las que están en condiciones de votar), con un mensaje sesgado, brutalmente contradictorio con la realidad que los uruguayos de a pie perciben cada día.

Porque los comerciales extraen un dato estadístico parcial, apartado del contexto en que se produce, con desequilibrio macroeconómico, cierre de empresas por falta de competitividad, mayores niveles de desocupación, estragos en la política educativa y creciente presencia de indigentes que duermen a la intemperie.

Así, pintan una especie de Disneylandia igualitaria tan alejada de la realidad que indigna a quienes viven detrás de ese tinglado edulcorado.

Están en su derecho de comunicar sus autoevaluados aciertos y omitir sus falencias, pero al volcar los recursos del Estado con ese fin, no solo rompen la necesaria neutralidad electoral sino que además incumplen la normativa legal, porque el artículo 95 de su (ya de por sí cuestionable) ley de medios, incluye la aclaración de que “dichas campañas no podrán utilizarse para fines propagandísticos de los partidos políticos”, una obviedad de juego limpio que expresiones como “la clavamos en el ángulo” incumple de manera manifiesta y burda.

Pero así viene la mano.

Si algo demuestra esta acción que se pasa de audaz y ya puede calificarse lisa y llanamente como irregular, es que el partido de gobierno está dispuesto a todo, con tal de perpetuarse en el poder, un poder que está percibiendo que se le escapa.

Toda la operación destila un tufo chavista de imposición de falsas verdades, que se suma al uso intensivo y descarado, con otros mensajes, de los quince minutos por día y por canal que se votaron en su ley de medios, una pauta publicitaria en televisión abierta de la que no dispone ni la más grande empresa privada del país.

Saben lo que están haciendo, porque hay base teórica de comunicación de masas detrás de su estrategia. Empezando por Goebbels y siguiendo por los totalitarismos de distinto signo que han entendido que este tipo de operaciones influyen en los segmentos socioculturales menos informados, casualmente los mismos destinatarios de sus fallidas políticas públicas de educación y cultura.

Hoy, la oposición debe unir sus voces, fuerte y claro, en defensa del pluralismo y la austeridad republicana.

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